Buenos Aires, 22/10/2017, edición Nº 1803

Un homenaje a los taxistas que forman parte del paisaje porteño

El monumento al taxi está frente al Dique 4 de Puerto Madero. Representa a un chofer en su viejo Siam Di Tella, emblema de la década de 1960.

Por Eduardo Parise

(CABA) El hombre está de pie y en su mano derecha sostiene la tradicional billetera rectangular y de cuero, un clásico en su oficio, aunque ahora sean de plástico. Se lo ve acodado cómodamente como si se tratara de la barra de un bar. Pero no lo es porque el punto de apoyo lo aporta un Siam Di Tella 1500, ese modelo de automóvil que en la década de 1960 y algunos años más fue sinónimo de taxi en Buenos Aires.

Realizado en tamaño natural, el monumento fue creado como homenaje a los miles de choferes que día y noche forman parte del paisaje porteño como integrantes de otro servicio de transporte en una Ciudad grande en extensión y millonaria en población.

Inaugurada el 16 de noviembre de 2012, la obra está en Avenida de los Italianos y Macacha Güemes, Puerto Madero. Su autor es el artista plástico Fernando Pugliese, un hombre que, además, es músico, abogado e historiador. Dicen que de chico (cuando estaba pupilo en un colegio en Quilmes), en la madera de los lápices y con una hojita de afeitar, tallaba la cara de sus profesores. Creador de más de mil obras, el monumento dedicado al taxista se lo encargó la gente del Sindicato de Peones de Taxis, quienes lo donaron a la Ciudad. Tanto el trabajo como su emplazamiento fueron aprobados por los legisladores porteños.

El monumento Al Taxista (según su nombre oficial) se hizo usando un material sintético que se suele utilizar en la industria naval. Son polímeros especiales que soportan los rigores de la intemperie y que luego pueden recibir un patinado especial que los hace parecer de bronce. Por supuesto, el costo es mucho menor al que generaría el uso de ese metal. Después de debatir cómo sería la obra, se optó por la réplica de un Siam Di Tella. Seguramente para esa decisión fue clave el recuerdo de la historia de Rolando Rivas, taxista, aquella novela que, con libreto de Alberto Migré, se hizo muy popular en esos años. El personaje, desarrollado por el actor Claudio García Satur, comenzó usando un auto de esa marca.

Claro que no fue la única que formó parte de los “vehículos de alquiler con reloj taxímetro”, como se denomina al taxi en la jerga oficial. En el rubro automóviles se destacaron el Chevrolet 1951 (eran famosos los de color verde aceituna con visera y tapizado de cuero color habano); los Mercedes Benz 170 (conocido como “hormiga negra”) y 180; los Peugeot 404 y 504 y los Ford Falcon que, por su dureza, resistieron hasta los años 90. Pero los viejos Siam Di Tella se ganaron su fama por el bajo costo de mantenimiento y su mecánica simple. Entre los taxistas se suele recordar que muchos de esos vehículos, con las reparaciones y rectificaciones de motor correspondientes, superaron largamente el medio millón de kilómetros recorridos.

Pintados de amarillo y negro para cumplir con una ordenanza de 1967, Buenos Aires cuenta con cerca de 40.000 taxis. Antes de ese año, podían estar pintados de cualquier color y sólo se los identificaba por la “banderita” del reloj, que llevaba impresa la palabra “libre” en letras blancas sobre un fondo rojo. La leyenda dice que hubo un tiempo en que se afirmaba que los taxis debían cambiar ese color porque el Correo Argentino, que también tenía sus vehículos pintados de amarillo y negro, le había ganado un juicio al municipio. Pero, a juzgar por lo que se ve en las calles porteñas, aquello parece no haber pasado de la categoría de mito urbano.

Claro que el monumento al taxista no es el único que se luce en el barrio de Puerto Madero. También en la zona hay obras de vieja data o de reciente factura. Entre los últimos se inscribe el monumento Al tango, simbolizado con un gran bandoneón hecho con acero inoxidable. Está en Azucena Villaflor y Avenida de los Italianos. Pesa dos toneladas, mide tres metros y medio y lo ubicaron sobre un pedestal que lo eleva a casi dos metros del suelo. Sus autores lo nombraron “Virulazo”, en homenaje a un histórico bailarín del tango. Pero esa es otra historia.

monumento taxi4

Fuente: Clarín

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