Buenos Aires, 20/11/2017, edición Nº 1832

El test de VPH para prevenir el cáncer de cuello de útero, una estrategia pionera y modelo a nivel mundial

Desde hace pocos meses está disponible a nivel público en Florencio Varela, Ituzaingó y La Matanza.

(CABA) Sacar un turno. Ir al consultorio. Recostarse en la camilla para la extracción de la muestra que se envía al laboratorio. Buscar el informe. Volver al ginecólogo con los resultados. De rutina para muchas, lejano para otras tantas a quienes diversas barreras (geográficas, culturales, económicas) les impiden hacerse periódicamente un Papanicolau (Pap). Esa es la principal razón por la que, pese a ser prevenible casi por completo, el cáncer de cuello de útero sigue produciendo 5.000 nuevos casos al año y 2.000 muertes. Para bajar esas cifras, el Ministerio de Salud implementó una estrategia pionera y modelo a nivel mundial: la introducción del test de VPH como método de tamizaje primario, al que ya accedieron casi 200 mil mujeres de cinco provincias y tres municipios del Conurbano bonaerense.

Lo que hace altamente prevenible a este tipo de cáncer ginecológico -el segundo más frecuente detrás del de mama- es que desde que se producen los primeros cambios en las células hasta que aparece el cáncer transcurren en promedio de 10 a 15 años. El avance lento es una ventaja que se desaprovecha si la mujer en ese tiempo no accede a controles que permitan diagnosticar su condición de riesgo y tratarla antes de que evolucione. El test, que se realiza a mayores de 30 años, es un método eficaz de prevención porque posibilita detectar o descartar la presencia de los tipos de Virus de Papiloma Humano (VPH) que pueden generar esas alteraciones en las células del cuello del útero (que son las que detecta el PAP).

En los lugares en los que está disponible, el test de VPH ha duplicado la detección de lesiones precancerosas y cáncer y hemos logrado llegar a mujeres que nunca se habían realizado un Pap o que llevaban décadas sin hacérselo”, sostiene en diálogo con Clarín Silvina Arrossi, coordinadora científica del Programa Nacional de Prevención del Cáncer Cervicouterino (PNPCC) e investigadora del Conicet por el Centro de Estudios de Estado y Sociedad. Jujuy fue la provincia en la que debutó esta nueva tecnología de tamizaje, con un proyecto demostración que se desarrolló entre 2011 y 2014 en hospitales y centros de salud públicos. Los resultados mostraron que la estrategia no solo fue efectiva para aumentar la detección en comparación con el Pap (1,25% vs. 0,62%), sino que permitió llegar a más mujeres y alcanzar así la meta de cobertura.

La persistencia de cifras elevadas de mortalidad evitable, que se han mantenido estables durante 40 años, hacían imprescindible un cambio en la difusión y la metodología de la detección temprana, sostiene Roberto Pradier, director del Instituto Nacional del Cáncer (INC) en el prólogo del Manual para la implementación del test de VPH. En virtud de la exitosa intervención en Jujuy -que le valió una publicación en The Lancet, una de las revistas científicas más prestigiosas- la estrategia se amplió en 2014 a Catamarca, Misiones, Neuquén y Tucumán. Y desde hace pocos meses está disponible a nivel público en tres poblados municipios del territorio bonaerense: Florencio Varela, Ituzaingó y La Matanza. La carga de la enfermedad hacía clave esta incorporación: la provincia de Buenos Aires concentra el 34% de las muertes en el país y el 10% de esas muertes se producen en La Matanza. Se está trabajando para incluir a otros tres municipios bonaerenses y a las provincias de Chaco y Corrientes, y se espera la incorporación progresiva de todas las jurisdicciones del país en los próximos años.

“Desde el Programa hallaron que el test de VPH era una estrategia más adecuada para poder llegar a poblaciones difíciles de alcanzar”, comenta Adrián Moreno, jefe de Citología del Hospital Posadas. “Si con el Pap hubiéramos llegado a toda la población del país (o a prácticamente toda) casi no tendríamos cáncer de cuello de útero, porque las lesiones precursoras se pueden tratar y entonces se evita el cáncer”, analiza Moreno, quien está a cargo del equipo que procesará unas 2.100 muestras anuales tomadas en el establecimiento y en los ochos centros sanitarios que dependen del Posadas. En La Matanza, el hospital de referencia es el Diego Paroissien de San Justo (que procesará unos 18.900 test de 55 centros) y en Florencio Varela, el Hospital Mi Pueblo (4.300 de 42 centros).

Facilitar el acceso
El médico enfatiza que el test no reemplaza al Pap. “Es otra herramienta cuya función es encontrar a las mujeres que tienen más probabilidades de tener una lesión, para después seguirlas estudiando con el Pap, la colposcopía, la biopsia”. En las provincias en las que se aplica el test, se hace una toma conjunta con el Pap, cuyo resultado sólo se lee en caso de que el test sea positivo. Si el resultado del test de VPH es negativo, recién debe repetirse a los cinco años.

