Buenos Aires, 16/12/2017, edición Nº 1858

Siguen los homenajes a Borges

El arte también recuerda al escritor a 30 años de su muerte con la inauguración en Tecnópolis de un laberinto al aire libre; más obras en el CCK

(CABA) A 30 años de su muerte, Jorge Luis Borges es celebrado con fervor, sobre todo en Buenos Aires, que se llenó de laberintos en su recuerdo. En Tecnópolis se inauguró el Parque de los Laberintos, donde cuatro artistas locales modelaron sus propios entreveros. Y hay más en papel, pintura, pallets, césped, o palabras.

Su viuda, María Kodama, recibió en la Fundación Internacional Jorge Luis Borges con charlas y con la muestra Atlas, curada por Fernando Flores, una selección de fotos de los viajes que realizó con el escritor. Cerca de ahí, en la estación Las Heras de la línea H se armó un laberinto de pallets Tampoco se pudo, debido a las lluvias, inaugurar con bombos y platillos la nueva atracción borgeana de Tecnópolis: cuatro instalaciones monumentales al aire libre, creadas por los artistas Inés Raiteri, Luis Terán, Jorge Miño y Mariano Ferrante, pero seguirán en pie los próximos cuatro años.

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Las obras proponen más que el desafío de dar con una salida. El laberinto de Mariano Ferrante, Partitura para exterior, de 165 metros cuadrados, es una construcción de colores, que quiere recrear un sueño de la infancia del artista: imaginarse dentro de una pintura. Luis Terán realizó Yo soy Asterión, una enorme estructura de hierro y chapa de zink acanalada cubierta por graffitis. “Es una espiral concéntrica de 140 metros, con varias puertas que comunican el recorrido principal con otro interno. Las paredes miden entre 1,65 y 5 metros. Un camino que puede resultar interminable. Los grafitis, de artistas invitados, son para dar la idea del lugar que ya fue transitado muchas veces”, cuenta. Los visitantes pueden agregar sus propios dibujos o escritos. “Tengo planes de seguir trabajando sobre la estructura en los próximos años. Quiero que sea una pieza viva.”

Raiteri construyó Paisajes pintados, de 353 metros cuadrados, con módulos trasparentes de vidrios de colores, que recuerdan la paleta de sus pinturas. “Son caminos que se repiten, combinan y cambian de color. El paisaje y la luz dan tonalidades al recorrido, que se proyecta impregnando las terrazas exteriores de otras geometrías. La dinámica convierte a cada sujeto en protagonista del tramo transitado”, explica.

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Miño trabajó sobre el dibujo de su propia huella digital para construir Lo infinito: un lugar donde sentirse seguro, un laberinto de espejos que distorsionan las imágenes, en distintos tamaños, donde nunca el visitante se refleja en su totalidad. “Cada uno es único. Por eso tomé la huella como sello personal. Trabajé con mamparas metálicas con unos vinilos espejados y desde arriba hay un cableado de luces”, cuenta. En el CCK tiene otra pieza, donde otra vez, aparecen las ideas de distorsión, fragmentación y multiplicación.

“Pensamos en artistas capaces de producir obra monumental y permanente especialmente para Tecnópolis, y que entienden muy bien la participación de la gente como parte de la obra”, dice Gabriela Urtiaga, curadora. “Es un espacio de arte que nos invita a acercarnos a Borges de forma lúdica e inclusiva”, dijo Hernán Lombardi, Ministro de Medios y Contenidos Públicos de la Nación.

Otro laberinto se despliega en los 400 metros cuadrados de la Gran Lámpada del CCK -la sala colgante y luminosa-: En el cristal de un sueño, que es un mar de papel de formas orgánicas de Andrea Moccio. “Utilicé 2000 kilos de papel de seda. Pensé en un recorrido laberíntico que fuera amable, como si se hubiera hecho naturalmente”, dice la artista. NT

 

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