Buenos Aires, 14/12/2017, edición Nº 1856

Un taller en Villa Adelina, donde se cocina mucho más que cosas ricas

Diez jóvenes con discapacidad intelectual elaboran galletitas, masas y bombones para empresas y particulares; necesitan más espacio.

(PBA) El taller de bombones artesanales y masitas navideñas está a punto de comenzar. Todos -sin excepción- lucen delantal blanco, barbijo y cofia. En esta cocina abundan ingredientes de todo tipo: manteca, harina, azúcar y, entre ellos, también se esconden dos condimentos que no se ven pero se perciben fácilmente: la concentración y el entusiasmo. Rodeada de chocolates, cacerolas, palos de amasar y 10 jóvenes con discapacidad intelectual, Fabiana Lingeri cuenta que estos chicos conquistaron su alma y le hicieron descubrir un mundo nuevo que hoy ocupa prácticamente la mayor parte de su día.

Fabiana es terapista ocupacional y trabajó varios años en un centro de formación laboral para personas con discapacidad. Allí se dio cuenta de algo que le dolió: los chicos egresaban preparados para trabajar pero no encontraban un lugar donde emplearse y poner en práctica lo aprendido. Ella no pudo mirar para otro lado ni dejarse ganar por la indiferencia.

“Claudia, una de mis alumnas, fue la que me inspiró. La observaba trabajar de manera excelente porque es muy prolija, ordenada y con buena capacidad para delegar tareas. No podía creer que, al egresar del centro de formación laboral, se quedara en su casa sin hacer nada”, recuerda Fabiana mientras ayuda a uno de los jóvenes a decorar galletitas en forma de estrellas, árboles navideños y corazones.

En 2012 empezó a dar los primeros pasos para crear la asociación civil Generación de Cambios, que actualmente brinda oportunidades de trabajo a personas con discapacidad intelectual dentro de un ambiente saludable con la certeza de que el trabajo es uno de los pilares fundamentales para la inclusión, el reconocimiento y la valoración de las habilidades.

Las ganas de inaugurar una panadería integrada por estos jóvenes sobraban. Lo que faltaba era el espacio. “Empezamos en la cocina de mi casa”, relata Fabiana, quien además logró que una amiga chef la orientara en el rubro gastronómico. Las recetas de su amiga fueron éxito y hoy ya reciben varios encargos de empresas y particulares que quieren comprar los bombones y masitas dulces que los chicos preparan con sus propias manos en la cocina que consiguieron alquilar en Villa Adelina y a la que asisten cuatro días a la semana.

“Los chicos tienen unas capacidades impresionantes. Se nota a simple vista y al probar cualquiera de las cosas ricas que hacen”, asegura Fabiana. Así lo demuestra Alejandra Ferrer, una de las jóvenes con discapacidad intelectual que trabaja en el taller. Sin dejar de amasar, ella confiesa: “Acá aprendí muchas cosas. Con mis compañeros nos llevamos muy bien y colaboramos entre nosotros. Ganamos un sueldo y eso me sirve para ayudar a mi mamá a pagar los impuestos de la casa”.

Alejandra y sus compañeros se sienten felices -dicen- de pertenecer a esta organización, por los cambios positivos que experimentan. “Notamos que logran mayor independencia, incorporan rutinas de trabajo, mejora la socialización y la autonomía y aprenden a trabajar en equipo”, explica Fabiana, que coordina el taller voluntariamente.

La pasión que siente por esta causa contagió a otros siete voluntarios que hoy integran Generación de Cambios. Entre ellos se encuentra Clara Capozzi, que expresa: “Cada vez que salgo del taller me voy emocionada. Ojalá podamos conseguir otro espacio más grande para duplicar la cantidad de chicos que están esperando para ingresar y también fabricar nuevos productos de panadería”.

Además de un lugar propio, necesitan un asesor gastronómico y/o supervisor de producción con formación en gastronomía o terapia ocupacional, alimentos y equipamiento de panadería y voluntarios. Los interesados en colaborar pueden comunicarse por mail aasoc.generaciondecambios@gmail.com o por teléfono al (011) 154-050-2888.

Comentarios

Ingresa tu comentario