Buenos Aires, 26/09/2017, edición Nº 1777

“Ser oficialista ofrece enormes ventajas”

El investigador de la Universidad de Oxford Luis Schiumerini analiza el fenómeno de las elecciones.

(CABA) Luis Schiumerini es investigador de la Universidad de Oxford y completó su doctorado en Ciencia Política en la Universidad de Yale. Estudia el funcionamiento de la representación política en América Latina y es uno de los autores del trabajo que el CIPPEC realizó sobre los oficialismos.

-¿Qué comprobó en el trabajo de campo en Chile, Brasil y Argentina con respecto a la competitividad en las elecciones?
-En democracias jóvenes, la ventaja del oficialismo (VO) suele asociarse con perversiones en el funcionamiento de la democracia, como clientelismo, patronazgo, o corrupción. La existencia de estos fenómenos es indiscutible. Sin embargo, el clientelismo no alcanza para explicar y dar cuenta de la magnitud de la ventaja estructural que ostentan los oficialismos subnacionales en Argentina. ¿Cómo explicar que en Chile o Estados Unidos, contextos donde el clientelismo es marginal, la ventaja del oficialismo opere en todos los cargos y sea igual o mayor que en Argentina?

-Y ¿cómo lo explica?
Mi investigación sobre las raíces de la VO se concentra en los votantes. Elegir buenos representantes no es fácil. Por un lado, lleva mucho tiempo, porque requiere juntar información. Demanda, además, evaluar la credibilidad de las promesas electorales. Una opción podría ser votar por partidos políticos con programas claros. Pero en nuevas democracias los partidos políticos suelen ser débiles o sus etiquetas se encuentran devaluadas. En Argentina, de acuerdo con LAPOP 2014 (Latin American Public Opinion Project 2014), 74% de los ciudadanos no simpatizan con ningún partido.

-Con poca información y tiempo, ¿cómo actúan?
-Buscan pistas informativas de fácil acceso. El status de oficialismo es una ideal: al ocupante del cargo se lo puede evaluar en su habilidad para gobernar. La oposición está en una posición desfavorable para imprimirle credibilidad a su mensaje. Por ejemplo, la estrategia de Rodríguez Larreta en el debate de Jefe de Gobierno de esta semana fue explotar esta asimetría. Cómodo en su posición de oficialismo, repetía: “Ustedes ya nos conocen. Hace ocho años que somos gobierno”.

-Esa prominencia electoral no siempre es una bendición….
-En contextos como el brasileño o el indio, de hecho, los oficialismos municipales pierden más elecciones de las que ganan: corren con una desventaja. Argentina se parece más a Chile o, inclusive, EE.UU., donde ser oficialista ofrece enormes ventajas.

-¿Por qué se dan esas diferencias?
-Cuando los partidos ofrecen poca información, el status oficialista puede ser ventaja o desventaja dependiendo de la capacidad de los gobiernos para satisfacer las demandas de los ciudadanos. En Argentina, los ciudadanos se encuentran satisfechos con lo que hacen los ejecutivos. De acuerdo con LAPOP 2014, sólo 26% consideran que el trabajo del gobernador es malo o muy malo, y sólo 19% consideran que los servicios municipales son malos o muy malos. En Brasil, por el contrario, los ciudadanos consideran la provisión de bienes públicos sistemáticamente deficitaria. Y esto no tiene que ver con que los políticos sean corruptos o incapaces. Simplemente carecen de recursos suficientes para satisfacer esas demandas y los castigan sistemáticamente, generando una desventaja estructural.

-¿Se puede hablar de ciertas características comunes que se dan en las provincias donde los oficialismos son casi invencibles?
-La pérdida del contenido programático de los partidos es una característica nacional que ha permeado a las provincias y ha contribuido a la excesiva prominencia electoral del oficialismo. En la medida en que los partidos políticos no reconstruyan identidades programáticas claras, los votantes seguirán enfocándose en el oficialismo. Esto no ocurre solamente en las provincias donde siempre gana el mismo partido. Es también muy difícil ganarle al oficialismo en distritos más competitivos como Buenos Aires, Córdoba o Capital Federal. Hay otros factores que exacerban la ventaja como el empleo público y la reelección indefinida.

-El debate actual sobre el triunfo de los oficialismos pasa por querer o no el cambio o la posibilidad de perder determinado beneficios…
-La estrategia del oficialismo nacional demuestra una hábil comprensión de la lógica de la VO. Al enfatizar un statu quo de bienestar económico y beneficios sociales, le dice a los votantes: “Enfocate en mi desempeño”. Implícitamente, esta estrategia discursiva entrega un segundo mensaje: “La oposición, el cambio, conlleva un riesgo.” Es exactamente la misma estrategia de Rodríguez Larreta en el debate. Esta no es suficiente para construir una ventaja. Además de certidumbre, hay que recordar logros de gestión.

-¿Cuáles son los riesgos de una pérdida de competitividad?
-Enormes. La VO implica que los votantes sesgan su mirada hacia el oficialismo, descontando las propuestas de la oposición. Este tipo de elecciones operan como opciones binarias entre cambio y continuidad, y no estimulan discusión real. Lamentablemente este equilibrio es difícil de revertir. El oficialismo enfatiza el discurso de “yo o el abismo”; la oposición, por su parte, se encuentra en una difícil situación, donde sugerir el cambio es arriesgado.

-¿Cuáles serían los pasos para comenzar a modificar esto?
-No implican grandes reformas institucionales. Primero se puede multiplicar y mejorar la calidad de la información para los votantes. Una de las claves de la ventaja del oficialismo en Argentina reside en las expectativas de los ciudadanos. Si los votantes establecieran estándares de evaluación más exigentes, la ventaja estructural del oficialismo disminuiría y la calidad de las políticas públicas mejoraría. Cabe a los políticos, particularmente en la oposición, explicarles a los ciudadanos qué aspectos de la gestión oficialista son deficientes y cómo podrían superarse. Si es adversa a cuestionar, los votantes no encontrarán ningún motivo para abandonar al oficialismo. Esta campaña es un ejemplo de la falta de audacia de la oposición. Sobre reformas más ambiciosas, se pueden limitar los recursos estatales que los oficialismos usan con fines electorales. Finalmente, hay reformas que valen la pena para reducir la brecha entre oficialismo y oposición: la eliminación de la reelección indefinida y la vigilancia en el financiamiento de las campañas.

Luis Schiumerini

Fuente: Clarín

Comentarios

Ingresa tu comentario