Buenos Aires, 19/11/2017, edición Nº 1831

Tom Lupo: “Soy un simple obrero del lenguaje”

El psicoanalista, conductor, escritor e intérprete de poemas, lanzó Giro Hondo, un CD que reúne 16 textos del mítico Olivero Girondo. El presente de la poesía, su rol en los medios y su defensa de la cultura nacional. Sin la espada, ocasionalmente con la pluma y ante todo con la palabra. Tom Lupo no tiene himno, ni una vida y obra que atraviesen más de un siglo de historia argentina....

El psicoanalista, conductor, escritor e intérprete de poemas, lanzó Giro Hondo, un CD que reúne 16 textos del mítico Olivero Girondo. El presente de la poesía, su rol en los medios y su defensa de la cultura nacional.

Sin la espada, ocasionalmente con la pluma y ante todo con la palabra. Tom Lupo no tiene himno, ni una vida y obra que atraviesen más de un siglo de historia argentina. Sin embargo, con 66 años bien vividos sobre sus espaldas, este psicoanalista, conductor, escritor e intérprete de poemas, alma sensible y a la vez eléctrica, bien puede reconocerse como un agitador cultural. Lupo nació en el Chaco como Carlos Galanternik y se fue transformando en leyenda merced a sus acrobacias dialécticas y su compromiso para con los nuevos valores del rock local.

Todo comenzó en los ’80 con el Tom Lupo Show (Radio del Plata), donde dejó testimonio con su particular estilo de los primeros pasos de los por entonces ignotos Sumo, Soda Stereo, Los Redondos, los Ratones Paranoicos y Los Fabulosos Cadillacs. Desde entonces su figura siempre resonó en la radio, la cultura rock y cada vez más como militante poético. La reciente edición de Giro Hondo, un CD en el que interpreta textos de Oliverio Girando, pone en primer plano la faceta que más lo apasiona.

El disco, recientemente editado por el sello Acqua Records, reúne dieciséis poemas de Girondo interpretados por la voz profunda y curtida de Lupo y musicalizados en forma casi lateral por el mismísimo León Gieco, su hija Joana y su mano derecha Luis Gurevich. “Nocturno”, “Apunte callejero”, “Exvoto”, “Aparición urbana”, “Puedes juntar las manos”, “Mi lumía” y “Gratitud”, son algunos de ellos. La génesis de este proyecto surgió con la participación de Lupo en el programa Café Cultura (impulsado por la Secretaría de Cultura de la Nación), con el que recorrió buena parte del país recitando poesías de Jorge Luis Borges, Alejandra Pizarnik, Federico García Lorca, Leopoldo Marechal y, por su puesto, Girondo.

“Noté que a los jóvenes les resultaba particularmente atractiva la poesía de Girondo. Muchos no lo conocían y se sorprendían tanto por su belleza como por su impacto. Yo ya había editado un CD de poesías que se llamó En mi propia lengua. Allí incluí textos de poetas argentinos y españoles con la musicalización de Fernando Samalea. Decidí grabar otro y fue todo de Girondo por razones de pasión y del arte de lo posible, como suele suceder en la vida. Para poder incluir en un CD material de un poeta se necesita la autorización de quienes tienen los derechos de su obra. Justo conocí a Susana Lange (la sobrina nieta de Norah Lange, mujer de Girondo), que asistió a uno de mis recitales en el Centro Cultural Recoleta, le pregunté si me autorizaba a grabar algunos poemas y me dijo que sí inmediatamente. No necesitamos mayores trámites ni papeleos. Más adelante me gustaría hacer algo similar con la obra de Marechal y Borges”, revela Lupo.

Paralelamente, conduce el programa En mi propia lengua (Radio Nacional, domingos de 16 a 18 horas) y Taxi (Radio Provincia, lunes y viernes de 16 a 17). También funciona como una especie de invitado crónico en el programa Bendita (Canal 9), lo que no deja de resultar sorprendente. El conductor puntualiza: “Conocí casi casualmente al Beto Casella y sintonizamos enseguida. Es un tipo con mucho estaño. Me propuso meter un poema en el prime time de la TV cada vez que voy al programa y me pareció un espacio al que no podía renunciar. Desconozco mucho de los temas que se tratan en Bendita. No estoy al tanto de la gran obra de gente como Moria Casán. Pero lo tomo como una oportunidad laboral.”

–¿Cómo hizo la selección de poemas para el disco?
–Tomé sus obras completas, las volví a leer de principio a fin y fui eligiendo de a uno. Básicamente busqué poemas no muy crípticos, ni muy largos. La poesía es un género maravilloso, pero hay que abordarlo con el mayor de los cuidados para generar las mejores respuestas. Me gusta que los recitados sean breves, más acotados que un tema musical. Y después lo puedo definir con una frase que no recuerdo a quién se la escuché pero siempre la uso: toda antología es una antojolia. Es decir, el criterio dominante tiene que ver con el gusto y la percepción personal. Seguro que si otra persona graba un CD con poemas de Girondo optaría por una selección diferente y tendría la misma legitimidad. No existe un ranking intocable de ningún artista.

