Buenos Aires, 28/03/2017

Valentín llegó a Retiro caminando con nuevas piernas ortopédicas

Había viajado a Tucumán para buscar las prótesis que le donaron. “Es una alegría inmensa”, dijo el papá tras 27 agotadoras horas de viaje.

(CABA) “Abuelooooo!”, gritó exultante Valentín Benítez desde arriba del vagón que lo trajo ayer desde Tucumán, tras 27 agotadoras horas de viaje. El cielo plomizo de Retiro dejaba caer una tenue llovizna pasadas las 17.30, pero la familia del nene de 8 años tenía la felicidad a flor de piel: regresaban a casa con su pequeño caminando con nuevas piernas ortopédicas.

Mirta y Guillermo son los abuelos que esperaban a Valentín en el andén 9 de Ferrocarril Mitre. Carlos y Mari, los otros abuelos, se quedaron en la casa de Virrey del Pino, en La Matanza, preparando canelones y un recibimiento sorpresa que incluía carteles, globos, sorpresas y mucho amor. “Es una nueva vida”, dijo Mirta, que había llevado un andador para su nieto, quien le pregunto no bien bajó: “¿me viste en la tele?”.

Es que su caso tomó notoriedad porque a los 3 años fue diagnosticado con una enfermedad conocida como púrpura fulminante que obligó a que le cortaran las piernas por debajo de las rodillas y los dedos de ambas manos, en diferentes medidas. Luego comenzó la batalla de los papás para conseguir las prótesis. Lograron unas del Gobierno sin demasiados resultado, le lastimaban. Las arreglaron, pero Valen nunca se sintió cómodo. En 2015 volvieron a operarlo y usó las prótesis por última vez en marzo y abril de este año. Comprar unas nuevas, por el alto costo, se les hizo cuesta arriba. Hasta que desde Tucumán el ingeniero Edgardo Karschti ofreció su ayuda tras ver en Facebook el pedido desesperado de los padres. Y no lo dudó: diseño prótesis con impresora 3D en conjunto con los estudiantes de ingeniería biomédica Andrés Godoy y María José García Cabello. Por si fuera poco, en forma gratuita.

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A Valentín el viaje le dio hambre, por eso su abuelo le fue a comprar una enorme milanesa y una gaseosa. También para su hermanita de 11 años, Priscilla. Este, sin embargo, no fue el último viaje de la familia a Tucumán ya que deberán volver para los retoques y algunos cambios. Los espera, aún, un largo peregrinaje. “Fui a la cancha de Atlético de Tucumán”, le explicó el chico a Clarín mientras sus papis le colocaban las prótesis. “Cuando se las pusieron por primera vez nos dijo “estoy aburrido”, y se fue a caminar y hasta subió escaleras. En el tren iba de un lado al otro”, contó Karina, su mamá. “Esta es una alegría inmensa, ya nos dimos cuenta que le iban bien desde el principio”, afirmó papá Pablo, que es peluquero y única fuente de ingreso económico.

No hay medida para la felicidad de los Benítez, claro. Se les nota en sus rostros, se les escucha en el tono de sus palabras. Pero en estos días comenzaron otra lucha: no tienen obra social y buscan una con un centro de rehabilitación. También esperan conseguir apoyo para que los viajes a Tucumán sean en avión ya que los traslados ida y vuelta de unas 54 horas (ida y vuelta en tren), si bien son muchísimo más económico que otro transporte, resultan agotadores para un nene tan pequeño.

“Las medias de siliconas salen 300 pesos cada una, las rodilleras, 350 pesos. Y él, luego de varios años, comenzó a recibir una pensión que no supera los 3 mil pesos”, responde la mamá cuando se le consultó sobre los apoyos oficiales que recibía. “Teníamos una plata que nos había dado el Senado y la utilizamos ahora”, dijo Karina.

Se ríe otra vez Valentín y su cara se infla de felicidad. En estos días volverá a clase. Y si la suerte lo ayuda y se le cumple su gran deseo, podrá patear un rato la pelota junto a su ídolo Carlos Tévez. Dulce sueño de niño. NR

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Fuente: Clarín

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