Buenos Aires, 24/11/2017, edición Nº 1836

Siete años sin Pappo

El 25 de febrero de 2005, Norberto “Pappo” Napolitano se mataba en un accidente de tránsito protagonizado con una de sus motocicletas junto a su hijo Luciano que resultó ileso. Figura clave en el rock, blues, y metal nacional la pérdida del eximio guitarrista se agiganta con el paso de los años más allá del prolífico legado musical que ha dejado. El recuerdo de Don Vilanova (Ex Botafogo) uno de...

El 25 de febrero de 2005, Norberto “Pappo” Napolitano se mataba en un accidente de tránsito protagonizado con una de sus motocicletas junto a su hijo Luciano que resultó ileso.
Figura clave en el rock, blues, y metal nacional la pérdida del eximio guitarrista se agiganta con el paso de los años más allá del prolífico legado musical que ha dejado.

El recuerdo de Don Vilanova (Ex Botafogo) uno de sus más reconocidos discípulos.

“A mí me gusta recordarlo el día de su cumpleaños más que el día que nos dejó. Porque cuando nació nos trajo un montón de cosas. O por lo menos a mí”, dice don Vilanova, quien durante 35 años llevara por nombre Botafogo, apodo que un día se le ocurriera a Pappo otorgarle.

Eso fue a comienzos de los ’70, cuando Miguel Vilanova tuviera “la suerte” de conocer a uno de los músicos más grandes de la Argentina, Norberto Aníbal Napolitano, y del que hoy se cumplen 7 años de su muerte, luego de ser atropellado tras caerse de su Harley Davidson.

Más allá de las numerosas causas que se improvisaron, versiones que el año pasado su hijo Luciano se encargó de aclarar, don Vilanova o Miguel Botafogo prefirió recordarlo, reconstruyendo algunas anécdotas que se suman al mito de hombre duro y otras tantas que lo derrumban humanizándolo.

“Era un tipo muy espiritual, más allá de la imagen que uno tiene, que es la imagen fabricada por todos los demás. Más allá de la campera de cuero, era un tipo muy tierno, muy generoso. Cosas que por ahí no son las más notorias ni las más ricas. Esas siempre son las de: ‘Íbamos a 200 km por hora, en contramano… jajaja’ -pone la voz grave, imitando la del querido Carpo-. Esas son las cosas que queremos saber de Pappo -agrega con ironía-. Pero hay que saber también que pensaba en ángeles, en el más allá, en la muerte, en Dios”, enfatiza Vilanova, cuya vida musical estuvo signada por la aparición del ex Riff.

Es más, su “debut en primera”, tal como él lo denomina, fue a los 17, cuando Pappo lo invitó a tocar el bajo. Igual, para ese entonces, Vilanova ya sabía quién era el Carpo desde antes, y lo admiraba por completo.

“Un buen día empezamos a escuchar música muy potente, fue cuando Pappo entró a Los Gatos. Porque antes de su entrada era como un grupo de cancioncitas comerciales. Ahora, cuando entró él, se convirtió en un grupo de rock de verdad. Los hizo tocar con más huevos. Entonces, si empieza la anécdota en algún lado, empieza ahí mismo”, recordó el guitarrista que incluso acompañó a Napolitano cuando tocó junto a B.B. King o cuando teloneó a los Guns n’ Roses en 1992, año en que además grabaron “Blues local”, un celebradísimo LP que registraron junto a Black Amaya (batería), Luis Robinson (armónica) y Pato Frasca (teclados), y que tuvo la participación de los ex Manal Javier Martínez y Alejandro Medina.

Si hay que ponerle un punto de inicio, todo arrancó en 1970, cuando Pappo formó su primera banda, Pappo’s Blues, junto a David Lebón y Black Amaya. Esta agrupación perduraría diez años y registraría siete discos en total, aunque la alineación cambiaría en varias oportunidades.

“Andábamos preguntando quién es este tipo, hasta que averigüé, y era el flaco Pappo. Un verano, veo que para una camioneta en Belgrano por donde yo paraba y que se asoma una cabeza por la ventana. Digo: ‘Ese es Pappo’, me quería morir. Estaba con mi guitarrita que recién me había comprado y me dice: ‘Che, me falta una (cuerda) primera. ¿Tenés una? Tengo que ir a tocar ahora’. Era un sábado a la tarde, casi de noche y no había casas de música abiertas. Así que le dije: ‘Mirá, te doy la mía, porque no tengo otra’. Entonces se llevó mi cuerda y me invitó. Me vi un show de Pappo´s Blues desde arriba del escenario”, recuerda Botafogo, y enseguida agrega: “Fue maravilloso porque a dos metros lo tenía a él tocando. Lo miraba y no lo podía creer. Ese fue como mi primer contacto con Pappo´s Blues. Ahí conocí a su padre, la camioneta de las calderas Napolitano. Y a partir de eso empieza toda una gran anécdota”. Historia que para Miguel tendría su hito en otro verano: el de 1973, cuando el Carpo lo invita a tocar el bajo.

A partir de allí los recuerdos son innumerables. Uno quizás ineludible por el tamaño de la hazaña fue cuando, en el ’78, el entonces Botafogo debió hacerse pasar por Pappo en una serie de conciertos por Europa.

“Empezamos a tocar por afuera de Madrid, hasta que un día desaparece el loco y el mánager dice: ‘Tienen que cumplir los contratos; si no, los mato a todos’. Y bueno, el único que tocaba la viola era yo. Así que dijeron: ‘Te batimos el pelo, te ponemos una campera de cuero. Y lo tuve que hacer, porque el mánager era un gato medio pesado y nos mataba de verdad. Hicimos como cuatro shows y tuvimos que pedir que no hubiera fotos en los afiches y que no me ilumine de frente. Tuve que cantar poco, por si había alguien ahí que se diera cuenta. Fue toda una aventura de la cual salimos indemnes”, recordó el guitarrista que resalta la generosidad del hombre que, además de haber sido parte de bandas fundacionales del rock nacional como Los abuelos de la nada, La pesada del rock and roll o -fugazmente- Manal, tocó con el bajista Lemmy Kilmister en la formación que luego se conocería como Motörhead.

 

Lo demás es conocido. Rearmó varias veces Pappo´s Blues, lo mismo que Riff. En 2003 grabó su úlimo trabajo solista, “Buscando un amor”, y dos años después moría “sin un contrato firmado con una empresa nacional”, se queja Vilanova.

“Me regaló muchas cosas. Y también me regaló algunas intimidades que nadie se imagina. Era una persona tierna y débil que podía quebrarse absolutamente, porque conmigo se lo permitía. No sé por qué”, cerró.

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