–¿Tuvo en cuenta la musicalidad de los textos a la hora de elegir?
–Sí. Algunos tienen una cadencia o emoción que le dan un valor agregado a la hora de recitarlos. Por ejemplo, “Poema 1”, con el que abro el CD, ofrece una potencia y dinámica extraordinarias. En un fragmento dice: “No soy yo quien escribe estas palabras huérfanas”. Cualquier teórico lacaniano suscribiría hoy esa frase. Es un concepto muy moderno que hasta se adelanta al psicoanálisis. Su movimiento natural hasta nos eximió de ponerle música.

–¿Ensayó mucho los poemas antes de grabarlos?
–Los trabajé igual que cuando recito en público. Los leo varias veces primero y busco ciertas palabras clave para darle un énfasis o arrastre particular. En el estudio me lancé como si fuera una presentación en vivo. Sin segundas tomas, ni nada por el estilo. En esta oportunidad grabé todos los poemas menos uno sin la música. Esa excepción surgió a partir de un pedido de León, que fue proponiendo músicas para todos los textos, en alguno coincidimos en que debían quedar en seco y ese caso particular tuvo que ver con que le gustaba tanto una música de Luis Gurevich que me pidió que le buscara un poema que se adapte. Finalmente fue “Destino”, lo recité escuchando la música y creo que quedó muy bien. El aporte de Joana Gieco también surgió del entusiasmo y resultó muy productivo.

–En los últimos tiempos se ven cada vez más recitales de poesía. ¿Sigue este fenómeno?
–Sí. Se percibe cierta ebullición que hasta hace un tiempo no se veía. Quizás no sea casual. El rap es cada día más popular y esencialmente se trata de un juego donde el protagonismo lo tiene la palabra. El fenómeno Calle 13 es muy claro al respecto. Quizás estemos viviendo un retorno de la poesía. Ojalá. Una de sus fortalezas es que se trata de un arte que trabaja con un bien social de acceso público como el lenguaje. No todos tienen dinero, no todos tienen educación, pero casi todos acceden al lenguaje.

–Históricamente, fue un gran militante del rock local. ¿Está un poco desencantado con el presente del género?
–No desencantado. Pero me permito más infidelidades. Siempre fui un pequeño militante de la difusión de lo nuestro. Me parecía una batalla que había que dar, sobre todo en un momento en el que los medios prácticamente sólo pasaban música en inglés. Pero esa resistencia sigue siendo necesaria. En los últimos años muchos jóvenes se acercaron con pasión al folklore y al tango, y eso me atrae mucho. Es nuestra música y considero necesario redescubrir y prolongar esas raíces. La poética de un Homero Manzi es esencial para la humanidad. Por eso ahora también me gusta musicalizar con Liliana Herrero, Fanfarrón, la Orquesta Típica Fernández Fierro, Dema y su Orquesta Petitera, Melingo y tantos otros. Si nos quedamos de brazos cruzados la difusión globalizada nos pasa por arriba.

Oliverio Girondo

Una rabiosa actualidad que conmueve Giro Hondo también puede constituir una fabulosa excusa para zambullirse definitivamente en la obra de Oliverio Girondo. A pesar de que sus textos proyectan una imperturbable contemporaneidad, Girondo vivió entre 1891 y 1967. Nació en Buenos Aires y su familia de muy buena posición económica le permitió asegurarse una amplia educación y repetidos viajes a Europa. Precisamente en sus visitas al Viejo Continente se codeó con diversos poetas vanguardistas, lo que estimuló su creatividad aunque nunca le hizo perder un registro propio. Su primer libro de poemas fue Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (1922), al que le siguieron Calcomanías (1925), Espantapájaros (1932), Persuasión de los días (1942), Campo nuestro (1946) y En la masmédula (1954), considerado su trabajo más experimental y de ruptura. La obra de Girondo tuvo diferentes etapas y perspectivas. Pero nunca es solemne, ni soberbia. Sus poemas pueden sostenerse en climas existenciales, pero nunca exentos de ingenio y rara vez de humor. Acaso todo esto junto, articulado con su singular talento, sea la fórmula de una rabiosa actualidad que no deja de sorprender.

Luis Alberto Spinetta, una mirada luminosa eterna

La muerte de Luis Alberto Spinetta provocó una fuerte conmoción en los fans del rock y en gran parte de los argentinos. “Tuve pocos encuentros con él –reconoce Lupo–. Pero todos fueron inolvidables y siempre me hizo sentir que le gustaba hablar conmigo. Y yo siempre sentí que salía transformado por haber estado con alguien que tenía una mirada luminosa, eso que antes llamábamos surrealista.”

Lupo destaca de la obra del Flaco “su poética y algunas canciones que ya suenan para siempre y nunca van a dejar de emocionar”. Pero ante todo subraya su permanente búsqueda: “Su capacidad para terminar una etapa y empezar claramente otra. Spinetta siempre cumplió con esa máxima nietzcheana que dice: ‘Di tu palabra y rómpete’”.

El conductor cierra su reflexión con una historia más personal: “Yo conocía a Artaud antes de Spinetta, pero volví a bucear en él a instancias de la obra del Flaco y encontré pensamientos que se me habían pasado por alto. Aquí también influyó mi amigo Enrique Symms. Por ambos llegué a la frase medular de Don Antonin que por ahora ninguna religión ni ciencia pudo superar o lograr una respuesta que calme esa sed: ‘La razón de ser, no ha sido descubierta’”.

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Miradas al Sur. Sebastián Feijoo

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