Buenos Aires, 26/06/2017

Obra argentina hablada en mandarín ganó el festival de cortometrajes de Uncipar en Pinamar

Diamante mandarín, de Juan Martín Hsu, aborda los estallidos de diciembre de 2001 desde el punto de vista de un supermercadista chino.

(PBA) El festival de cortometrajes de Uncipar es tan maravilloso e impredecible que su competencia de películas argentinas puede ser ganada incluso por una obra protagonizada por chinos y hablada en mandarín. Eso ocurrió en la última edición del evento, mudado el reciente fin de semana largo al Teatro La Torre de Pinamar, tras 37 años consecutivos en La Casa de la Cultura de Villa Gesell.

El film en cuestión se llama Diamante mandarín y es el cuarto trabajo en formato breve de Juan Martín Hsu, director descendiente de taiwaneses que abordó los estallidos sociales precedentes a la crisis argentina de diciembre de 2001 desde una mirada hasta ahora poco transitada: la de los dueños de mercados genéricamente llamados “chinos” que padecieron el descarne de saqueos aún hoy nunca aclarados. Una de las pocas imágenes que le había dado relieve humano a la verborrea de análisis políticos y abstractos fue, justamente, la que empujó a Hsu a realizar su último y premiado corto: la de Wang Zhao He, aquel chino que lloraba desconsoladamente mientras una horda enajenada le arrebataba hasta el arbolito de navidad de su comercio.

Lejos de caracterizarse como un relato documental, Diamante mandarín busca justamente aproximarse a ese episodio ineludiblemente real a través los recursos espesos y figurativos de la ficción. La historia, de hecho, si bien está inspirada en los saqueos, no comienza con ellos, sino que en verdad los toma como destino. Lo importante, en definitiva, es lo que sucede antes, sintetizado en el silencio opresivo que gobierna a las reuniones familiares previas a un estallido que se palpita por televisión y también por los golpes que individuos no reconocidos realizan sobre las persianas bajas del mercado. El desenlace se asomaba tan difícil de revertir como también de mensurar. Acaso sea el “final” esperable lo que más angustia le imprima a los 17 minutos de espera, tensión y sufrimiento.

Hsu viene de altas cotas de reconocimiento logradas con La Salada, premiado largometraje de 2014, para el que también escogió un lugar del conurbano donde narrar experiencias de lo que podemos configurar como las nuevas olas migratorias (frente a las clásicas: España e Italia), como las provenientes de países limítrofes, por un lado, y del Lejano Oriente, por el otro. El jurado, compuesto por el fotógrafo Alejandro Giuliani y los cineastas Juan Carlos Desanzo, Laura Casabé y Gustavo Taretto, justificó la consagración “por la admirable realización de un relato que plasma la identidad de un grupo inmigratorio en un momento dramático del país”. Además, obtuvo el premio de Argentores y será parte de Programa Argentino, selección de cinco cortos nacionales que representarán al país en la próxima edición del Unica, el festival internacional de cortos más antiguo del planeta.

La otra gran ganadora de la noche fue Berta y las menores, segunda realización de la reconocida actriz de cine y televisión Marina Glezer (Valentín, El Polaquito, Diarios de motocicleta), quien ahora se luce como directora de cortometrajes gracias a este trabajo que en Uncipar se hizo merecedor de tres honores: el segundo puesto en la Competencia Nacional, el Premio Especial Pinamar y la inclusión en el Programa Argentino que se proyectará en el itinerante Unica durante agosto en Rumania.

El corto se revaloriza por la presencia protagónica de Paola Barrientos, quien encarna a Berta, empleada doméstica de una vivienda habitada únicamente por mujeres: las dos niñas a las que cuida y la madre de ambas. Los vínculos entre las cuatro no están determinados por las relaciones de trabajo o parentesco, ya que por momentos alguna de las chicas proyecta a Berta como la figura materna, al mismo tiempo que la madre expresa conductas impropias de una figura “adulta” e incluso una de las hermanitas asume una condición de autoridad por sobre la otra.

Así las cosas, Glezer intenta relatar en menos de un cuarto de hora la descomposición de una familia tipo a través de un rasgo complementario: la falta de una figura masculina (fuese en el rol que fuere), algo que hoy es metabolizado socialmente y que ya no asusta a nadie, aunque aquí cobra otra dimensión pues la historia transcurre por lo menos dos décadas atrás, según se supone a través de algunos símbolos identificables en otro tiempo y espacio (una botella de Coca Cola con logo viejo, la cortina del noticiero Nuevediario). Este premio reafirma a la vez el interés de los últimos jurados nacionales del festival Uncipar en valorar temáticas vinculadas a cuestiones de género, habida cuenta del premio entregado el año pasado a , de Amanda Celi, quien narró el amor adolescente de dos compañeras de colegio secundario.

A Diamante mandarín y Berta y las menores se le suman al Programa Argentino del Unica otros tres cortos: La humedad, de Gonzalo Zapico, Durazno, de Francisco Ríos Flores, y Una de esas noches, de Germán Servidio, la única pieza premiada que incluyó al humor en sus narrativas. En tanto, Fuego, de Pablo Pechansky, Daño moral, de Gonzalo Basilio, y Papel y tinta, de Gabriel de Bella, se quedaron con las tres menciones siguientes de la Competencia Nacional.

Por último, la Competencia Internacional dejó dos ganadores entre las 35 obras preseleccionadas para la sección final. El primer lugar fue para The Chicken, de la joven realizadora bosnia Una Gunjak, quien se vale de un simple pollo vivo para motorizar una cruda historia atravesada por la guerra en la ex Yugoslavia durante el sitio de Sarajevo, mientras que el segundo premio cayó en manos de Mijael Bustos Gutiérrez, de Chile, autor de Un cuento de amor, locura y muerte. NR

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Fuente: Página12

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