Buenos Aires, 13/12/2017, edición Nº 1855

Cada vez más bares de Capital y Gran Buenos Aires preparan estrategias contra la violencia de género

Implementan diferentes campañas con carteles y contraseñas para reaccionar correctamente ante una situación de violencia o maltrato.

(CABA) Las situaciones de violencia simbólica, verbal y física pueden estar -ocultas o evidentes- en todos lados. Sin embargo, el verdadero desafío es reconocerlas y desnaturalizarlas. Bares, boliches y restaurantes, como escenario recurrente de encuentros y reuniones, son sólo algunos de los tantos espacios donde una actitud naturalizada puede transformarse en un potencial maltrato. Con atención y sabiendo cómo actuar, sin embargo, es posible evitarlas.

A fines de 2016, una iniciativa del Consejo del Condado de Lincolnshire, en Gran Bretaña, en el marco de la campaña #NoMore (el equivalente inglés del #NiUnaMenos argentino) capturó la atención de medios de comunicación y redes sociales por todo el mundo . La campaña en los bares británicos, que incluía un cartel en el baño de damas, alentaba el uso de una palabra clave en la barra para solicitar ayuda ante una situación de violencia inminente.

“¿Estás en una cita que no está funcionando? ¿Tu cita de Tinder no es quien decía ser en su perfil? ¿Sentís que no estás en una situación segura? ¿Te sentís un poco incómoda? Si vas a la barra y preguntas por ‘Ángela’, el personal del local sabrá que necesitás auxilio y te ayudará a salir de esa situación, llamará un taxi y te ayudará discretamente, sin mucho alboroto“, rezaba el afiche. Así, con esa simple consigna, cualquier mujer que se sintiera amenazada por algún motivo dentro del local, podría recibir ayuda directamente del personal.

Tiempo después, la iniciativa se exportó a todas partes del mundo. Por ejemplo en México, donde, según datos del Instituto Nacional de Estadística, siete mujeres fueron asesinadas por día entre 2013 y 2015 y un 32% ha sufrido agresiones sexuales. En Dandy del Sur, una conocida cantina en Tijuana, un cartel en el baño propone que la mujer que se siente vulnerada pida en la barra por el trago “Medio mundo” para recibir asistencia.

A principios de año se conoció que este método también había empezado a penetrar en diversos locales de Argentina. De hecho, en enero, fue noticia un bar de Salta que también usaba el código “Ángela” como pedido de ayuda. “Pusimos el cartel hace un par de meses y muchas mujeres nos felicitan por la iniciativa, pero por suerte, no tuvimos hasta ahora ninguna situación que resolver. No lo descarto, porque en Salta hay mucha violencia contra ellas”, dijo en su momento el dueño del bar, quien contó que recibió la idea de una amiga que vio un cartel de este estilo en un boliche de Suecia.

A principios de septiembre se viralizó también una foto del mismo cartel de “Ask Angela” traducido al español en un boliche de la ciudad de Gerli llamado La Mia Citta, para personas mayores de 30. Ahora, la campaña en sus diferentes formas pisa con fuerza en la ciudad de Buenos Aires, donde ya múltiples bares y espacios culturales se preparan para reaccionar ante una situación de violencia sin revictimizar a la víctima, sin hacer un escándalo y con el fin último de generar consciencia en hombres y mujeres.

En un nuevo espacio cultural que abrió el pasado fin de semana en el barrio porteño del Abasto, el cartel en el baño invita a las mujeres que vayan a la barra y pidan un tipo de cerveza -de una marca que ahí no venden- para activar la respuesta de los trabajadores.

“En ese caso llevamos a la persona a un cuarto seguro y le ofrecemos una serie de opciones: esperar a que el agresor se retire del lugar, acompañarla a tomar un taxi o llamar a la policía”, explicó Julieta Carunchio, responsable de JJ. “Sentimos la necesidad de poder hacer algo que nos permitiera tanto denunciar como prevenir hechos de acoso verbal, físico o de maltratos. Lo pensamos con la idea de no tener que lidiar con estas situaciones pero, si suceden, estar a la altura”, agregó.

