Buenos Aires, 24/10/2017, edición Nº 1805

Un juego de mesa que despierta pasiones tiene sede en Caballito

El torneo oficial de Magic que organiza DIMA, en Avellaneda y Rojas, desde hace 14 años,  reúne a unas 60 personas cada sábado. (CABA) Los jugadores entran al local de DIMA Games del mismo modo en que diez amigos entrarían a la canchita a jugar un partido de fútbol, comentando viejas jugadas, con la mochila colgada de un brazo, sólo que adentro no hay botines, canilleras ni pantalones cortos, sino...

El torneo oficial de Magic que organiza DIMA, en Avellaneda y Rojas, desde hace 14 años,  reúne a unas 60 personas cada sábado.

torneo de magic

(CABA) Los jugadores entran al local de DIMA Games del mismo modo en que diez amigos entrarían a la canchita a jugar un partido de fútbol, comentando viejas jugadas, con la mochila colgada de un brazo, sólo que adentro no hay botines, canilleras ni pantalones cortos, sino cientos de cartas distribuidas en álbumes o cajas. Llevan también el “playmat“, una especie de mantel de goma que desenrollan sobre las mesas, escenarios para el torneo oficial de Magic que organiza DIMA, en Avellaneda y Rojas, barrio de Caballito, desde hace 14 años, y que reúne a unas 60 personas cada sábado.

“El Magic comenzó a jugarse en 1994 en Estados Unidos y llegó a la Argentina dos años después”, cuenta Pablo, un joven de 28 años habitué de estos campeonatos. Inspirado en los clásicos juegos de rol como Dungeons & Dragons, Magic fue furor en los noventa pero nunca se fue, y sigue sumando adeptos, entre ellos, muchos que lo jugaban de chicos, luego lo dejaron y ahora retoman con mayor poder adquisitivo para comprar cartas.
Porque Magic es un sofisticado juego de estrategia y administración de recursos que se juega con cartas coleccionables. Las barajas son de dos tipos: unas de recursos y otras que no lo son pero eventualmente servirán para ganar el juego. “Necesitás tener de los dos tipos de cartas en tu mazo para jugar”, explica Claudio, de 37 años, jugador de Magic desde la primera hora. El recurso básico del juego se llama Maná, y hay Maná de cinco clases, identificados con distintos colores, que representan distintos estilos de magia.
Es un juego de mesa complejo, que funde estrategia, un cierto componente literario, bastante de lógica y aritmética, y también azar (se utilizan dados icosaedros, de 20 caras), y tiene, sobre todo, un elaborado trasfondo de fantasía épica, con monstruos, magia, hechizos y un montón de cosas más. “Despierta el mito nacido de los dioses”, dice en un cartel sobre las mesas de juego. “Pero eso es la cobertura, lo que vende –agrega Claudio–. El juego en sí es la estrategia y saber administrar tus recursos para lograr reducir la defensa del oponente a cero jugando tus cartas”. Es que los jugadores, que representan a poderosos magos capaces de lanzar –mediante las cartas– diversos conjuros, o convocar a terribles criaturas, empiezan con un valor de “defensa” de 20, y para poder bajarle esas defensas y liquidar al rival, se necesitan esa energía, el Maná. En DIMA juegan al mejor de tres “vidas”.
Julio tiene 26 años y juega desde los doce. “El Magic tiene una estructura de juego única en cuanto a lo que es estrategia y formatos”, describe. Cada año salen al mercado tres o cuatro expansiones de este juego, por lo cual, la cantidad de cartas con las que uno puede armar un mazo (y las consecuentes estrategias) va aumentando. Además, dependiendo del formato, un mazo de cartas de Magic puede terne un mínimo de 40 cartas, otro un mínimo de 60, y otro, que es un formato particular y se juega sólo por diversión y no en torneos oficiales, 100 cartas por jugador.
Según cuenta Julio, el torneo que los convocó en DIMA es uno de formato “construido”. Es decir, cada jugador tiene un mazo de por lo menos 60 cartas, pero sin un límite máximo, siempre y cuando pueda manejarlo por sus propios medios y sin ayuda. “O sea, no podés tener algo tan grande que impida que puedas mezclarlo, manipularlo o presentárselo a tu oponente”, grafica Pablo. Los torneos se juegan con un límite de tiempo. Para Claudio, “si caes con una mazo de 400 cartas, vas a demorar un montón mezclándolo y cada cosa que hagas va a ser muy complicada. Si bien no hay un límite establecido en las reglas, hay un límite práctico.” Las cartas son coleccionables, como las figuritas. Se venden en sobres de 15 unidades, al azar. “Si necesitás alguna para completar el mazo que querés armar –dice Claudio –, la podés cambiar con otros jugadores.”
Hay torneos de Magic importantes tanto a nivel nacional como internacional. Se estima que 6 millones de personas lo juegan en todo el mundo. Este sábado, DIMA Games –cuyo local comercializa las cartas del juego, tableros, fundas para las cartas, cartucheras para los dados y todo tipo de accesorios– organizará en el Salón Basaldua (Av. Belgrano 1144) un clasificatorio para un torneo profesional, el Pro Tour de Magic 2015, que atraerá en Portland (EE UU) a jugadores de todo el mundo. Ese es el torneo en el que todo jugador de Magic anhela participar. Se llega por invitación, que se obtiene luciéndose en torneos menores. (Información sobre inscripciones en el e-mail <dimagames@gmail.com>).
Como todo encuentro con amigos, la idea es pasarla bien. Y cuando se acercan nuevos jugadores, el objetivo es que se integren. En un momento de la partida, Julio le explica a un rival novato algunas cosas que no tuvo en cuenta a la hora de jugar sus cartas. “La idea es hacer sentir cómodo al rival que recién está empezando, primero porque no es lógico sacar ventaja del error del otro, y segundo porque queremos jugar en buen nivel, y eso se adquiere aprendiendo”, resume Pablo. De hecho, hay torneos orientados a los jugadores que recién empiezan que se basan en el aspecto social del juego y tienen reglas menos rígidas, como para que nadie se asuste la primera vez.
Los tres jugadores coinciden: “Venimos a divertirnos.” Julio asegura que descubrió que “si no socializás, en algún momento terminás dejando. Entonces, empecé a conocer gente, a hacer amigos, a juntarme para ir a comer y de ahí ir al torneo.” Pablo dice que juega para distenderse de la semana. “Empezás viniendo por las cartas y conocés gente. Después es al revés: venís a estar con gente y en el medio están las cartas. Cambiás las prioridades.” Y finaliza Claudio: “Hay por el mundo jugadores profesionales de Magic, que se ganan la vida haciendo esto. Nosotros estamos acá porque nos cagamos de risa con amigos y ya”. «

