Buenos Aires, 24/09/2017, edición Nº 1775

Una guerra comercial dejó sin negocios a una cuadra emblemática de Recoleta

Hay siete locales vacíos, algunos muy importantes. Todo comenzó cuando Falabella y Almacenes París, dos megatiendas, se enfrentaron por instalarse en esa avenida. Primero fue el cine América, después el tradicional restaurante Pipo. Al poco tiempo cerraron también la pinturería Rex y el gimnasio que ocupaba el segundo piso. En menos de tres años, una de las cuadras más tradicionales de Recoleta quedó casi desierta: la avenida Callao, entre Santa...

Hay siete locales vacíos, algunos muy importantes. Todo comenzó cuando Falabella y Almacenes París, dos megatiendas, se enfrentaron por instalarse en esa avenida.

Primero fue el cine América, después el tradicional restaurante Pipo. Al poco tiempo cerraron también la pinturería Rex y el gimnasio que ocupaba el segundo piso. En menos de tres años, una de las cuadras más tradicionales de Recoleta quedó casi desierta: la avenida Callao, entre Santa Fe y Marcelo T. de Alvear, mano impar, alberga hoy siete locales vacíos –algunos incluso tapiados–, que, según los vecinos, desvalorizan el barrio.

Arrinconado por la crisis, el América proyectó su última película el 30 de septiembre de 2002. Tiempo después, el lugar se transformó en el centro geográfico de una carrera comercial que marcó la debacle de la cuadra: la competencia entre las megatiendas chilenas Falabella y Almacenes París por conquistar una de las zonas más elegantes de la ciudad.

La empresa Cencosud –dueña de Jumbo, Easy y el Shopping Unicenter, entre muchos otros negocios– compró el cine en enero de 2007 por 14 millones de dólares para desembarcar allí con sus Almacenes París. Según cuentan los brokers de la zona, al poco tiempo su competidora compró un edificio de tres pisos con vidriera a la calle justo al lado. La empresa prefirió no dar precisiones al respecto. “Se pisaban los talones, entonces no avanzó ninguno de los dos proyectos, y por el abandono, la gente empezó a caminar por la vereda de enfrente”, recuerda Fernando D’Alvia, de la inmobiliaria Toribio Achával.

Entre los dos predios, quedaron vacíos 25 metros lineales, que actualmente se extendieron a más de 55. El último local que cerró fue el de Frávega, casi en la esquina de Santa Fe, hace cerca de tres meses. Aunque el tránsito peatonal ahora se concentra en la vereda de enfrente, aun para quienes tienen allí sus comercios, el balance final es negativo. “Siempre es mejor que haya negocios abiertos, porque camina más gente, no nos va mal, pero no es lo mismo”, se queja Claudio Ottore, desde el mostrador de una elegante casa de ropa de hombre.
Las causas del fenómeno no son claras, pero los comerciantes arriesgan algunas hipótesis.

En primer lugar figura el efecto contagio: los persianas bajas espantan a los clientes y hacen bajar las ventas y cerrar negocios. Muy cerca, aparece el costo de los alquileres. “Cambió el perfil de la zona, ya no es tan elegante como antes, pero se cobra como si lo fuera, hasta US$ 7.000 por mes”, se molesta Alberto, dueño de una casa de ropa femenina. Y ejemplifica: “Antes acá tenía una sastrería fina, pero la tuve que mudar a Plaza San Martín”. Según los tasadores consultados, el promedio se mantiene en unos US$ 50 el metro cuadrado, dependiendo del tamaño de la vidriera.

Preocupadas, las inmobiliarias del barrio decidieron remontar la situación por sus propios medios. “Esto no le hace bien a la avenida, por eso les estamos llevando nosotros mismos distintas propuestas a los propietarios de los locales”, se entusiasma Antonio Ginebra, de Aranalfe.

La estrategia ya comenzó a dar frutos, y en uno de los locales comenzaron esta semana los trabajos para instalar una importante cadena de cafeterías. Con seis locales más por ubicar, y tantos años de abandono, la tarea será ardua. Mientras tanto, Cencosud confirmó que no tiene intenciones de darle un uso al emblemático cine en el futuro cercano.

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