Buenos Aires, 20/11/2017, edición Nº 1832

Un grupo de técnicos chinos, la ‘garantía’ de los trenes del Sarmiento

Son 27 especialistas que arman y prueban los coches. No hablan español, tienen cocinero propio y viven en un hotel. Se quedarán en el país hasta febrero. (CABA) La renovación de trenes en la línea Sarmiento tiene, además de la millonaria inversión realizada por el gobierno nacional, otro pilar no tan conocido pero no por eso menos importante. Detrás de los detalles de cada coche hay un grupo de 27...

Son 27 especialistas que arman y prueban los coches. No hablan español, tienen cocinero propio y viven en un hotel. Se quedarán en el país hasta febrero.

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(CABA) La renovación de trenes en la línea Sarmiento tiene, además de la millonaria inversión realizada por el gobierno nacional, otro pilar no tan conocido pero no por eso menos importante. Detrás de los detalles de cada coche hay un grupo de 27 especialistas chinos, entre ingenieros y técnicos, que están encargados del armado, las pruebas y la resolución de los inconvenientes que pudieran surgir al colocar en las vías los flamantes vagones de última generación.

El grupo de expertos llegó al país en febrero de este año, junto con la primera entrega de las formaciones. Están para cumplir con lo que estipula la garantía que el gobierno nacional firmó con la proveedora china CSR y se encargan del ensamble de las partes que no vienen instaladas de fábrica, como las conexiones eléctricas y neumáticas de los vagones, entre otras tareas. El esquema laboral casi no les da respiro: durante el día acondicionan los trenes nuevos y por las noches y hasta la madrugada –fuera del horario de servicio–, realizan las pruebas de las unidades en las vías, que incluyen frenado, aceleración, velocidad, consumo eléctrico, aire acondicionado, entre otras que completan el protocolo de nueve observaciones, contó Perfil.

El idioma, sin embargo, todavía es un tema a resolver. Excepto durante el tiempo que Mario está presente, la comunicación con los trabajadores del taller es casi nula. Mario es un joven oriundo de China, pero que lleva muchos años instalado en Villa Luro. El no sólo oficia de traductor sino que también corre con los trámites de la delegación. Su presencia asegura el diálogo entre locales y visitantes. Pero cuando no está, el intercambio queda supeditado al 3G de los teléfonos celulares y al Google Translate.

Así las cosas, la relación con sus pares argentinos marcha sobre rieles. Eso sí, mientras no se presente algún imprevisto con un tren. “Ante cualquier ajuste que le pidamos y que salga de lo común, empiezan con los peros”, cuenta resignado un experimentado trabajador de la línea. Y en episodios de este tipo, el nulo dominio del idioma les juega a favor: “responden con los dedos, con el gesto de quien escribe en un teclado”, cuentan en el taller, que ya saben que el significado de la seña es que las solicitudes extraordinarias las deben pedir por escrito a la casa matriz. Escenas de este tipo se dieron, por ejemplo, cuando pidieron a China la traducción de los manuales y varios repuestos de los coches.

Perfil visitó el taller de Castelar y los diez orientales presentes en ese momento estaban abocados al reemplazo de un parabrisas en una formación que llegó así al país. Allí ocuparon un rincón que desde febrero nadie se atreve a invadir. Marcaron territorio con la colocación de un organigrama de la delegación y un cartel con el logo de la empresa CSR y la leyenda “Equipo de servicio posventa para Castelar Línea Sarmiento”. No dejan detalle librado al azar, incluso en lo relacionado a cuidar su indumentaria de trabajo. Hartos de la suciedad de las palomas que invaden el tinglado del taller, con un recorte de cartón se las ingeniaron para improvisar una suerte de alero protector. La eficacia del recurso está a la vista, tanto en el invento como en sus impecables trajes.

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