Buenos Aires, 25/11/2017, edición Nº 1837

Villa Devoto: junto a la cárcel el barrio cae en el olvido

Pese a promesas, el penal sigue en el lugar de siempre y los vecinos lo padecen

(CABA) Sebastián Datziri ya pasó los 70 años y es uno de los tantos vecinos de Devoto que presenció, invitado por el ex Ministro de Justicia de Nación, Julio Alak, la licitación por la construcción del Complejo carcelario Agote, que se construiría en Mercedes y albergaría a los detenidos de Devoto. Fue el 8 de abril de 2011. Meses después, el 29 de junio, Cristina Fernández prometió, en un discurso, la erradicación de la cárcel que en pocos meses cumplirá 90 años. Datziri, mientras aclara que Mauricio Macri aseguró lo mismo, diciéndoles a los vecinos que “su lucha es mi lucha”, sigue con los papeles. Hasta ahora, nada ha cambiado. Su vista es la misma. Y sigue escuchando la cumbia de los presos del pabellón que está a la altura de su casa. Los gritos y los disparos de goma de los guardias, también. Hasta le tocó despertarse de madrugada por los gritos de dolor de un preso que, se enteraría luego, fallecería en el acto.

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En los alrededores de la cárcel hay leyendas de todo tipo: de la vecina que tuvo un hijo con el preso que le gritaba desde una ventana, de la gomería en la que se escondieron cuatro presos recién fugados, de la casa cuyo dueño le permitía a la familia de un detenido pasar a gritar desde su terraza… Hay de todo menos mejoras y vecinos nuevos. Lo más común son ancianos que no han podido vender sus casas, que cotizan mucho menos de lo que valdrían en otro sector del barrio. Estacionar también es un problema, por los autos de los penitenciarios, abogados y todo el que llegue a la cárcel.

Las visitas también son motivo de queja. Gisela Lema dice que evita la calle Bermúdez, por donde entran los familiares de los detenidos, por los gritos de los presos y “altercados con la gente que espera para entrar”. María Florencia Cobas vivió una experiencia similar. “El año pasado pasé por la puerta y un grupo de mujeres me empezó a decir cosas. Me sentí nerviosa y me apuré. Una señora más grande las frenó, pero me sentí hostigada”.

Otro tema del que sólo se habla en este rincón de la ciudad es de “la sirena”. “Suena en cualquier horario y no sabemos si es peligro de fuga o qué. Alcanza a varias cuadras a la redonda”, aclara Aguilar. “Es propia de un sistema carcelario antiguo. La lucha es por nosotros, como vecinos, y por los detenidos: tienen derecho a vivir en condiciones humanitarias”.

Las quejas también se escucharon del lado de adentro. En febrero se desalojaron dos pabellones por malas condiciones edilicias y de salubridad. Un mes después, en una visita al barrio, el jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta afirmó: “Así como se sacó Caseros, hay que sacar Devoto”. Para Datziri eso no es más que una de las tantas promesas sobre el tema. NT

Fuente: Clarín

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