Buenos Aires, 17/12/2017, edición Nº 1859

Silencio e inseguridad: consecuencias del Metrobus

Según los vecinos de Tacuarí, Piedras y Chacabuco, por donde antes pasaban los colectivos que ahora circulan por 9 de Julio, hay alivio por el silencio, pero miedo e inseguridad porque ahora circula menos gente. (CABA) Por los carriles del Metrobus de la 9 de Julio, desde hace casi cuatro semanas once líneas de colectivos recorren los tres kilómetros entre San Juan y Arroyo en apenas 14 minutos. Esos mismos...

Según los vecinos de Tacuarí, Piedras y Chacabuco, por donde antes pasaban los colectivos que ahora circulan por 9 de Julio, hay alivio por el silencio, pero miedo e inseguridad porque ahora circula menos gente.

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(CABA) Por los carriles del Metrobus de la 9 de Julio, desde hace casi cuatro semanas once líneas de colectivos recorren los tres kilómetros entre San Juan y Arroyo en apenas 14 minutos. Esos mismos colectivos dejaron de pasar por las calles Tacuarí-Suipacha, Piedras-Esmeralda, Chacabuco-Maipú, Bernardo de Irigoyen-Carlos Pellegrini y Lima-Cerrito, que sufrieron un cambio tan drástico como el de la avenida. Los vecinos aseguran que hay más silencio y menos contaminación y que ahora descansan mejor a la noche. Pero también mencionan que, como el movimiento de gente es menor, aumentó la inseguridad y las ventas de los comercios bajaron. Y algunos se quejan porque ahora tienen que caminar más para llegar a las paradas.

El Metrobus de la 9 de Julio comenzó a funcionar el 24 de julio. Se trata de cuatro carriles exclusivos, dos de cada mano, por los que circulan las líneas 9, 10, 17, 45, 59, 67, 70, 91, 98, 100 y 129, que transportan a 200.000 personas. Personas que ya no hacen más largas colas en las calles por donde solían pasar estos colectivos, en medio de un constante ruido de motores.

“El Metrobus me cambió la vida: ahora se puede dormir a la noche –cuenta Fabián Iglesias, que vive en Piedras y Carlos Calvo–. Por mi cuadra pasaban tres líneas y el ruido y el smog eran infernales. De día, no podías abrir las ventanas, porque no podías escuchar la televisión ni conversar”.

El mismo comentario se repite entre vecinos de Tacuarí, Piedras y Chacabuco, en los barrios de Monserrat y San Telmo. El cambio es fuerte. Los autos circulan mejor y las veredas son más amigables para los peatones. “Estas son calles angostas y los colectivos te pasaban demasiado cerca. Ahora es más cómodo caminar”, comenta Mónica, una vecina de la zona.

“El Metrobus está bueno –opina Luis Arean–. Es verdad que hay que caminar más hasta las paradas, pero después llegás más rápido a tu destino. Conocí el sistema en Curitiba, que lo tiene en todas las avenidas. Aunque allá circula un micro articulado y acá son los mismos de siempre”.

Pero así como es positivo en algunos aspectos, el menor movimiento de colectivos y pasajeros también trajo sus consecuencias negativas para las calles interiores. Una de ellas es la inseguridad y la otra, una caída en las ventas para los comerciantes.

“La gente mayor se queja, porque tiene que caminar mucho más hasta las paradas por calles sin vigilancia. Y en esta zona hay muchos arrebatos. La calle México, por ejemplo, es terrible”, explica Stella Maris, que tiene un kiosco polirrubro en Piedras al 500 y vive en Brasil y Piedras. “Estoy en el medio de las paradas, que quedaron muy espaciadas, y ahora tengo que caminar mucho más –observa–. El 9 y el 17 tienen su última parada frente a la Casa Cuna y el 70, en Caseros y Brasil. La siguiente del 17 recién está en Carlos Calvo y 9 de Julio y la del 70, una cuadra más allá”.

La comerciante, además, asegura que sus ventas bajaron, porque muchos de sus clientes eran pasajeros que esperaban en las paradas. Pero ahora, todas son paradas fantasma y el Gobierno porteño colocó carteles amarillos en cada una para avisar su nueva ubicación.

“A mí me mataron”, se lamenta Tomás Candia, que hace tres meses puso una carnicería en Chacabuco y San Juan. “Por esta calle pasaban cuatro líneas. La gente salía del laburo y, antes de tomar el colectivo, me compraba carne. Es verdad que hay más silencio, pero a mí no me conviene, porque mis ventas bajaron muchísimo. Encima, el barrio se volvió más inseguro, porque está más desierto. A mí acá el otro día me asaltaron a mano armada a las seis de la tarde”.

“Hasta el momento son todos elogios sobre la inauguración del mal denominado Metrobus, pues debería denominarse corredor rápido para medios de transporte, pero nadie tuvo en cuenta a los peatones –señala Eduardo Prado–. La mayoría de las veredas está en estado calamitoso, y hay que considerar que ahora, para abordar un colectivo en las nuevas paradas, hay que caminar el doble de cuadras que antes. En mi caso, tengo que caminar no menos de tres y tengo problemas de columna, rodilla y cadera. Si a esto le sumamos el enorme descontrol que producen las bicis totalmente desbocadas, las personas mayores quedaremos confinados en nuestras casas”.

Eugenio, dueño de una veterinaria en Piedras al 500, admite que sus ventas bajaron, pero igual está satisfecho con el cambio. “Antes mucha gente venía a mi veterinaria porque la veía desde el colectivo –reconoce–. En ese sentido, no es bueno que ya no pasen por esta calle. Pero a pesar de todo, yo prefiero el tránsito más tranquilo y el silencio”.

Fuente consultada: Clarín

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