Buenos Aires, 13/12/2017, edición Nº 1855

Sólo dos de cada diez velorios duran más de 12 horas

El sector funerario celebra el Día de los Difuntos buscando soluciones para deudos que prefieren hacer el duelo lo más pronto posible. Dicen que casi en el 70% de los sepelios ya se opta por la cremación. Y los cementerios parque piensan en inhumar las urnas con semillas, para que de allí brote una nueva vida.

El Día de los Fieles Difuntos, una tradición que se conmemora hoy en buena parte de América Latina, en un contexto en el que se profundizan en el sector funerario las incesantes transformaciones culturales que vive en la última década: cada vez más cremaciones y velorios de corta duración.

En 1999, representaban el 26%, pero actualmente el número de cremaciones está por llegar al 70 por ciento. Los especialistas lo atribuyen tanto a razones económicas como a la necesidad de mitigar el dolor. Que el duelo dure lo menos posible. “Recuerdo que cuando era chico se velaban los cuerpos toda la noche en la sala velatoria del barrio y acudían todos. Hoy, apenas dos de cada diez fallecimientos se velan durante más de 12 horas. El resto hace despedidas cortas, no más de tres a cuatro horas”, resalta a Tiempo Fernando Castellano, gerente marketing de Grupo Jardín del Pilar. Agrega que tanto en las cremaciones como en los velorios más cortos “se buscan soluciones más económicas y a corto plazo, que en poco tiempo los deudos se puedan reinsertar en su vida social y laboral. Hay un grado de apego mucho menor a ciertas costumbres, se quieren sacar el tema mucho más rápido. Por eso está tan en boga la cremación.” Todo el servicio crematorio en un cementerio privado puede cubrirse por 2000 pesos, mientras que una parcela va desde 15 mil hasta 500 mil pesos, además del costo de mantenimiento anual.

“La gente cree que el velatorio es un acto social y, en realidad, el que no vela tiene problemas para elaborar el duelo”.

“El duelo es todo un tema. Y con la cremación uno no encuentra los espacios donde hacerlo, ya no hay vuelta atrás”, agrega Castellano. Por eso, los cementerios parque ya incorporaron lo que llaman “producto integral”: incluyen la cremación, pero conservan un lugar del parque donde enterrar las cenizas. Y le agregan urnas ecológicas para contenerlas, hechas de material biodegradable. En Jardín del Pilar, para 2016 planean lanzar una urna de doble fondo que además de las cenizas contenga una semilla; entonces, “donde inhumaste al fallecido, tenés un árbol”.

Más de 25 mil personas trabajan actualmente en el sector funerario. Tal es la dinámica y la necesidad de profesionalizar un oficio tradicionalmente familiar, que desde 2011 se dicta en la Universidad Nacional de Avellaneda la primera carrera de grado para funebreros. Una cuestión es la adaptación a innovaciones tecnológicas que suelen provenir de Europa y EE UU, donde ya se hacen hasta diamantes con las cenizas. En nuestro país se observan dos tendencias: los velorios personalizados, adaptando el entorno a los intereses del fallecido (música, comida favorita, equipo de fútbol o religión); y el papel de las redes sociales, con perfiles sobre el fallecido, que incluso puede dejar un mensaje para ser visto post mortem. Y no son pocos los velatorios que se transmiten vía streaming para quienes no pudieron acudir al último adiós.

También se comenzó a trabajar en el día después, con terapias grupales para familiares de los difuntos. Ricardo Péculo, una leyenda del rubro que enseña materias en la carrera de Avellaneda, subrayó a este diario: “La gente cree que el velatorio es un acto social y, en realidad, el que no vela tiene problemas para elaborar el duelo. Ahí, en el velatorio, te encontrás con la realidad.”

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