Buenos Aires, 11/12/2017, edición Nº 1853

Vecinos de Villa Devoto se ponen en acción para defender el patrimonio barrial

Se trata del instituto Sánchez Picado, una antigua institución vinculada a la recuperación de niños y adolescentes, ubicada en la esquina de Avenida Beiró y Chivilcoy. El edificio depende del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Al notar que se comenzaron a realizar obras, los vecinos de la zona pensaron que se trataba de una puesta en valor. Sin embargo, al poco tiempo observaron que no se trataba de...

Se trata del instituto Sánchez Picado, una antigua institución vinculada a la recuperación de niños y adolescentes, ubicada en la esquina de Avenida Beiró y Chivilcoy. El edificio depende del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Al notar que se comenzaron a realizar obras, los vecinos de la zona pensaron que se trataba de una puesta en valor. Sin embargo, al poco tiempo observaron que no se trataba de mano de obra calificada y que no había cartel de obra, sino que se estaba destruyendo parte del patrimonio arquitectónico de la Ciudad.

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(CABA) A mediados del mes de septiembre, un grupo de vecinos intervino y logró detener la demolición de parte del edificio histórico de Av. Beiró y Chivilcoy, donde funcionara por años el Instituto Sánchez Picado. Tal como se ilustra en la foto, puede notarse que, lamentablemente, parte de los techos del edificio fueron desmantelados. Se ignora si el material histórico que se retiró fue debidamente protegido durante esta intervención.

“Cuando comenzamos a notar ciertos movimientos en el lugar que nos hacían suponer que comenzaba una obra para refaccionar el lugar, nos alegramos, porque realmente el lugar se estaba deteriorando mucho y estaba prácticamente abandonado”, comenta el arquitecto Roberto Larreguy, activo vecino de la zona que, además, es secretario de la Asociación Devoto Jardín de Buenos Aires, una entidad local preocupada por los temas patrimoniales. Y agrega: “Lamentablemente apenas observamos que los trabajos los estaba realizando mano de obra no calificada, que no había un cartel del proyecto visible y se estaba destruyendo patrimonio arquitectónico sin el menor cuidado, decidimos intervenir”.

“Finalmente, resultó evidente que esta era una demolición para destruir y no con el objetivo de refaccionar o preservar”, manifiesta Larreguy, quien continúa: “Por eso nos pareció oportuno trabajarlo desde la asociación y realizar las gestiones posibles para evitar que se continuara con la intervención en esas condiciones”.
Nora Simón, presidente de Devoto Jardín de Buenos Aires, asegura que “si esto era una puesta en valor, la forma de encarar la intervención era, por lo menos, dudosa”.

E indica: “Lo más preocupante era que, al no haber un cartel con el permiso de obra, no teníamos referencias sobre el organismo que había encarado el proyecto, sus características, plazos, empresa interviniente, costos, etc. Si es una reforma que depende de un organismo oficial, debería tenerlo”. Y explicó que eso fue lo que los motivó a iniciar las acciones que estuvieran a su alcance para poder detener los trabajos hasta tanto pudiera conocerse los detalles del proyecto.

Entretanto, los integrantes de la asociación luego de intensas gestiones con los operarios y el capataz presentes en el edificio consiguieron que las obras se supendieran.Paralelamente, mantuvieron un encuentro con la arquitecta Susana Mesquida, de la Gerencia Operativa de Supervisión de Patrimonio Urbano, perteneciente a la Secretaría de Planeamiento Urbano del GCBA para informar del caso y solicitar su intervención. Mesquida comentó en esa reunión: “Resulta prioritario para nosotros el poder de policía que realizan los vecinos sobre los edificios históricos, ya que ellos son los que tienen permanente contacto con su zona”.

La arquitecta escuchó atentamente lo que comentaron los vecinos sobre este inmueble y prometió ocuparse de enviar los pedidos de informe correspondientes.
Al cierre de esta edición, los integrantes de la Asociación Devoto Jardín de Buenos Aires trataban de confirmar una reunión con autoridades del Ministerio de Desarrollo Social, para poder conocer los alcances del proyecto y aunar criterios sobre su preservación.

“No nos oponemos a una puesta en valor y embellecimiento del edificio. Sólo queremos que se respete el patrimonio cultural urbano de nuestro barrio”, afirma Nora Simón.

Historia del instituto

Este característico edificio de aire colonial fue propiedad del Dr. José Sánchez Picado y su familia, generosos vecinos de Villa Devoto. El Dr. fue fundador y uno de los primeros profesionales del desaparecido Hospital Alvear. El edificio depende del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación y perteneció, desde que fuera donado por la familia de Picado, al Consejo Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia.
En sus comienzos trató a chicos con capacidades diferentes y posteriormente tuvo diversos destinos. Desde mayo de 1997, se reinauguró como “Hogar de Convivencia Terapéutica Sánchez Picado” que asistía a jóvenes varones que provenían de institutos de menores con régimen de salidas temporarias.
Hace más de un año y se supone que por problemas edilicios, dejó de alojar residentes. Desde ese momento comenzó un proceso de deterioro que fue denunciado en varias ocasiones por los vecinos linderos, reclamos que oportunamente fueron publicados en Devoto Magazine.

Fuente consultada: Devoto Magazine

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