Buenos Aires, 18/11/2017, edición Nº 1830

Tres millones de personas compraron dólares en 2011

Casi la mitad de las operaciones de compra de dólares en la Argentina durante 2011 se concentró en montos inferiores a US$10.000. Según datos oficiales, tres millones de personas eligieron refugiarse en la divisa estadounidense en el año en que la fuga de capitales llegó a US$21.504 millones. El informe del Banco Central sobre la “Evolución del mercado único y libre de cambios” indica que, en 2011, el 6% de...

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Casi la mitad de las operaciones de compra de dólares en la Argentina durante 2011 se concentró en montos inferiores a US$10.000. Según datos oficiales, tres millones de personas eligieron refugiarse en la divisa estadounidense en el año en que la fuga de capitales llegó a US$21.504 millones.

El informe del Banco Central sobre la “Evolución del mercado único y libre de cambios” indica que, en 2011, el 6% de las operaciones de compra de billetes fueron por menos de US$1.000. Además, el 26% involucró montos de entre US$1.000 y US$5.000.

El siguiente escalón, con compras de entre US$5.000 y US$10.000, correspondió al 14%. Así, el 45% de las adquisiciones no superó los US$10.000. Sólo el 6% de las operaciones fueron por montos superiores a US$1.000.000 (ver infografía).

En línea con esta información, en noviembre pasado, la titular del Central, Mercedes Marcó del Pont, había dicho públicamente que en los primeros nueve meses de 2011 “sólo el 11% de los mayores de 18 años compró billetes en el mercado”. Tomando como referencia el padrón electoral, este porcentaje equivale a 3 millones de personas.

“Son efectivamente pequeños ahorristas, que por una cuestión cultural, y además, por la percepcion de que el dólar está más barato que hace unos años, se refugian en el verde”, señala Eric Ritondale, de Econviews. Y agrega que a estas motivaciones se suma “cierto aumento en las expectativas de devaluación que hubo en los últimos meses del año anterior”.

Para Claudio Caprarulo, de la consultora Analytica, una de las explicaciones es que “un ahorrista medio no llega a comprar una propiedad o un automóvil, pero quiere preservar su capital recurriendo a la divisa”. También menciona que dentro de lo que se considera salida de capitales entra la demanda de divisas para turismo en el exterior, un segmento que incluye a gran parte de las compras de hasta US$5.000.

Por supuesto, la pasión argentina por el dólar no es el único elemento que explica la fuga de dólares en 2011. El informe del Central también apunta que “como es habitual, la estructura de la demanda de divisas para inversiones en el exterior se concentró en operaciones de los estratos más altos, en los cuales el 70% de la salida de fondos se explicó por compras mensuales superiores a US$1.000.000”.

Pablo Mareso, economista del Cefid-Ar (Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo de la Argentina), apunta que, en un primer momento, la salida de capitales “estuvo comandada por sectores que buscaban obtener una ganancia patrimonial a partir de sus expectativas sobre la evolución futura del tipo de cambio”. Mareso remarca que es esto “lo que desencadena el proceso de la fuga” y puntualiza que los medios de comunicación “juegan un papel importante al diseminar la idea de que está en riesgo la estabilidad del tipo de cambio”. Para el economista, es ahí donde se produce el segundo movimiento que incorpora a la demanda de dólares a gran parte de la clase media que busca una reserva de valor. Sin embargo, Mareso señala que “como lo muestran los datos sobre los montos de las operaciones de compra, el comportamiento agregado de estos ahorristas puede ser determinante para que los primeros logren alcanzar su objetivo”.

Los economistas coinciden en que un mercado atomizado es más difícil de domar. “Mientras más generalizado es el comportamiento, más difícil es de controlar”, dice Ramiro Castiñeira, de Econométrica. “El chiquitaje no mueve el amperímetro, va detrás del ritmo que marcan las grandes operaciones, que son las que mueven magnitudes financieras significativas”, sentencia.

Para Castiñeira, lo que motiva la corrida es la percepción de que hay debilidades en la macroeconomía: menos superávit comercial, pérdida de reservas y crecimiento del gasto público por encima de los ingresos. Frente a esto, el Gobierno aplicó las restricciones a la compra de dólares y consigue frenar la fuga, al costo de desdoblar el tipo de cambio. “Esto permite ganar tiempo para resolver la macro, pero si no se solucionan los temas de fondo, la salida de capitales, aun con restriciones, va a volver”, marca Castiñeira.

A finales de 2011, la fuga de capitales disminuyó a partir de las restricciones cambiarias (ver recuadro). “En tres meses, el Ejecutivo pasó a administrar toda la demanda de dólares de la economía, controlando tanto las operaciones comerciales como las financieras”, dice Ecolatina. Los controles comenzaron con las trabas a la venta de divisas a privados, y avanzaron hasta el régimen de autorización previa a las importaciones que empezó a regir este mes.

Para este año, controles cambiarios mediante, se espera que la salida de capitales baje drásticamente a US$10.000, según los cálculos de Ritondale. Desde Finsoport indican que “la salida de capitales que podrá producirse el año próximo es una incógnita, pero en los últimos años no ha sido inferior a US$ 9.000 millones”. Castiñeira coincide con estas cifras: “la salida será menor de US$10.000 millones”, dice. Para explicar por qué se daría una dismunición tan marcada respecto de 2012, el economista señala el efecto de los controles, pero también dice que “las reservas del Banco Central están resguardadas contra una corrida. Sí se verá afectada la cotización en el mercado paralelo y la suba de las tasas de interés con la que se buscará contener a la divisa”. Hoy, la brecha entre el dólar oficial y el paralelo es del 10%. “Mientras esa brecha no se desboque, la situación es controlable”, sostiene.

Desde Analytica indican que en un escenario moderado, la salida de capitales en 2012 no debería superar los US$12.000 millones. “Principalmente porque el factor elecciones ya no se presentará y, a su vez, porque el Gobierno está dando señales que indican que buscará bajar la nominalidad de la economía”. Para Caprarulo, un clima de mayor estabilidad, sumado a la devaluación que está sufriendo el dólar, irá haciendo menos tentadora la compra de divisas para guardarlas bajo el colchón frente a otras opciones de inversión. “A mediano plazo, el Gobierno debe ponerse como objetivo minimizar el fetichismo argentino hacia el dólar para reducir el factor estructural de la fuga”, indica.

Diego Giacomini, de Economía y Regiones, apunta que “hay que mirar bien cómo vienen los primeros meses de este año y la sustentabilidad a largo plazo de estas medidas. A mediano plazo, la eficiencia de los controles se va a ir erosionando”. Según Mareso, “la actual regulación debería ser acompañada por un mayor control sobre mecanismos de fuga no tan fáciles de detectar, como pueden ser los precios de transferencia y la subfacturación de exportaciones”.

Si bien la sangría de divisas se frenó con los controles, otros problemas continúan vigentes. “Desde la intervención gubernamental en el mercado cambiario, los depósitos en moneda americana comenzaron a emigrar de los bancos. A pesar de que la situación es más tranquila que la vivida en los últimos dos meses del año pasado, el retorno de los depósitos en dólares aún resulta modesto”, sostiene Reporte Económico.

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