Sabrina Cartabia, abogada y presidenta de la Asociación Civil Red de Mujeres, explicó a Infobae que además de la iniciativa en sí misma es importante la capacitación del personal involucrado en la ayuda. “Tuvimos un proyecto bastante largo con el [Club Cultural] Matienzo cuando ellos nos contaron que buscaban lograr un espacio libre de violencia de género y que habían tenido situaciones a las cuales querían saber cómo responder”, contó. “Lo que hicimos fue hacer un encuentro, sensibilizaciones respecto a temas de género y después capacitaciones explicando cuál es el marco legal en el cuál hay que actuar, con el conocimiento que tenemos nosotros”.

“Empezamos así con un proceso de ida y vuelta para generar una acción que estuviera a la altura de las necesidades del lugar y así logramos un protocolo de acción”. Cartabia hace hincapié en el “ida y vuelta” porque, explica, los protocolos de acción “no son trasladables”. “Tienen que ver con el espacio en particular. Hay un compromiso de que el protocolo quede abierto, para modificarlo según vaya pasando el tiempo”.

Por otro lado, la idea también fue desarrollar una campaña comunicacional que esté orientada a mujeres, pero también a varones y al público general. “Dar un mensaje de responsabilidad, no sólo dar un mensaje de contener a las mujeres sino de que hay actitudes naturalizadas en el ámbito de la noche que el lugar no tolera”.

En Villa Crespo, otro espacio que se sumó a la iniciativa es el club de arte Vuela el Pez que, como espacio de la organización El Hormiguero, decidió hacerse cargo de la problemática. “Estamos permanentemente reflexionando, deconstruyendo e intentando modificar las prácticas machistas que nos atraviesan día a día”, dijo Silvina Martínez, responsable del club.

Allí, el método de los carteles en los baños con un código se repite aunque en este caso es con los nombres de tres tragos distintos para identificar así la gravedad de la situación. “Con este código los trabajadores y trabajadoras de la barra ya saben automáticamente qué hacer y cómo ayudarla. Ya sea pidiendo un taxi, acompañando al pibe a retirarse o acompañarla a ella a que busque su auto, entre otros”, explicó. “Lo importante es que todo se pueda resolver pacíficamente y siempre escuchando, que es realmente lo que necesita la mujer en ese momento”.

Sin embargo, esa no es la única herramienta que utilizan. “Entendiendo que en los bares, los centros culturales y los lugares donde se desarrolla la vida nocturna no estamos exentos de las situaciones de acoso y la violencia machista que sufrimos las mujeres todos los días en todos los ámbitos de nuestra vida, decidimos darnos una práctica de prevención y un protocolo de actuación”, indicó Martínez, y amplió: “Nos propusimos intervenir nuestro centro cultural (las paredes, pasar audios en las noches, dar charlas de formación) para que las mujeres se sientan cuidadas y acompañadas y puedan disfrutar de un espacio donde divertirse libremente. De igual manera buscamos que los hombres tomen conciencia y no reproduzcan naturalmente ciertos dichos o actos hacia las mujeres”.

En este sentido, admitieron que el ámbito nocturno es “difícil”. “Tenemos muy incorporadas ciertas prácticas que no están buenas y que hacen que las mujeres no podamos disfrutar de la noche, de salir a bailar, de divertirnos como sí lo hacen los hombres”, señaló Martínez. “Tenemos que soportar grandes mitos que impiden que estas cosas cesen como que ‘las mujeres son histéricas por eso hay que insistir, ‘cuando la mujer dice que no es si’, ‘si salís a bailar es para levantar’ y miles de mentiras más. Todo esto hace que no alcance un solo dispositivo para actuar en el caso del acoso en si, necesitamos trabajar en la prevención”.

Desde su implementación, el personal de Vuela el Pez tuvo que usar el protocolo en diferentes ocasiones, a veces teniendo que echar al hombre y otras veces invitándolo a reflexionar, pero siempre con buenos resultados.

Aunque desde varios espacios expresaron la voluntad de poder crear un protocolo aplicable en este tipo de sitios, Cartabia, de la Red de Mujeres, destacó que es necesario que los encargados de estos lugares “consulten con organizaciones especializadas que además ya hayan trabajado con la cuestión de la noche”. “Lo que hicimos en El Matienzo fue un proceso de más de dos meses para lograr el resultado”, puntualizó. “Cuando no se tiene conocimiento se cae en estereotipos de género y eso es lo que hay que evitar”. NR


Fuente consultada: infobae

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