Buenos Aires, 17/12/2017, edición Nº 1859

Víctor Blanco fue reelecto presidente de Racing el día de la vuelta

El domingo festejó por dos: fue reelecto al frente de la Academia y dio la vuelta. (CABA) El azar quiso que el domingo Víctor Blanco Rodríguez  tuviera una doble oportunidad: gozar otro campeonato y ser reelecto presidente. Este español, nació en Pontevedra en el 46, se inició como trabajador de restaurantes y luego, con locales a su nombre, diversificó la actividad. Años más tarde, llegó a disputar la presidencia de...

El domingo festejó por dos: fue reelecto al frente de la Academia y dio la vuelta.

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(CABA) El azar quiso que el domingo Víctor Blanco Rodríguez  tuviera una doble oportunidad: gozar otro campeonato y ser reelecto presidente.

Este español, nació en Pontevedra en el 46, se inició como trabajador de restaurantes y luego, con locales a su nombre, diversificó la actividad. Años más tarde, llegó a disputar la presidencia de Racing, contó Apertura.

“No me puedo lavar las manos. Tengo que asumir”, le anunció a su familia. En realidad, se lo dijo a sí mismo. El 27 de septiembre de 2013, las “diferencias irreconciliables” –según arguyeron los protagonistas– entre Gastón Cogorno (presidente) y Rodolfo Molina (vice primero) detonaron las renuncias de ambos. Angustiado en lo deportivo –estaba último en el campeonato–, Racing estallaba en lo institucional. “Es mi responsabilidad. Si me voy, el club termina intervenido y se va a la B”, explicó. “En ese momento, era mucho más fácil decir ‘no’ que ‘sí’”, cuenta un testigo de ese momento.

No hacía mucho que se había sumado a la vida interna del club. Socio de toda la vida, nunca había tenido actividad política. Lo acercó su hija, Bárbara, a fines de la década pasada. En el verano de 2010, Blanco aportó parte de los US$ 3 millones que se juntaron para comprar a Gabriel Hauche, delantero que, a fuerza de endemoniados piques, desbordes y, sobre todo, goles –en particular, contra Independiente– no tardó en ganarse el afecto de La Guardia Imperial. Pero su contribución no se limitó a la beneficencia. Congenió con Molina, quien, desde 2008, era el primer presidente electo del club en una década, tras el gerenciamiento de Blanquiceleste. Ofició como asesor externo. Cada vez, más involucrado. Lo acompañó en la renovación de autoridades de 2011, como el tercer hombre en la boleta que encabezó Cogorno. Lo demás es historia conocida.

Simple, calmo, lo describen. Transmite serenidad. “Ante la adversidad, más tranquilo está”, se pinta la cara de su moneda. “Es un gran negociador. Un exprimidor. Es muy difícil sentarse con él y sacarle algo. Al contrario”, se lee en la ceca. “Yo elegí ser de Racing”, suele decir él para diferenciarse. Es que, de chico, un tío hincha de San Lorenzo lo llevó a la cancha y él, en cambio, se enamoró de la hinchada rival. Una primera señal. La segunda, un pañuelo albiceleste que, a poco tiempo, le regalaron en una sastrería a la que lo llevaron a hacerse un traje. Cuando, cada fin de semana, su padre le tiraba unos pesos para ir al cine, Blanco enfilaba para Avellaneda. Festejó los campeonatos de 1959 y 1961. Enloqueció con El Equipo de José, ganador local en 1966 y de América y del Mundo en 1967. Sufrió el descenso de 1983. Penó los dos años en la B. Se desahogó con el ascenso de 1985. Revivió con la Supercopa de 1988. Lloró con el paso a paso de 2001. Consagración que testimonió en la cancha de Vélez –donde Racing se consagró– y, después, festejó en el Obelisco.

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