Buenos Aires, 18/11/2017, edición Nº 1830

“Una revolución de alegría”: Macri y su eufórica noche de abrazos

Hubo llanto en los principales funcionarios y dirigentes de Cambiemos. Diez años después de su incursión en política, el candidato presidencial superó con creces su máximo desafío electoral.

(CABA) Mauricio Macri no pudo hablar. Cuando salió por segunda vez al escenario, pasada la medianoche, lo hizo quebrado. Le dejó el lugar a María Eugenia Vidal, al cierre de la jornada electoral proclamada gobernadora bonaerense. Un rato antes, los canales de televisión, sintonizados en las múltiples pantallas gigantes montadas en el predio, desataron la euforia en el búnker de Costa Salguero. Hubo llanto en los principales funcionarios y dirigentes de Cambiemos. Abrazos interminables. Piel de gallina. Algarabía total.

Para esa hora, Macri había coronado la noche perfecta. Diez años después de su incursión en política, el candidato presidencial superó con creces su máximo desafío electoral. No solo porque alcanzó su primer objetivo: forzarle un ballotage al oficialismo, muchísimo más ajustado incluso que el pronóstico del más certero de los encuestadores. Sino porque, al filo de la medianoche, Cambiemos se había alzado en más de 70 municipios bonaerenses, en varias de las principales localidades del conurbano bonaerense -Quilmes, Mar del Plata, Bahía Blanca y La Plata, entre otras aseguradas, y Lanús o Tres de Febrero cerca de arrebatárselas al PJ- y María Eugenia Vidal ya le había aguado la fiesta al peronismo en la provincia de Buenos Aires.

Unos minutos antes de la medianoche, el equipo de comunicación y campaña de Macri, encabezado por Marcos Peña, tenía la información de que el Gobierno no quería empezar a cargar los datos porque el escrutinio provisorio lo daba al jefe de Gobierno arriba de Daniel Scioli. Cuando el senador Ernesto Sanz, Peña y Jorge Macri lo anunciaron en conferencia de prensa, el oficialismo empezó a dejar correr los números.

Cuando Mauricio Macri llegó al búnker de Costa Salguero, pasadas las 22, la euforia ya era masiva. En el sector VIP del predio lo esperaban exultantes sus más íntimos amigos y los principales dirigentes de Cambiemos. De camisa celeste y chaleco azul, el jefe de Gobierno porteño ingresó acompañado por su mujer, Juliana Awada, y su hija Antonia. Lo aplaudieron a rabiar. El candidato presidencial los abrazó uno a uno, con fuerza, algo inusual en él. Salió al escenario una hora después. “Lo que sucedió hoy cambia la política de este país”, dijo. Agradeció al radicalismo, a Sanz, a Elisa Carrió -una de las más ovacionadas-, al peronismo, al progresismo y la izquierda, a los líderes sindicales, al campo, al peronismo, a maestros, científicos, filósofos, médicos, enfermeras y policías. No dejó por convocar a ningún sector de la vida política, social, económica y cultural de nuestro país. “Una revolución de alegría”, abundó. Todavía no se había enterado de los primeros cómputos oficiales que lo daban arriba del candidato del Frente Para la Victoria.

Durante toda la tarde, los equipos de campaña del líder del PRO desmenuzaron y consumieron infatigables los números de las mesas testigo y los boca de urna que empezaron a llegar a Costa Salguero a partir de las 18. La encargada de coordinar las 1.900 mesas testigo, Mora Jozami, fatigó los salones del búnker. A la 1 de la madrugada, cuando los militantes todavía bailaban y el escrutinio todavía ubicaba a Macri por encima de Scioli y a Vidal varios puntos arriba de Aníbal Fernández, los cráneos del PRO daban un pronóstico final del gobernador bonaerense de entre tres y cuatro puntos sobre el jefe de Gobierno. Un panorama que ni Jaime Durán Barba soñó desde que se hizo cargo de la estrategia comunicacional del ex presidente de Boca Juniors. Para eso, la postulación en territorio bonaerense del jefe de Gabinete K, el dirigente con peor imagen del Gobierno, fue vital.

Macri, en cambio, tuvo una tarde más apacible. Hizo deporte en su quinta Los Abrojos, de la localidad bonaerense de Malvinas Argentinas, junto a su familia. Y almorzó junto a Carrió: tenían agendado un almuerzo el domingo del día de la madre, pero una dolencia menor le impidió a la diputada acercarse hasta la casona bonaerense del jefe de Gobierno. Postergaron la comida justo para el domingo de la elección.

Desde hoy, empieza otra historia. “Otro partido, cero a cero“, se encargaron de explicar a última hora del domingo los cerebros de comunicación del líder del PRO, con indisimulable euforia. “Ahora empieza la campaña que queremos, sin el grano en la cola que tuvimos hasta ahora, que fue (Sergio) Massa”, agregaron. Hasta ayer, el líder del Frente Renovador había sido un árbitro incómodo, el tercero en discordia de una elección que ahora lo deposita a Macri en una situación de privilegio de cara a la segunda vuelta del 22 de noviembre. El jefe de Gobierno llega al cuarto domingo de noviembre con presencia en todo el país y con la provincia de Buenos Aires guardada en la mochila. El trompazo bonaerense es doble: no solo porque le arrebató su provincia a Scioli. Macri además llega a la segunda vuelta de la mano de Vidal, desde hace rato la dama más fuerte del PRO.

A principios de semana, los jefes de la campaña de Macri habían empezado a ver en los números que la entrada a un ballotage junto a Scioli era irreversible. El jueves, de hecho, el equipo de comunicación empezó a esbozar junto al publicista Joaquín Molla las primeras ideas de los spots que Cambiemos mostrará para la segunda vuelta, y que por ley se empezarán a publicitar recién a partir de la otra semana. Estos días serán para analizar y diseñar la estrategia para el sprint final.

A partir de ahora, Macri deberá cuidar lo suyo y tener la inteligencia de sumar lo ajeno, en especial el caudal de Massa. Por algo dejó vacíos los casilleros de casi todo su eventual gabinete nacional. Para sentarse con esa carta a la mesa de negociación.

Pero ahora, el candidato presidencial de Cambiemos puede negociar en esa mesa en una posición de privilegio. Tiene en su haber haber acertado en el acuerdo con la UCR -clave en esta elección por la performance del frente en provincias como Jujuy, Córdoba o en el interior de la provincia de Buenos Aires-, aceitar un sistema de fiscalización que funcionó a la perfección, y le puede enrostrar al “círculo rojo”, como llama a ese grupo de empresarios, dirigentes y periodistas encumbrados, la negativa a acordar con el ex intendente de Tigre.

Macri se recibió de político. Y el experimento partidario que ideó hace 10 años sacó chapa de partido político. Más allá del resultado del 22 de noviembre, aniquiló el bipartidismo que dominó la Argentina de los últimos 60 años.

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Fuente: Infobae

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