Buenos Aires, 12/12/2017, edición Nº 1854

Una tumba escondida en Buenos Aires

Cuáles son los secretos y la historia del lugar que representó un cambio en la arquitectura de la época

Ubicado en Avenida de Mayo 1370, el Palacio Barolo supo ser uno de los edificios más altos de Sudamérica hasta la construcción del Kavanagh, en 1935. Con base sólida de hormigón, elemento que lo distinguía de los demás diseños así como la usina propia que lo autoabastecía de energía fue, en la década del 20′, uno de los primeros “edificios inteligentes”.

Todo comenzó en 1919 cuando Luis Barolo, un empresario textil italiano instalado en Argentina, conoció al arquitecto Mario Palanti. Ambos eran admiradores de la Divina Comedia -en italiano Divina Commedia, el poema escrito por Dante Alighieri-.

Ambos pensaban que Europa quedaría destruida como resultado de las numerosas guerras que acontecían por aquel entonces y es por esta razón que pensaron en un edificio que funcionara como tumba para el poeta italiano.

“Ellos decidieron hacer un edificio inspirado en la Divina comedia, porque tenían miedo que los restos del Dante desaparezcan. Había un pensamiento apocalíptico, por todo el clima que se vivía. Entonces deciden hacer este edificio. Eso fue entre 1919 y 1923”, explicó a InfobaeTomás Thärigen, quien junto a su hermano Miqueas organiza tours en dónde relata la mágica historia del lugar, sus detalles y secretos.

Esa historia, en parte, la lleva en su herencia. Fue su bisabuelo, Carlos Jorio, un notario contador, uno de los primeros inquilinos, que siempre colaboró en cuestiones relacionadas al mantenimiento del palacio. Ya en la década del 20′ creía que había que difundir la crónica del lugar.

Palacio Barolo por dentro

El diseño por dentro

La división general del Palacio al igual que la Divina Comedia se construyó en tres partes:infierno, purgatorio y cielo.

La altura del edificio es de 100 metros y 100 son los cantos de la obra. Además tiene 22 pisos, al igual que las estrofas de los versos del poema de Dante Alighieri. En algunas paredes se pueden observar inscripciones en Latín, escritas por Mario Palanti y extraídas del libro.

Como Palanti pretendía encuadrar luminicamente el acceso de la desembocadura del Río de la Plata, como bienvenida a los visitantes extranjeros que llegaban desde el Atlántico, construyó un edificio gemelo en Montevideo: el Palacio Salvo.

“En esa época eran los edificios más altos de sudamérica y se los consideraba mellizos. La intención de Palanti era que las luces se encontraran como señales de bienvenida para quienes ingresaran por el río de la Plata”, dijo Tomás Thärigen.

Estos y muchos más indicios y señales dan cuenta de los motivos por los cuales este emblema del siglo XX fue construido.

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