Buenos Aires, 20/10/2017, edición Nº 1801

Víctor Lavallén, un ícono del tango

Su historia empezó con una trompeta, a los 8 años, imitando a Louis Amstrong y a Harry James y deslumbrado con las big bands de jazz

(CABA) Víctor Lavallén, es director de la orquesta desde 2011 y figura del tango porteño. Su historia empezó con una trompeta, a los 8 años, imitando a Louis Amstrong y a Harry James y deslumbrado con las big bands de jazz. “Yo soy de Rosario y vine de muy chiquito, con mi mamá y mis dos hermanas. Vine a vivir a Palermo, en esta misma calle, en Gorriti. ¿Y sabés quién vivía a una cuadra? Aníbal Troilo, el gordo Pichuco. Mi vieja andaba con la madre, así como vecinas. Pero yo al tango no le daba bola. Pero le dijeron a mi vieja: ‘Ojo, mire que la trompeta es medio peligrosa, por los pulmones’, qué se yo, todo mentira, antes estaban esas creencias raras”.

Toda una familia de músicos la de Víctor: abuelo, padre y tío bandoneonistas, y todos hinchas del tango. “Así que a los 11 ó 12 años empecé a estudiar bandoneón con Eladio Blanco, que era músico de D’Arienzo. Tenía un montón de alumnos, como 100 tenía, mirá vos la cantidad … Antes había mucho trabajo y faltaban músicos, entonces este maestro mandaba alumnos a algunas orquestas. Y resulta, cuando yo ya tenía 14, que hubo una vacante en una orquesta que se llamaba Los Serrano y tocaba en Picadilly. Sabés … me sacaron a escobazos. Me aguantaron una semana y me llamó el director: ‘No, pibe, usted no ve una. Tiene que empezar con orquestas de barrio’. Y tenía razón. Pero quedé hecho bolsa, no quería tocar ni estudiar más … Y a la semana el maestro me dice: ‘Me llamaron los tipos de la orquesta y quieren que vayas’, ‘¿Pero cómo?’, le digo yo, ‘Si me echaron’. Claro, como no había músicos y había baile todos los días … Nosotros estábamos en Picadilly de 6 a 9 y después de 10 a 2 de la mañana venían Pugliese o Francini-Pontier o a veces Gobbi”.

Las orquestas en las que Víctor trabajó son muchas, los grandes a los que acompañó también: Miguel Caló, Atilio Stampone, Enrique Mario Francini, Mariano Mores, Roberto Goyeneche, 20 años con el Sexteto Tango. Y sobre todo, Osvaldo Pugliese. “Con Pugliese empecé así: en radio El Mundo me encontré con un amigo que trabajaba con Pugliese. ‘Che, Romero, me enteré de que se va un bandoneón’. Yo le dije por decir … En las orquestas de ese momento estaban Plaza, Libertella, Stazo, Baffa, tipos muy famosos. Pero en Pugliese no querían carteles, querían desconocidos y justo estaba yo … Empecé el 1° de enero del 59. Nos íbamos de gira y ahí estaban Osvaldo Ruggiero, Mario Demarco, Ismael Spitalnik, Emilio Balcarse, Oscar Herrero, Jorge Maciel, Miguel Montero, todos tipos de fuste. El primer baile fue en Dolores, nunca había tocado para tanta gente”.

Víctor ha dejado arreglos inolvidables como Gallo ciego, Adiós Bardi, Bandoneón arrabalero o los que hizo sobre tangos de su amigo Julián Plaza. Y grandes composiciones propias como Meridional, De norte a sur o Amanecer ciudadano. Hoy, además de estar al frente de la Orquesta Emilio Balcarce (dirigida primero por el propio Balcarce y después por Néstor Marconi), a sus 80 años no deja que su bandoneón se quede quieto: continúa el trabajo con su trío (con Pablo Estigarribia en piano y Horacio Cabarcos en contrabajo presentaron en diciembre el disco De menor a mayor y están preparando uno nuevo), dirige la Orquesta Septimino y la de Lomas de Zamora.

“Con la gente que trabaja conmigo –dice– sigo el sistema de Pugliese. Ahí había que ser arreglador. Él no quería arreglar siempre, porque si no salía todo igual. Son variantes, si hay cinco tipos que escriben, todos van hacia una misma forma pero son distintos …Porque yo no escribía como Plaza o como Ruggiero, Balcarce no escribía ni como Plaza ni como yo. La orquesta de Pugliese era una cooperativa, entonces se repartía el dinero. Hubo una vuelta que Ruggiero ganaba más que Pugliese, porque había que hacer mérito ahí. Entonces Pugliese se había quedado mucho y dijeron: ‘Le vamos a bajar el puntaje’ –y la risa de Víctor parece la de toda la orquesta. Y le bajaron la guita ¡A Pugliese! Mirá vos …”.

Aquel chico asombrado con el jazz hoy ya se ha acostumbrado a ofrecerle a Nueva York la música suya. Dirigiendo la orquesta de Forever Tango recorrió el mundo durante 15 años y fue aplaudido en Broadway. Y a pesar de no querer seguir viajando tanto, la tierra del jazz lo recibe otra vez: “Dentro de poco me voy con el trío a Estados Unidos, vamos a hacer una escuela con músicos de todos lados que quieren saber los yeites del tango”. NT

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