Buenos Aires, 18/11/2017, edición Nº 1830

Sonia García: de Colombia a Buenos Aires enseñando secretos del café

Si bien llegó a Buenos Aires con la idea de estudiar Diseño, terminó de bar en bar enseñando sobre los secretos del café. Escribe Sonia García (CABA) Nací en Bogotá, en 1985, soy nieta de campesinos e hija de una excelente enfermera y un profesor universitario de estadística. Mi vida ha estado constantemente en contacto con un profundo amor por la tierra y por estudiar; crecí escuchando historias de cosechas, comiendo...

Si bien llegó a Buenos Aires con la idea de estudiar Diseño, terminó de bar en bar enseñando sobre los secretos del café.

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Escribe Sonia García

(CABA) Nací en Bogotá, en 1985, soy nieta de campesinos e hija de una excelente enfermera y un profesor universitario de estadística. Mi vida ha estado constantemente en contacto con un profundo amor por la tierra y por estudiar; crecí escuchando historias de cosechas, comiendo frutas que mi abuela nos traía, tomando café y estudiando impulsada por el gusto de aprender. Por eso cuando empecé a trabajar en Buenos Aires, en un lugar vinculado con todo eso, sentí que estaba en el lugar correcto.

Me gradué como diseñadora gráfica en 2009, mi trabajo final de cursada fue una serie de libros acerca del café como elemento ritual en Bogotá. Ese fue mi primer acercamiento a lo que ahora son mis dos grandes pasiones: la tipografía y el café.

Llegué a Buenos Aires en marzo de 2011 con mi mejor amigo para cursar la especialización en Diseño de Tipografía de la Universidad de Buenos Aires. Era la primera vez que salía de mi país, que vivía lejos de mi familia y que me sumergía en una cultura distinta a la mía. Fue maravilloso, al llegar pasamos unos días en casa de una pareja lindísima de Misiones que vivía en Palermo, cerca de Plaza Italia, luego vivimos en un hostel, en la sala de una casa, en un monoambiente, en una habitación, y finalmente nos mudamos a un departamento en Caballito.

Fue una época de mucho crecimiento en la que aprendí de tipografía, de la vida porteña y de mí misma, pero en ese tiempo no dejé de extrañar el buen café y la conexión con mis raíces, por lo que al terminar el posgrado hice un curso de barista en un café en Palermo y empecé un blog que cuenta mi recorrido en 50 semanas por el café en Buenos Aires.

Me gusta mucho salir a caminar por las calles de Palermo, un barrio que tiene muchos secretos por descubrir. Uno de mis lugares favoritos está en ese barrio y se llama Pehache 1418, es una casa lindísima que mezcla objetos de diseño con un espacio impecable y comida deliciosa.

Hasta que llegué a Central de Café, donde otra vez me reconecté con mi origen, con el recuerdo de la tierra de mi abuela y con mis sabores de infancia. Aunque en muchos cafés de esta ciudad sirven café torrado o cafés de baja calidad, que además no están bien preparados, me dio mucho gusto ver la importancia que tiene el café para los porteños, como excusa para la vida social y el descanso.

Esa fue la razón para darle un giro a mis días. Pasé de trabajar como diseñadora gráfica en una oficina a ser instructora de baristas, con la intención de ayudar a que el café que se tome en Buenos Aires sea excelente. Esto surgió, en parte, impulsada por mi experiencia como cliente, pero también por el objetivo de brindarles un homenaje al trabajo de los campesinos de mi país, que se esfuerzan mucho para lograr que el café que sale de sus fincas sea el mejor.

Actualmente vivo en Belgrano y mi proyecto final del posgrado se está exponiendo en la Muestra Tipos Latinos 2104. Hago proyectos de tipografía y lettering de forma independiente. Y también les doy clases a personas del interior del país que quieran venir a Buenos Aires a aprender a hacer el mejor café, incluso usando técnicas italianas.

fuente: Clarín

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