Buenos Aires, 20/11/2017, edición Nº 1832

Una mujer denunció que fue acosada por médicos cuando fue a renovar el registro de conducir

Contó el horrible momento que vivió a través de Facebook. Separaron de su cargo a uno de los implicados.

(CABA) Un simple trámite burocrático que debería pasar desapercibido en la vida de cualquier persona terminó siendo un calvario para una mujer de 31 años. Maru Monj, según el nombre que figura en su perfil de Facebook, relató en esa red social la traumática experiencia.

“Hoy fui a renovar la licencia de conducir a la oficina de la Dirección General de Licencias para Conducir, en Viamonte 1461, CABA”, comenzó su historia. Luego de someterse a los exámenes auditivos, visuales y psicológicos, le faltaba un último paso para terminar el trámite engorroso que hasta ese momento había sido igual para las demás personas que aguardaban junto a ella.

El último paso era el box de médico clínico, donde ocurrió el episodio. Según relata, “había dos señores de aproximadamente 80 años cada uno” y cuando se sentó le dijeron “fea” mientras se reían. A partir de allí, se desató una catarata de agresiones misóginas y que nada tienen que ver con el protocolo que debe seguir un médico matriculado para firmar el apto.

“Lo único que le falta a usted es una minifalda, una pollera, para mostrar lo que tiene”, continuaron. “No me gustan las polleras”, respondió ella. El curso de la charla se tornó cada vez más intolerable y, sin saber qué hacer, contestó a los agravios para defenderse.

Entre las insinuaciones, describió frases como “búsquese un marido que la mantenga”, “tenga un solo hijo porque un hijo completa a la mujer y dos le arruinan el cuerpo” y “usted es resentida y encima es mujer”.

Ella relató que el acoso verbal continuó durante un varios minutos y, cuando terminó, lo único que ella deseó fue salir corriendo. Pero el horror siguió hasta que cerró la puerta del consultorio y dejó atrás a esas dos personas. “Pensé que me iban a tomar la presión o algo así”, les dijo ella. A lo que uno de ellos le contestó: “¿Quiere que le tomemos la presión? Vuelva a entrar y desnúdese”.

Cuando salió, notó que dos hombres que le seguían en la fila estuvieron adentro sólo un minuto. Su impotencia y bronca por lo sucedido se reflejan en las líneas que siguen: “Salí disparada de ese subsuelo inmundo, estaba ansiosa y confundida. Quise avisar en recepción lo que me había pasado con estos ‘trabajadores’ y no lo hice”.

Finalmente, y muy angustiada por la situación que le tocó vivir, habló con su madre y su novio, que le sugirieron que los denunciara. “No tengo el nombre de estos ‘médicos’, pero sé que trabajan en una oficina del Gobierno de la Ciudad en Viamonte 1461/5 y que, amparados en su ser-macho, y engrandecidos por su poder médico hegemónico, me hicieron pasar un momento que no deseo para ninguna mujer”, concluye en la publicación.

Según dijo el vocero de la Secretaría de Transporte de la Ciudad de Buenos Aires a La Nación, el personal que trabaja en la Dirección General de Licencias depende del Consejo de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA por un “convenio” que los habilita a designar profesionales para esas tareas. Según informó, el médico responsable del trámite en la sede de Viamonte 1461, cuya identidad no trascendió, fue desplazado de su cargo y reemplazado por otro, asignado por la Dirección General de Licencias. NR


Fuente consultada: La Nación

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