Buenos Aires, 18/10/2017, edición Nº 1799

Teatro San Martín: cerrado por reformas

Volverá a abrir cuando se terminen las obras. Mientras tanto, la programación se hará en otros teatros

(CABA) No se mudó al despacho de los ministros de Cultura porteños, ese desde el que se ve pasar la Avenida de Mayo. Darío Lopérfido vuelve a estar a la cabeza de Cultura en la ciudad de Buenos Aires –había ocupado ese lugar entre 1997 y 1999- pero sigue en el sillón que tiene desde hace un año en el Teatro Colón. Que, en realidad, es una silla en la punta de una mesa ovalada, en una planta baja que da a Cerrito. Notebook delgada y celular: eso es todo el escritorio del ministro. Además, se reservó un despacho en la Usina del Arte, en La Boca. Irá a uno o a otro. Con la notebook.

Ninguna de sus subsecretarias, Luciana Blasco y Viviana Cantoni -la mujer de Alejandro Gómez, el titular de Cultura en la provincia de Buenos Aires- está en el edificio de Avenida de Mayo. Cantoni se instalará en la Usina y Blasco, en el Centro Cultural Recoleta.

-¿No necesita estar cerca de sus funcionarios?

-¡Estamos a pocas cuadras! O hablamos por Skype.

Le toca, a diferencia de sus colegas de Nación, una transición poco traumática: la Ciudad pasó de un gobierno macrista a otro. No habrá aquí denuncias ni grandes anuncios. Renovación, dice. Eso será lo suyo.

Pero entre sus primeras tareas le toca terminar la reforma del Teatro San Martín, una obra que empezó a fines de 2012 y tiene un presupuesto de casi 161 millones de pesos. Para eso, anuncia, el teatro cerrará durante “cuatro o cinco meses”. Recién reabrirá hacia junio o julio.

-¿Por qué?

-El obrador está ahora en el hall. Hay polvillo, hay arena, puede haber un accidente y es feo.

-¿Se corta la programación?

-No, usaremos otras salas de la Ciudad y si hace falta alquilaremos teatros privados.

-¿El teatro necesitaba un cambio importante? 

-En general el San Martín no envejeció mal. Es lindo, aunque poco práctico, tiene mucho hall… Fue creado con la idea de ser un lugar de encuentro, un lugar sobre Corrientes donde podés entrar a ver libros, escuchar música gratis, tomar un café. Pero la sala Casacuberta, por su estructura, te condiciona a determinadas puestas. La Cunill Cabanellas era un bar, que Kive Staiff convirtió en sala: un actor alto tiene que actuar agachado. Y a la Martín Coronado le sacaría algunas butacas; lo lógico sería que tuviera menos butacas y un escenario más grande.

-¿El teatro resulta grande hoy?

-Con el auge del teatro independiente los actores, directores y escenógrafos se acostumbraron a trabajar para poca gente. Hay hasta otro manejo vocal; de repente vienen al San Martín y no se los escucha. Actores como Walter Santa Ana te contaban un secreto y en la fila 20 lo escuchabas: sabían actuar ahí. No hay proyectos grandes: eso en la danza es un problemón, condiciona los contenidos; hay salas en las que no hay por dónde salir de escena, así que hacés obras en las que empiezan seis y terminan seis. También condicionó la puesta en escena: hoy la escenografía es mínima, un cuadradito. Para mí quienes mejor se entienden con el espacio ahora son los que dirigen ópera, como Marcelo Lombardero o Pablo Maritano: no tienen problema en mover cuarenta personas en un escenario.

-¿Tenés nostalgia del teatro de antes?

-El San Martín ya no tiene elenco estable (desde 1989). Antes lo tenía y por eso actuaban tan bien, de ahí salió una generación de actores fabulosa. Hoy la escena es más democrática, pero eso es algo que hay que reflexionar.

-¿Pensás en volver a tener elenco estable?

-No, ahora quiero reflexionar, a ver si el modelo del teatro independiente empezó a languidecer de éxito. Hoy no hay meritocracia, recibe el mismo subsidio Ricardo Bartís que un chico que empieza.

Claro que las responsabilidades de Lopérfido van mucho más allá de los teatros, que, de hecho, manejará Jorge Telerman. Habla de reforzar el sur de la Ciudad con más presencia cultural, a partir de La Usina, donde, cuenta, “funcionará parte de arteBA”. Planea el Centro Cultural Recoleta como un espacio “más joven, más vanguardista”. Por eso lo dirigirá Jimena Soria, que coordinó la Bienal de Arte Joven. Renovar.

ALGUNOS CONCURSOS SÍ, OTROS NO

Ni los museos ni los teatros porteños tienen directores concursados. ¿Eso cambiará?

“Estoy de acuerdo en que se concursen museos, sobre todo algunos, como el de Arte Moderno, que tienen patrimonio. Porque es bueno que el director no esté vinculado a la autoridad política. En cambio en los teatros, creo que no hay que concursar. Se elige un tipo de curaduría -conservador, vanguardista- y la gestion política tiene derecho a decidir eso.” FB

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