Buenos Aires, 23/05/2017

Un paraíso en pleno San Isidro

Judith Savloff cuenta que en el Parque Natural Municipal Rivera Norte viven más de 230 especies de aves, 12 de anfibios, 14 de reptiles, 13 de mamíferos y 40 de peces

(PBA) Apenas se entra, cambia hasta el aire. Se huelen verdes. Se siente el fresco del río, aún lejano. Y enseguida aparecen juncos que trazan mil rectas. Repollitos de agua que delinean manchas abstractas. Una garcita. Arboles. Más árboles. Como un flecha ancha, el vuelo decidido de un carancho.

La naturaleza encandila en la Reserva Ecológica de Acassuso, San Isidro. Como toda maravilla, encandila e inquieta. Como ese pájaro.

Es que en las 50 hectáreas del Parque Natural Municipal Rivera Norte –el nombre formal del lugar– cuentan que viven más de 230 especies de aves, 12 de anfibios, 14 de reptiles, 13 de mamíferos y 40 de peces, entre 320 de plantas.

Pero no sólo la cantidad importa. “Este espacio preserva el ambiente original de la costa del Río de la Plata”, explica Bárbara Gasparri, subdirectora de Ecología y Conservación de la Biodiversidad del municipio. “Se trata de una joya natural intocada”. De un museo viviente.

Los paisajes son variados. Laguna, pantano, bosque, ribera. Hay patos y lechuzones. Tortugas acuáticas. Coipos (un tipo de roedor sudamericano).

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Sin embargo, en la memoria, las palmeras Pindó –que, dicen, bautizaron al Paraná como “de las palmas”– y las barbas de los sauces se mezclan con grupos de espinillos –árbol emblema de San Isidro– y salvias guaraníticas, imanes para picaflores y más de 80 tipos de mariposas. Será porque parece que todo crece a su antojo, salvaje

La Reserva, primera municipal del país, creada junto a la Fundación Vida Silvestre, abrió en 1987. “Su objetivo es conservar y educar”, señala Gasparri. Por eso, recibe alumnos de escuelas de toda zona norte y un promedio de 25 mil visitantes al año. Y tiene un vivero donde cultivan 230 especies originarias.

Está en Camino de la Ribera, entre López y Planes y Almafuerte, y abre todos los días de 9 a 18, con entrada gratuita. Y sábados, domingos y feriados, a las 16, ofrece visitas guiadas.

Posible recorrido:

1) Senderos: Ocupan 1.200 metros del Parque Natural Municipal Rivera Norte. No parece mucha distancia pero, por lo variado, el recorrido resulta –en el mejor sentido– intenso. Es que se pueden divisar “seis comunidades”: el juncal, el matorral ribereño, el sauzal, el ceibal, el pajonal y la de la vegetación flotante. Cada una ofrece postales que permiten asomarse a la biodiversidad que atesora este espacio.

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2) Ver para aprender: Dicen que el Observatorio de Aves es una de las paradas preferidas por los visitantes. El Parque tiene unas 230 especies de esta familia. Patos. Garzas mora, blanca, “bruja” y azul. Picaflores. Con paciencia y suerte, parte de la fauna se dejará ver. ¿Qué fue eso que atravesó el cielo como una recta para posarse en aquel árbol? Si hace la visita sin guía, mire los carteles que tapizan el Obsevatorio: ayudan a a reconocer las especies más comunes en el lugar.

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3) Grande: La garza mora es una de las de mayor tamaño del mundo. Llega a medir 75 cm de alto. Habita lagunas, bañados, esteros y orillas de ríos. Se alimenta de peces, ranas e insectos acuáticos. Vuela despacio, con el cuello replegado, como formando una “S” y arma sus nidos en pareja o en colonias pequeñas. Lo común es verla sola, al borde del agua, como en la foto de abajo.

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4) Plato hondo: En el corazón de esta Reserva, hay un pajonal con esa forma. La vegetación crece sobre lomas y abraza a la laguna y el pantano. Entonces, parece que fuera el borde que contiene al agua. Los patos se roban mucha de la atención pero igual no cuesta demasiado distinguir ese “diseño” natural. Por las dudas: la vista desde el puente de los durmientes, ubicado al entrar, a la izquierda, no falla.

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5) “Dulce de leche”: Por su color y espesura, así describió al Río de la Plata la escritora, editora de la revista Sur y vecina de San Isidro, Victoria Ocampo. De las 50 hectáreas que pertenecen a esta Reserva Ecológica, sólo 16 están ocupadas por tierra. Y cuando el río baja, deja aparecer a un enorme juncal y al matorral ribereño. El panorama no empalaga. Al contrario, arrulla, relaja. Más, si el agua está alta. NT

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