El Teatro Hasta Trilce presenta un abordaje a Cortázar con “Ocho cartas para Julio”

En el bellísimo Hasta Trilce se presenta una joya de conmoción y expresividad: Juan Palomino aborda a Cortázar en una propuesta que lo ubica definitivamente entre los grandes del teatro

(CABA) Julio Cortázar fue un genio. Pero es sabido, tanta genialidad puede cegar. Sus colosales escritos bucean entre pasiones y búsquedas artísticas. Acaso fue en sus cartas donde quedó espacio para el hombre y sus contradicciones.

“Ocho cartas para Julio” es un texto de Gabriel Lerman basado en la relación epistolar que Cortázar mantuvo con un viejo compañero de aula. La obra transita la evolución literaria del escritor, el estrellato, su relación con los cambios sociales, desde los gobiernos radicales y peronistas hasta el apoyo a la revolución cubana. El gran hallazgo de Lerman a través de estas cartas íntimas es dotar a la obra de un afán cuestionario: bajar al prócer del bronce y humanizarlo. Para esto, nada mejor que el arte.

Entonces es turno de hablar de Juan Palomino. El actor redondea un trabajo de esos simplemente perfectos, con la declamación ajustada a cada momento que la dramaturgia atraviesa: sueños de juventud, discusiones intelectuales, desbordes emocionales. Todo con apenas una máquina de escribir y un cigarrillo fiel: la magia del teatro.

Palomino no está solo en escena. A su lado, el piano y los vientos de Fernando Lerman y Juan Raffo hacen de exquisito acompañamiento-trampa: esas obras donde, concentrado en desentrañar el contenido, el espectador sucumbe ante la forma.

Tras breves ciclos anteriores, “Ocho cartas para Julio” llega a Hasta Trilce, un espacio detenido en el tiempo: un sitio de arte y bohemia que resulta el entorno perfecto para la obra: texto vibrante, artista grandioso, hipnótica música y un entorno trasnochado. Cuando estos elementos se conjugan, suceden las grandes obras.

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