El objetivo de esta política de salud pública es reducir la incidencia y la mortalidad por este tipo de cáncer. “Estamos comenzando por los grupos de mujeres que hoy más lo necesitan y que están más en riesgo de tener la enfermedad. La incidencia de cáncer cervicouterino de la Ciudad de Buenos Aires es prácticamente la misma que en Finlandia. Las más afectadas son mujeres que tienen muchas dificultades sociales, económicas, de acceso a los servicios de salud y están atravesadas por cuestiones subjetivas y de género, como por ejemplo el pudor en la consulta ginecológica o los casos en los que los maridos se oponen a los controles”, dice Arrossi.

La efectividad del test de VPH radica principalmente en que tiene una alta sensibilidad sin requerir de estrictos procesos de calidad. El análisis de la muestra está automatizado (lo realiza una máquina), por lo que no requiere de un observador entrenado. La autotoma es otra de las posibilidades que ofrece el método y uno de los factores que contribuye al éxito de la estrategia: la extracción de la muestra es tan simple que, si la mujer lo desea, puede realizarla ella misma en la intimidad de su casa.

“Vivimos lejos y salir hasta el puesto de salud es complicado”, cuenta Rosa en un corto sobre el Proyecto EMA, destinado a evaluar la modalidad de la autotoma en Jujuy. “Es práctico, cómodo, lo podemos hacer en casa evitando el traslado”, dice sobre el método que conoció a través de un agente sanitario que la visitó en su casa, le entregó el kit, le explicó cómo extraer la muestra (con un cepillito que se introduce en la vagina) y que se llevó luego el tubito con el material a analizar.

La autotoma está disponible en Jujuy, Tucumán y Catamarca y en breve arrancará en La Matanza. Los resultados del EMA arrojaron que el tamizaje fue cuatro veces mayor entre el grupo de mujeres al que se le ofreció esta posibilidad, en comparación con las que integraban aquel en que se promocionó la realización de la prueba por un profesional en el centro de salud. “Me he encontrado con una mujer de 60 años que me dijo ‘soy madre de siete hijos y no me hice nunca un Pap’ y que me diga que sí al de VPH es un gran cambio”, cuenta Gabriela Díaz, agente sanitaria del centro sanitario Ramón Carrillo, de Jujuy.

El rol de las navegadoras
El PNPCC cuenta con el SITAM, un sistema de información on-line que permite el registro de mujeres que acceden a estudios, diagnósticos y tratamientos para la prevención del cáncer cervicouterino. “Todos los meses podemos sacar a través de una consulta las mujeres mayores de 30 años que se realizaron test de VPH, les dio positivo, y tienen un PAP patológico. Las identificamos y empezamos a hacerles el seguimiento. Cuando tenemos el número telefónico las llamamos. Si no conocen sus resultados, se los informamos y les explicamos que tiene que volver a otra consulta”, cuenta a este diario, desde Jujuy, Ana Echenique, Licenciada en Educación para la Salud y “navegadora”, tal como se denomina el rol que cumple dentro del Programa. “Intentamos -continúa- ver si existen algunas barreras para que la mujer acceda al sistema de salud (negación al resultado, miedo, desconocimiento, cuestiones de género) y le proponemos sacarle un turno con Patología cervical”.

No pueden creer que el sistema de salud tenga una persona que las identifique, que las llame por su nombre, que las contacte por teléfono, que las visite en su casa, que les ofrezca un turno”, dice con voz dulce Echenique. El acompañamiento se prolonga incluso hasta el momento en el que a la mujer se le practica el leep, el primer tratamiento de una lesión precancerosa (es local y poco invasivo). “Nosotros siempre decimos que el test no es una píldora mágica, es una tecnología innovadora. Pero lo que cura es el proceso de diagnóstico y tratamiento en el marco de sistemas de salud organizados, no el tamizaje aislado“, subraya en ese sentido Arrossi.

El PNPCC depende del Instituto Nacional del Cáncer. “Maravilloso”, así lo describe Moreno, del Posadas. “Hay poca conciencia -dice- de que hay muchas maneras de levantar barreras al acceso a los servicios de salud como el maltrato, los turnos a largo plazo. Un drama de los hospitales públicos: el PAP tardan en diagnosticarlo entre cuatro y seis meses. A partir del acceso informático que incorporó el Programa, la citología cervicovaginal en una semana como máximo se informa. Y nosotros cargamos el resultado directamente en el sistema. O sea que la señora que vive en Fuerte Apache tiene disponible sus estudios en tiempo y forma, online, disponible para el médico que la atiende. No tiene que estar esperando seis meses”.

La estrategia del Ministerio de Salud para prevenir el cáncer de cuello de útero contempla, además del tamizaje, la prevención primaria a través de la vacunación contra el VPH a todas las nenas que hayan nacido a partir de 2000 y a los varones nacidos desde 2006 que tengan 11 años cumplidos. NR


Fuente consultada: Clarín

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