Buenos Aires, 20/11/2017, edición Nº 1832

Ser musulmán en la Ciudad de Buenos Aires

(CABA) Hace tiempo que el ingeniero en electrónica Augusto Kumvich venía leyendo sobre el islam. Hijo de padre judío y madre católica, a los 20 años sintió interés por una religión de la que sabía muy poco. Entonces, leyó en el Corán una aleya(un fragmento) del trono que sostenía el universo. Unas horas después, en la clase de matemática, escuchó la comparación de la fórmula que sostenía el universo con...

(CABA) Hace tiempo que el ingeniero en electrónica Augusto Kumvich venía leyendo sobre el islam. Hijo de padre judío y madre católica, a los 20 años sintió interés por una religión de la que sabía muy poco. Entonces, leyó en el Corán una aleya(un fragmento) del trono que sostenía el universo. Unas horas después, en la clase de matemática, escuchó la comparación de la fórmula que sostenía el universo con el trono. Sorprendido y asombrado, en ese momento Augusto decidió hacerse musulmán.

Encaró aquel camino hace ya 13 años y no fue fácil. Conseguir la comida halal (equivalente al rito kosher de los judíos), rezar cinco veces por día, mantener el ayuno durante el mes de Ramadán y aprender el árabe no fue lo más desafiante. Lo que más le cuesta a Augusto es explicar todo el tiempo por qué eligió ser musulmán y por qué esa religión no promueve la violencia ni la sumisión de las mujeres.

De hecho, su mujer, Nancy Falcón, directora ejecutiva del Centro de Diálogo Intercultural Alba, a la que conoció hace dos años y con quien tuvo a su hijo Ismail, también es musulmana. “En la casa de mi familia era normal tener una Biblia y un Corán“, cuenta Nancy, criada por su padre formoseño, católico, “bien argentino“, y su madre, descendiente de inmigrantes sirios.

En 2001, cuando el atentado contra las Torres Gemelas en Nueva York conmocionó al mundo, Nancy le preguntó a su madre: “¿Por qué los musulmanes hacen esto?“. Y así comenzó una búsqueda intelectual y espiritual que también la llevó al islam.

Aquel 11 de septiembre de 2001, el marplatense Sergio Díaz tenía 14 años. Había empezado a leer sobre el islam por curiosidad y con el paso del tiempo decidió convertirse. Sólo le faltaba contarle a su familia, que no era religiosa, lo que había decidido. Se enteraron un par de años después, porque les parecía raro el comportamiento del hijo, que ayunaba durante días y compraba libros religiosos. “Rezaba a escondidas, en el baño o en las plazas, donde los trapitos me cuidaban los zapatos“, recuerda Sergio, que tenía miedo de no ser entendido, porque además era un adolescente. Su amigo, el rosarino Santiago Castillo, también se convirtió al islam en la misma época, pero no fue un acto de rebeldía, sino un llamado personal que se hizo realidad, a pesar de todos los desafíos contraídos.

Para Nancy, lo más difícil fue mantener el ayuno, ya que ninguno de sus colegas y amigos de aquella época eran musulmanes. “Tenía que guardar las galletitas que me regalaban en el trabajo y salir a buscar un lugar para rezar“, cuenta. El lugar fue una iglesia que quedaba a pocas cuadras de su trabajo.

Acá no hay muchas facilidades para los que profesan la fe musulmana”, observa Nancy, y brinda el ejemplo de la ciudad turca de Estambul, adonde viaja de vez en cuando por su trabajo actual y donde “en cada cuadra hay mezquitas“. En la ciudad de Buenos Aires hay tres mezquitas: Al Ahmad, del barrio de San Cristóbal, la más antigua; At-tauhid, del barrio de Floresta, y el Centro Cultural Islámico Custodio de las Dos Sagradas Mezquitas Rey Fahd, de Palermo.

Con respecto a los atentados a la embajada de Israel y la AMIA, Nancy dice que cuando ocurrieron era muy chica y no tenía mucha noción de lo que pasaba: “Sé que fue un shock para todos los argentinos que algo así ocurriera en nuestro país y creo que toda nuestra familia lo vivió así“.

Como directora de Alba, que también dicta clases relacionadas con la cultura islámica, Nancy elude los temas conflictivos y afirma: “Mi respuesta sería la de cualquier ciudadano argentino: buscamos ante todo justicia y esclarecimiento de los hechos, ya seamos musulmanes, judíos, cristianos, ateos o de cualquier otra tradición. Todo crimen debe ser esclarecido, como argentinos merecemos que los verdaderos culpables se encuentren y sean juzgados“.

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