Buenos Aires, 18/12/2017, edición Nº 1860

UNEN se distancia de la Alianza

No son pocos los que encuentras reminiscencias en la vieja Alianza en UNEN. Roy Cortina, integrante del frente, establece los límites de esas comparaciones. Escribe Roy Cortina (CABA) El Frente Amplio UNEN irrumpió en la escena política nacional como una sana novedad que puso de manifiesto la voluntad de sus dirigentes de dejar de lado toda mezquindad para priorizar la necesidad de diálogo y consenso que exige este tiempo de...

No son pocos los que encuentras reminiscencias en la vieja Alianza en UNEN. Roy Cortina, integrante del frente, establece los límites de esas comparaciones.

Alianza-UNEN

Escribe Roy Cortina

(CABA) El Frente Amplio UNEN irrumpió en la escena política nacional como una sana novedad que puso de manifiesto la voluntad de sus dirigentes de dejar de lado toda mezquindad para priorizar la necesidad de diálogo y consenso que exige este tiempo de la Argentina.

Su objetivo es frenar cualquier intento de continuidad con el estado de fragilidad y descomposición que afecta hoy a las instituciones de nuestra república, ya sea por el sostenimiento del actual signo político en el poder o por el acceso de cualquiera de sus desprendimientos, que se presentan como alternativas nuevas aunque han formado parte de este ciclo.

No es casualidad que algunos sectores, en especial cercanos al gobierno nacional, respondan a ese potencial profundamente transformador que tiene UNEN intentando anclarnos a la frustrante historia de la Alianza, de la que nos separa una enorme distancia en el cómo y en el para qué de nuestro surgimiento.

Es por lo menos curioso cuando, entre sus filas, han aglutinado a alguno de los protagonistas de aquel entonces y muestran una escasa capacidad de autocrítica a la hora de evaluar el grave daño que le han hecho a nuestro país, tanto en los años 90 como durante la última década a la que, con total desparpajo, califican de “ganada“.

Aquella experiencia negativa, cuyo paso por el gobierno terminó sumergiéndonos en una de nuestras peores crisis, hacia fines del año 2001, fue el producto de un acuerdo maniatado, sellado en el despacho de dos o tres dirigentes, unidos por el espanto al menemismo antes que por un modelo diferente de país, que terminó hegemonizado por un grupo cuyas aspiraciones iban a contramano de los ideales que decían perseguirse.

UNEN, por el contrario, es la consecuencia natural del camino común que las ocho fuerzas que lo integramos hemos recorrido en cada una de las provincias y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. No nace como una imposición, sino como una confluencia plural que florece de abajo hacia arriba y se hace fuerte como un todo, en el respeto a la identidad y diversidad de sus partes.

En su seno hay liderazgos fuertes, con mayor o menor representatividad, pero UNEN les pertenece en primer lugar a los ciudadanos y a ellos someteremos la elección democrática de nuestros candidatos y la decisión de los principales rumbos a transitar.

Nos vinculan trayectorias, tareas legislativas, gestiones y valores compartidos. También una misma mirada de los graves problemas estructurales que afectan el presente de la Argentina: la desigualdad, la inseguridad, la inflación, el autoritarismo, la corrupción y la impunidad.

Pero, por sobre todas las cosas, nos congrega el compromiso determinante de resolver esos flagelos, para empezar a trazar los contornos de un porvenir distinto al de los oscuros días que vendrán si se vuelve a atar el destino de nuestro país a personajes reciclados que, con recetas gastadas, pretenden asegurar la superficialidad de los cambios para que nada se modifique sustancialmente.

UNEN no es la Alianza porque, en vez de temor al pasado, nos convoca la esperanza de un futuro mejor; porque no hay lugar para la prevalencia o voracidad de ninguno de los partidos que lo integramos y todos sus dirigentes brillan en el conjunto pero, independientemente, tendrían pocas posibilidades de éxito.

Este espacio se constituyó con el anhelo de que, por primera vez, un frente político tenga posibilidades ciertas de ser una verdadera construcción colectiva con el horizonte de un país en el que se acorten las diferencias entre los que más y los que menos tienen, en el que podamos caminar por las calles sin miedo a ser víctimas de delitos, en el que los funcionarios corruptos paguen por sus crímenes, en donde los niños no pasen hambre y los jubilados puedan vivir dignamente.

Fuente: La Nación

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