Buenos Aires, 16/12/2017, edición Nº 1858

Taller textil en La Boca da trabajo a ex-presos

El taller nació hace más de cuatro años en la unida penitenciaria Joaquín Gorina, en La Plata, como respuesta a la falta de oportunidades laborales. (CABA) Es sabido que si escasea el trabajo, es aun peor para aquellos que han salido de la cárcel y por antecedentes no son tomados en ningún puesto laboral. En respuesta a esto surgió Kbrones, un taller textil situado en el barrio de La Boca,...

El taller nació hace más de cuatro años en la unida penitenciaria Joaquín Gorina, en La Plata, como respuesta a la falta de oportunidades laborales.

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(CABA) Es sabido que si escasea el trabajo, es aun peor para aquellos que han salido de la cárcel y por antecedentes no son tomados en ningún puesto laboral. En respuesta a esto surgió Kbrones, un taller textil situado en el barrio de La Boca, dedicado especialmente a emplear ex presos.

“Antes, con nuestras manos destruíamos, porque agarrábamos un fierro y nos dedicábamos al delito. Hoy, estamos construyendo con nuestras manos. Y dándoles oportunidad a muchísimos compañeros dentro y fuera de las cárceles para que se reinserten en la sociedad”. El que habla es Julio César Fuque, uno de los impulsores de Kbrones, el próspero emprendimiento textil que nació hace más de cuatro años en la unidad penitenciaria Joaquín Gorina, en La Plata, como respuesta de los propios presos a esa problemática común: la falta de oportunidades.

Al 2700 de la avenida Australia, en el barrio de Barracas, hay una esquina toda pintada de vida y de trabajo. “Laburamos mucho con sindicatos y con líneas de colectivos, como la 29 y la 64, o para empresas privadas. Hacemos camisas, chalecos, camperas y diferentes artículos de cuero, como bolsos, carteras y cinturones”, detalla Julio, quien además apunta que “también apostamos a combatir la mano de obra barata, la explotación, y por eso hay compañeros que fueron rescatados de talleres clandestinos”.

Lo que en la actualidad es una fábrica que no deja de producir fue posible por el coraje de un grupo de personas que aceptaron estar privados de su libertad, pero no de su derecho a trabajar. “Hemos luchado muchísimo adentro para poder formar una empresa y que no sea manejada por el Servicio Penitenciario, que te dice ‘vas a trabajar para nosotros, vas a cortar el pasto, cuidar los chanchos, pintar, limpiar las cloacas’”, relata Julio, quien junto a otros compañeros empezó pidiendo cursos de capacitación y luego, cuando ya tenían conocimientos de marroquinería y sabían hacer estuches para anteojos, portatermos y carteras, solicitaron autorización a los jueces para la comercialización: “Un grupo se quedaba produciendo y otro salía custodiado a vender a diferentes ferias en La Plata. Vimos que se podía competir en el mercado y ahí surgió la empresa. Con esa plata podíamos solventar los gastos dentro de la cárcel, volver a comprar los insumos (cuero, pegamento, hebillas) y, lo más importante, ayudar a los nuestros. En vez de llamar a sus familias y decirle ‘traeme arroz, fideos o cigarrillos’, los compañeros podían decir ‘venite el sábado, que tenés plata acá, y no traigas comida que yo te preparo un pollo al horno”.

Kbrones, la cooperativa pionera nacida en la carcel

Dentro de la Unidad 12 de Gorina y con el apoyo de la Federación de Cooperativas de Trabajo de la República Argentina (FECOOTRA), Kbrones se transformó en la primera cooperativa del país surgida en una cárcel y la segunda en Latinoamérica. Julio fue el primero en quedar en libertad, y poco después Marcelo Vargas. Juntos vendieron carteras por las calles, recolectaron basura y no dejaron de militar en pos de un sueño, que no es otro que el de tener un trabajo digno. Y el de abrir algunos ojos. “Somos 65.000 pibes en cana, 65.000 familias que representamos un sector de la sociedad. Esta manera de organizarnos es una manera de hacernos más visibles. La dignidad viene detrás del trabajo. ¿Cuánto tiempo podés estar sin trabajo, sin plata y con tu familia necesitando comer?”, se pregunta Marcelo, con la autoridad moral de haber estado 15 años preso de un sistema que, salvo excepciones, no da alternativas: “Si yo te pongo en ese rincón y te atacan, vos caminás hasta que te chocás con la pared. Después, como ser humano, reaccionás. Eso es lo que pasa en la cárcel. Así las personas se hacen animales. Nosotros no queremos esa pared. Queremos que haya una puerta, para que vos puedas trabajar o estudiar, para que tengas herramientas para defenderte, para que puedas elegir”.

Fuente consultada: Crónica

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