As en la manga: Con tres o cuatro “expansiones” (ediciones de nuevas cartas) al año, muchos fanáticos critican que se requiera una inversión de dinero sostenida para mantener un mazo de cartas competitivo. Así, no siempre gana el más hábil sino el que mejores cartas adquiere.

Profesor mago: El juego Magic: The Gathering, tal su nombre original, fue diseñado en 1993 por el profesor de matemáticas estadounidense Richard Garfield para la empresa Wizards of the Coast, que es la que diseña y comercializa las cartas.

Cartas “de culto” y menos ocultismo: Existen, editadas desde 1994, unas 8000 cartas distintas de Magic. Se venden en sobre de a 15, pero son también objeto de un mercado paralelo de trueque y compraventa. Algunas cuestan un dólar, y otras, las más antiguas o escasas por no haber sido reeditadas –cartas “de culto”– o que por su diseño tienen un gran valor estético, pueden costar varios cientos de dólares. La carta “Black Lotus” es la más cara entre los naipes llamados “jugables”. Y hay otras tres que no tienen utilidad durante el juego y fueron diseñadas especialmente por Garfield: de una de ellas se realizaron apenas dos copias y su cotización para los fanáticos del Magic no tiene techo.
En los primeros años, Wizards of the Coast recibió críticas por los diseños que hacían referencia a demonios o a temas del ocultismo (pentagramas invertidos y otros íconos de la magia negra). Esas barajas pronto dejaron de ser editadas, pero regresaron al mercado a partir del año 2002, cuando el director creativo de Magic zanjó la cuestión advirtiendo con ironía que sólo se permitirían diseñar “demonios divertidos”.

Fuente: Tiempo Argentino

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