Buenos Aires, 24/11/2017, edición Nº 1836

Tratando de entender la economía argentina

La agenda comienza a delinearse y no habrá cambios racionales sino emocionales Por Tomas Bulat (*) Para los porteños, estar en Uruguay es como estar en casa, del mismo modo que para los uruguayos ir a Buenos Aires es el viaje más corto y simple de hacer. Pero cuando se trata de analizar la economía -sobre todo durante la gestión del último gobierno de Kirchner- la cosa se pone más...

La agenda comienza a delinearse y no habrá cambios racionales sino emocionales

Por Tomas Bulat (*)

tomas-bulatPara los porteños, estar en Uruguay es como estar en casa, del mismo modo que para los uruguayos ir a Buenos Aires es el viaje más corto y simple de hacer. Pero cuando se trata de analizar la economía -sobre todo durante la gestión del último gobierno de Kirchner- la cosa se pone más difícil de entender para todos (y todas). La idea es escribir sobre la lógica económica de la Argentina. Claro, sé que suena contradictorio, casi un oxímoron, pero lo voy a intentar.

Argentina es el octavo país más grande en extensión territorial del planeta, pero solo el número 44 en población. Es el número 74 en densidad poblacional. Es decir, se trata de un país excedentario. Le sobra de todo en relación a su población. La puede alimentar, le puede dar energía, ofrece variedad de climas benévolos y es –básicamente- anómico. Es decir las normas de convivencia son solo usadas si no van en contra de nuestros intereses, sino serán ignoradas o sorteadas.

Hay una famosa frase que nos define. ”La ley en Argentina es, en el mejor de los casos, una sugerencia”. Por eso se aprueban leyes importantes en 15 o 20 días sin debate en el Parlamento. Luego se ve, en la práctica, si funciona o no y si se logran aplicar o no.

Argentina es un país volátil, emocional, pero no por ello impredecible. Muchas veces cuando de afuera se lo ve, se confunde volatilidad con impredecibilidad. Es un país que crece tres años al 8 % anual y después cae  6 % con la misma “sorpresa” con la que “creció”. Esta inestabilidad es parte de la emocionalidad con la que se vive en Argentina, pero su historia tiende a repetirse y el saber común dice que cada diez años en Argentina hay una “crisis”. Es decir volatilidad con predictibilidad.

Te amo, te odio, dame más

Este título está tomado de una canción de Charly García que nos describe en detalle. El argentino ama y odia, nada de emociones equilibradas. No hay espacio para la razón, triunfa la emoción.

La economía es siempre un reflejo de la cultura de un país. Ni más ni menos. A la economía argentina hay que tratar de entenderla dentro de su propia cultura. Cuando un problema empieza, por ejemplo cuando surgen los primeros síntomas de inflación, no se toman medidas para corregirla, se dobla la apuesta. Es a todo o nada. Cuando se da un subsidio a algún consumo no se lo regula, se lo da como derecho sin medir costos, ni consecuencias. De igual modo, cuando entra el dólar en juego, una relación de “te amo, te odio y fundamentalmente dame más” toma su máximo vigor.

Es que cuando la macroeconomía entra en desequilibrio, que se manifiesta en una inflación creciente, o en un importante atraso cambiario -copiando el famoso deme dos de los 70 o los 90-, no se hace un ajuste para corregir disminuir la inflación o frenar el retraso cambiario. Se lo ignora, se lo patea para adelante, agudizándolo. Luego de no ser más sostenible finalmente se llega al ajuste abruptamente. Esta es la historia.

Agosto, octubre y después…

Mañana domingo 11 de agosto se desarrollarán las elecciones primarias cuyo resultado seguramente marcarán el fin de un ciclo político. Es casi imposible que la presidente argentina consiga modificar la Constitución e ir por una nueva reelección. Por lo tanto, empieza una etapa de transición que va a ser turbulenta, como los son siempre las transiciones en la economía y la política Argentina.

Si el gobierno pierde en la provincia de Buenos Aires, se encontrará frente a un proceso de debilidad creciente; entre otras cosas, porque el peronismo comenzará la búsqueda de un líder sucesor, mientras que en el frente económico las restricciones serán aún más fuertes.

Debilidad política con ajustes o más restricciones traerán malestar creciente, que se traducirá en mayores restricciones financieras y un dólar paralelo más elevado, lo cual promoverá entre otras cosas el turismo de visita corta de montevideanos a Buenos Aires.

A partir de este fin de semana, la agenda de 2014 comienza a delinearse. No habrá cambios armónicos ni racionales, sino pasionales.  Así que Argentina seguirá siendo Argentina. Con sus vicios y virtudes.

 

(*) Tomas Bulat es economista

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