Buenos Aires, 13/12/2017, edición Nº 1855

Cada vez más extranjeros que visitan Buenos Aires eligen barrios no tradicionales

Se desplazan a lugares alejados del centro y los espacios habituales por los alquileres temporarios. Villa Ortúzar, Boedo y Parque Chas, entre los más elegidos.

(CABA) En la trama urbana de la Ciudad hay barrios con más marketing que otros. Por su historia, por su noche, por sus ejes gastronómicos, por sus torres. Pero hay otros, que no figuran en las guías de turismo, y que a través de los alquileres temporarios, empezaron a sonar entre lenguas ajenas. Desde el centro hacia la periferia, los extranjeros que visitan Buenos Aires se desplazan cada vez más a barrios no tradicionales, menos decorados y más vividos.

La información surge de un análisis que hizo la plataforma Airbnb. Estableció un ranking de 13 barrios que, en forma tradicional no se benefician de la actividad turística, pero que crecieron en cantidad de visitantes. Son Villa Ortúzar, Parque Chas, Coghlan, Parque Chacabuco, Villa Urquiza, Colegiales, Boedo, Parque Patricios, Caballito y Saavedra. Dentro de sus fronteras hay estudiantes latinoamericanos, mujeres y hombres de negocios -con nacionalidades desde chinas, francesas hasta mexicanas- o jóvenes nórdicos en plena gira por el mundo, que escapan de la Ciudad obvia y prefieren instalarse en esquinas más silenciosas; y también pasear por esos barrios.

Eligen Villa Ortúzar por dos razones. Primero, es un barrio que sigue siendo barrio y al mismo tiempo está muy bien conectado, con el subte B atravesándolo. Segundo, porque evitan los lugares con tumulto y la zona les resuelve esa búsqueda”, dice Sandra Ruíz, de 50 años. Desde octubre alquila a través de la plataforma un monoambiente en el que vivía su hijo. Por la puerta del departamento pasaron más de 30 inquilinos, en su mayoría europeos. “Daneses, franceses y alemanes, en especial. En este momento hay un estudiante peruano de veterinaria. Tengo la facultad de Agronomía muy cerca y ya es el segundo huésped que me elige por esa ubicación”, agrega. En el monoambiente también se alojó un chino, con quien se comunicó a través de la pantalla del celular, con la página de Google Traductor abierta. Sus recomendaciones a los extranjeros pasan por bodegones de más de 70 años de historia, como Cervecería López, y comercios sofisticados, como L’epi Boulangerie, una de las panaderías de estilo francés más famosas de Buenos Aires.

De voces bajas, bares con tinglado y calles curvas en una ciudad de manzanas cuadradas, Parque Chas es otro de los sitios que, según Airbnb, prefieren los turistas que trascienden los corredores La Boca-Obelisco-Palermo-Recoleta. “Son viajeros que quieren estar fuera de los puntos de concentración y, al correrse, buscan una mejor relación entre precio y calidad. Por 500 pesos la noche tienen un muy buen lugar en el límite entre Villa Ortúzar y Parque Chas u otro sin comodidades en Palermo”, dice Guillermo, quien desde hace un año ofrece a través de la plataforma el último piso de su PH. Recibió huéspedes españoles, brasileños, chilenos y norteamericanos. Aunque la mayoría son argentinos del interior que se trasladan para visitar a familiares o tener reuniones laborales. Una clientela que va de los 28 a los 40 años. Extranjeros o argentinos, los invita a andar en bicicleta para perderse por ese laberinto de calles que es Parque Chas.

El perfil de turistas que usa Airbnb es el de un consumidor que no viaja para pasar el tiempo en la habitación, que se siente cómodo compartiendo espacios comunes, que busca que el alojamiento funcione como si fuese su casa -entrar y salir cuando quiere, sin conserjes o botones que demandan propina-, que invierte en experiencias. Dentro de esas características está también el deseo de sentir que llevan la vida de los residentes reales, aunque sea por unas noches o semanas.

“Boedo no tiene un gran perfil turístico pero si uno está interesado en experimentar la rutina de la gente en la Ciudad de Buenos Aires es un barrio perfecto. Tranquilo, todavía no muy contaminado por edificios, donde se conserva el saber quién vive en la cuadra o la costumbre de saludar al almacenero o verdulero”, dice Manuel Rud, dueño de un PH modificado, que cuando viaja al exterior ofrece en alquiler. “Tuve como inquilinos a una pareja de arqueólogos norteamericanos que fueron a Perú a trabajar y se trasladaron a Buenos Aires para hacer turismo. No les interesaba cumplir con los destinos turísticos tradicionales, por lo que les recomendé que conocieran el circuito de teatro alternativo que tiene Boedo y también sus restaurantes”, agrega. En sus sugerencias estaban la cocina de Roque, un bodegón de 103 años en la esquina de Quintino Bocayuva e Inclán. También “Pan y Teatro”, sobre la avenida Las Casas, un espacio que refuerza la sensación de pertenencia con su comida, su ambiente y tipología de clientes y, al mismo tiempo, tiene desde hace rato una carta bilingüe: en castellano e inglés. Todo pensado para aquellos turistas que quieren una experiencia más íntima de viaje y hospedaje. NR


Fuente consultada: Clarín

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