Buenos Aires, 14/12/2017, edición Nº 1856

Víctimas del incendio de un conventillo en La Boca acampan sobre Caminito

Tras el incencio sufrido en sus viviendas de La Boca hace unos días, las víctimas esperan una respuesta del gobierno porteño para sus problemas habitacionales. (CABA) Los vecinos que viven en el conventillo de La Boca que se incendió en la madrugada del lunes acamparon en la puerta del inmueble como señal de protesta por la falta de respuestas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. “Lo que necesitamos...

Tras el incencio sufrido en sus viviendas de La Boca hace unos días, las víctimas esperan una respuesta del gobierno porteño para sus problemas habitacionales.

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(CABA) Los vecinos que viven en el conventillo de La Boca que se incendió en la madrugada del lunes acamparon en la puerta del inmueble como señal de protesta por la falta de respuestas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. “Lo que necesitamos es que el Gobierno de la Ciudad nos salga de garante en el alquiler de alguna vivienda, porque los que vivimos acá somos todos trabajadores sin otras propiedades, y que nos ayuden con la cuota inicial, todos saben que te piden un mes adelantado, uno de depósito y uno de comisión para la inmobiliaria”, explico Débora, una de las damnificadas por el siniestro, a Tiempo Argentino. Hasta el momento, el GCBA sólo les ofreció 1800 pesos durante algunos meses. “Les dije que me acompañaran a cualquier inmobiliaria en la que se pueda entrar con esa plata“, retrucó.

El conventillo que resultó parcialmente destruido por el incendio está ubicado en Del Valle Iberlucea entre Lamadrid y Pedro de Mendoza, a metros del hiperturístico Caminito. Para los visitantes habituales del barrio, la entrada del edificio está pegada al histórico bar El samovar de Rasputin, cuyo dueño, el histórico Napo, les extendió un cable con electricidad a los acampantes. Además, ese emblemático espacio en el que tocaron Pappo y Pajarito Zaguri funciona en estos momentos como depósito de las donaciones que están recibiendo los damnificados para subsistir los días que dure el acampe.

El hecho de que el conventillo incendiado se encuentre en esa manzana triangular en el corazón de La Boca –las paredes incendiadas eran de las famosas chapas coloridas del lugar– hace que la reparación, lejos de agilizarse, se complique mucho. Según comentaron los vecinos, el dueño del inmueble, llamado Milanesi, falleció hace unos diez años. Hasta entonces, los inquilinos pagaban religiosamente un alquiler, pero cuando el lugar entró en sucesión, los herederos decidieron no hacerse cargo del inmueble por la enorme deuda de impuestos que tenía. En ese momento, los vecinos empezaron a pagar la deuda impositiva, aunque la política sistemática del GCBA en los últimos años es tratar de desalojarlos.

El incendio se produjo tras una pelea entre dos muchachos que viven en el lugar. “Uno de ellos se fue de mambo –dijo un vecino– y le prendió fuego el colchón al otro.” En cuestión de minutos, el fuego se apoderó del conventillo, construido básicamente en base a madera y chapa. El causante del desastre –cuentan– desapareció del barrio.

La catástrofe estaba largamente anunciada. “Nosotros sabíamos que una cosa así podía ocurrir, porque ya había habido algunos incendios menores“, dijo Débora. “Lo que hicimos hace varios meses fue presentar un proyecto en el Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC) para que nos ayudaran a remodelar el edificio respetando el aspecto histórico pero con técnicas de construcción más seguras.” El expediente está ingresado en el IVC, pero los vecinos jamás recibieron respuesta de las autoridades macristas.

Afortunadamente no hubo muertos, pero están mi papá y mi hermano internados, uno con fractura de maxilar y el otro con fractura de pómulo, porque se cayeron o golpearon cuando entraban a buscar a la gente que estaba adentro. A mi papá se le cayó el techo encima. Y una chica se tuvo que tirar del primer piso porque estaba rodeada por el fuego y se fracturó la cabeza y la columna“, agregó Débora.

En la tarde de ayer, la entrada al local estaba custodiada por Prefectura, que no dejaba entrar a nadie ni siquiera a buscar documentos. Interrogados por este diario, los gendarmes no sabían explicar quién les había dado la orden y los representantes del GCBA que asistían atónitos a la lenta acumulación de carpas tampoco supieron decir qué respuestas tenían para darles a los damnificados, que parecen cargar no sólo con la desgracia del incendio, sino también con la estigmatización

Fuente consultada: Página 12

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