Buenos Aires, 16/12/2017, edición Nº 1858

Tours de vinos en locales de ropa

Es una flamante tendencia. Sommeliers de bodegas ofrecen vinos de alta gama para degustar dentro de comercios de ropa, accesorios y decoración. El 60% de los asistentes son argentinos y sólo 20%, turistas del exterior En Buenos Aires, las degustaciones de vino ganaron la calle. Ya se puede saborear un buen exponente de la bebida nacional mientras se observan objetos de diseño, decoración, prendas de indumentaria o accesorios varios. En...

Es una flamante tendencia. Sommeliers de bodegas ofrecen vinos de alta gama para degustar dentro de comercios de ropa, accesorios y decoración. El 60% de los asistentes son argentinos y sólo 20%, turistas del exterior

En Buenos Aires, las degustaciones de vino ganaron la calle. Ya se puede saborear un buen exponente de la bebida nacional mientras se observan objetos de diseño, decoración, prendas de indumentaria o accesorios varios.

En Buenos Aires se organizan “Wine Tours” por distintos barrios, donde sommeliers de bodegas muestran sus vinos de alta gama a los asistentes en locales de moda y de diseño. Así, los aficionados degustan buenos vinos y, con copa en mano, van de un local a otro, donde les ofrecen rebajas especiales.

Comencé con el proyecto hace seis años, con la idea de ofrecer una alternativa de salida nocturna, utilizando los locales de moda y diseño como lugares para eventos”, explica Sol Linares, creadora de WTU (Wine Tour Urbano). Cada año la propuesta fue creciendo en participantes, comercios y bodegas y cambiando de barrio. “Se realiza el tercer viernes de cada mes, de marzo a diciembre. Cada fecha elegimos dos variedades de vinos. La próxima, el 16 de marzo, serán malbec y merlot en un circuito en el Casco Histórico porteño; en abril, syrah y cabernet sauvignon”, precisa.

Para participar, se compra una copa por $ 100, con la que se pueden probar todos los vinos. “El costo de la copa es elevado, porque es de cristal y queremos restringir el ingreso para que sea una buena experiencia, al igual que el número de bodegas, que no superan las 15. Si quieren volver a participar en otro circuito, traen la copa y pagan la mitad”, comenta Linares.

Participan unas 150 personas por circuito, pero en cada local se restringe la capacidad a 20. “Cuando comenzamos, la mayoría de los asistentes eran extranjeros. Pero ahora un promedio de 60% son argentinos; un 20%, extranjeros residentes en el país y un 20%, turistas del exterior”, cuenta. Hombres y mujeres se reparten casi en proporciones iguales, con un promedio de edad de 28 a 40 años.

Según Linares, es una alternativa válida para salir con amigos o conocer gente. “Algunas personas vienen desde hace años a todos los circuitos, porque les divierte y usan la actividad para presentar su pareja a los amigos o salir con grupos de amigos diferentes. Algunos vienen también con los hijos y otros solos, pero enseguida se enganchan en algún grupo”, explica.

Entre las zonas de los WTU, figuran Palermo, el Puerto de Frutos de Tigre, el Casco Histórico porteño, el shopping Canning Design (Ezeiza) o la calle Arenales (Barrio Norte).

Durante las tres horas del circuito (de 19 a 22), los comercios ofrecen de 10% a 30% de descuento y, al final, cada local sortea algún producto entre los asistentes. El evento termina con pizza o tapeo libre en un restaurante, entre todos. Entre los locales que participan, figuran Roche Bobois, Living Design, Carteras Italianas, Awada, Vincent & Miles, Garcon García, Las Rozs, Vivendi, Ossira y Las Pepas, entre muchos otros.

Cada bodega elige un comercio del circuito; así, un sommelier de una misma bodega ofrece marcas de $ 60 o más para degustar en cada local. Finca Flichman, Bodegas Bianchi y otras más pequeñas, como Séptima, Weinert, Secreto Patagónico, Saldungaray y Mauricio Lorca son algunas de las habituales. Si bien las bodegas no pueden vender vino en el evento, el circuito les sirve para difundir más sus marcas y crear lazos con potenciales clientes.

Linares intentó llevar la experiencia a otras ciudades, como Mar del Plata, Rosario, Cariló y Punta del Este, pero no tuvo éxito por la reticencia de los locales a extender su horario de cierre.

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