Buenos Aires, 13/12/2017, edición Nº 1855

Macri 2015, la transformación regional

Jaime Durán Barba, consultor político y a sesor de Mauricio Macri, opinó el Clarín sobre el recambio de pode del próximo año. (CABA) Más del 60% de los argentinos cree que todos los políticos son corruptos, más de la mitad dice que no le interesa la política, para el 80% no importa que el presidente sea de derecha o de izquierda, el 60% rechaza el patrimonialismo, querría que se prohíba...

Jaime Durán Barba, consultor político y a sesor de Mauricio Macri, opinó el Clarín sobre el recambio de pode del próximo año.

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(CABA) Más del 60% de los argentinos cree que todos los políticos son corruptos, más de la mitad dice que no le interesa la política, para el 80% no importa que el presidente sea de derecha o de izquierda, el 60% rechaza el patrimonialismo, querría que se prohíba la elección de parientes cercanos como presidentes y gobernadores. Los habitantes de la galaxia Internet tienen nuevos gustos y valores, caminan por las calles conectados a artefactos para chatear y oír música. Es poco probable que esté en su repertorio la marcha radical o la de “los muchachos peronistas”.

En Argentina, muchos apoyan al populismo. Decir que son mercenarios que defienden ventajas económicas es simplista y despectivo con la historia. El peronismo ha sido la fuerza política más poderosa desde 1946, la voz de los trabajadores, de quienes demandaban justicia social. Muchos argentinos comparten los valores y actitudes propios de su cultura política, que no puede evaporarse por la gestión de una presidente que tiene más respaldo que la mayoría de mandatarios del continente.

El radicalismo tiene su propia historia. Ha sido la expresión política de clases medias progresistas, ilustradas, con tradición universitaria; luchó por las instituciones y el fortalecimiento de la República. Por algún sino inexplicable, sus gobiernos proyectaron una imagen de fracaso que, en un país bipartidista, hizo creer a la gente que solo el peronismo podía gobernar. El transversalismo K ayudó a que el partido parezca un apéndice del peronismo. Hay dirigentes radicales locales, que mantienen su fuerza a pesar de los fracasos a nivel presidencial y saben que es bueno acompañar en la boleta a un candidato presidencial con posibilidades.

En los últimos años, surgió el PRO, una opción a la que dos tercios de los electores ven distinta de la “vieja política”. Mauricio Macri duplicó sus cifras a lo largo de este año, porque la gente comprendió que es la alternativa a un sistema, no a una persona. Perdería toda su fuerza si se termina rodeando de ex funcionarios, gobernadores y personajes prominentes del kirchnerismo. Muchos electores ven a las alianzas con sospecha, no tienen un buen recuerdo de la alianza de Fernando de la Rúa, ni de la fórmula Kirchner-Cobos. Los votantes no se sienten propiedad de partidos, punteros, sindicatos, ni de nadie. No van a votar por quien digan algunos dirigentes respetables. Quieren relacionarse con los líderes sin mediaciones. Sienten que cuando los políticos firman acuerdos, es para hacerles daño. Para la gran mayoría la felicidad tiene mil rostros, existe una enorme oferta de placer más allá de la política, que no es lo que más les interesa. Fueron pocos los argentinos desvelados porque no sabían si habría acuerdo entre el PRO y UNEN.

En muchos casos la unidad de la oposición fortalece al oficialismo. No funcionó ni siquiera en Venezuela, país muy rico despedazado por la torpeza del gobierno militar. En Ecuador, el alcalde de Quito, Mauricio Rodas, derrotó al Presidente mejor evaluado del continente, cuando hizo una campaña inteligente, rechazando el apoyo de los partidos de oposición. Vargas Llosa se hundió cuando todos los partidos políticos peruanos lo respaldaron. Ningún candidato que ha representado el cambio como Rafael Correa, Hugo Chávez, Evo Morales, contó con el apoyo de partidos tradicionales o de una selección de ex funcionarios. Si gana las elecciones, Macri encabezará la transformación más importante del continente, será el primer presidente no peronista ni radical en un siglo. Para detenerlo habría que licuar el sueño del cambio en un frente que no busque el cambio, sino la salida de unos ministros para que vuelvan otros.

Eso no significa que quienes pretenden el cambio puedan envanecerse y suponer que pueden cambiar la Argentina sin contar con el apoyo de otros. En el peronismo, en el radicalismo, en la izquierda, hay gente valiosa, con experiencia, cuyo imagen puede quitar votos, pero cuyos conocimientos son vitales para realizar una transformación. Los partidos podrán protagonizar otra vez la política cuando se reciclen y se reinventen para la edad digital.

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