Buenos Aires, 18/10/2017, edición Nº 1799

Sebastian Wainraich y Julieta Pink presentan nuevo programa

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De lunes a viernes, Sebastián Wainraich y Julieta Pink se ponen al frente de Metro y medio, un programa con jingles pegadizos y secciones originales. Ahora encaran El mundo desde abajo un nuevo programa en TBS, con invitados en vivo, sketchs y bandas.

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(CABA) Lo que se presenta al grito de “el primer late night show conducido por un calvo” tiene todos los condimentos de este tipo de programas norteamericanos, pero adaptados a su versión vernácula, desde el chiste con remate obligado hasta el escritorio que separa al entrevistador del entrevistado con dos tazas apoyadas.

Funcionan como dupla hace más de cinco años. ¿Cómo fue el paso de la radio a la tele y por qué decidieron hacerlo ahora?

Sebastián Wainraich: No sentimos que es un paso porque no es que dejamos la radio para hacer esto. La tele es como nuestra casa de fin de semana, y la radio, la de todos los días. Nos gustó porque era una propuesta en la que teníamos voz y voto, y de la que podíamos elegir los contenidos, involucrarnos en el proyecto. Además hay un tiempo exacto para hacerlo, no hay cambios de horario, ni se condiciona por el minuto a minuto. La propuesta estaba buena desde ahí y no sentimos que postergamos la radio. Es algo aparte.
Julieta Pink: Es cierto. No faltamos a Metro, ni tampoco nos pasó que no tuviéramos ganas de ir.

Sebastián tiene más experiencia como conductor en la tele (La biblia y el calefón, varios años al frente en TVR); en cambio, vos no, y suelen preguntarte mucho por qué no estás más presente en la pantalla. ¿Cómo te llevás con la exposición física?

A esto me lo tomé como algo diferente. Sebastián me lo propuso como algo muy natural, no lo encaré con esa solemnidad que le pongo a la tele. Al estar trabajando en radio desde muy chica, me mal acostumbré o me bien acostumbré a eso, a los tiempos, al perfil bajo, y me cuesta mucho el tema de la exposición de la tele. Ahora salieron unos carteles enormes del programa en la calle y dije “bueno, no me imaginaba esto”. Pero el programa empieza y termina en una fecha, es grabado, y tenemos la posibilidad de elegir qué queremos decir, cómo queremos actuar los sketchs y demás. Eso hizo que lo sienta en mi mente como una prolongación de la radio, como para que no me agarre la fobia de siempre. Nos divertimos todos los programas y lo vivo con alegría. La diferencia con la radio obviamente es que hay que estar muy pendiente de la estética, las mujeres tenemos que venir dos horas antes para maquillarnos y peinarnos. Pero sacando esas cosas, siento el espíritu radial. No puedo creer cómo me animé a hacer “Gorda con helado” en un escenario cuando hicimos Metro y medio en el teatro Maipo. Creo que lo logré porque lo que para mí entra en el espectro de la radio me relaja esa parte de la cabeza.

¿Qué les parece el hecho de que ahora cualquiera puede transmitir y hacer radio desde estudios caseros o una casa particular?

S.W.: Es espectacular. Vi la película Suban el volumen hace muchos años y soñaba con eso. Era mucho más complicado tecnológicamente en ese momento, pero él se escapaba con su auto y hacía radio. A pesar de todo, la radio sigue siendo eso, hablar y que te escuchen, es simple. Se acopla muy bien con la tecnología. A la tele le cuesta un poco más, tiene mucha más competencia. La tecnología le suma mucho a la radio.
J.P.: Es genial. ¿Quién era que hacía el programa por la calle? ¿Julio Lagos? Agarraba el auto, salía a la calle a las cinco de la mañana y transmitía desde ahí.

El mundo desde abajo va a ir por cable, lo que acota un poco el público que los sigue en la radio. Pero a la vez sale por una señal que se transmite para toda Latinoamérica. ¿Cómo adaptan el humor que manejan al aire a un público mucho más amplio a nivel geográfico?

S.W.: Lo tenemos en cuenta pero no nos condiciona. Esa es otra cosa que charlamos. No nos vamos a zarpar en argentinismos ni vamos a hablar en neutro, nos tratamos de “vos”, no de “tú”. Además, a un argentino lo querés escuchar hablando en argentino. Tratamos de ser lo más naturales posible.
J.P.: Decimos algunas palabras que son muy nuestras y al toque mandamos un sinónimo. A veces los guionistas nos sugieren que digamos “calvo” en vez de “pelado”, por ejemplo.

¿Qué cosas los hacen reír?

S.W.: Las cosas serias. Hay programas de humor que nos causan gracia, pero ya están hechos para eso. Si le cambiás el ritmo a un drama puede ser una comedia…

“Gordos con chorizo”, la sección de la radio en la que los hombres cuentan lo que sufren de sus mujeres, también parte de algunos dramas cotidianos…

Sí, algunos casos son tremendos, como la mina que no deja que el tipo se bañe solo. Nos reímos pero al oyente que llamó le pasa de verdad. Depende de la actitud con la que mires las cosas. Hasta un velorio puede ser gracioso.

En una entrevista que hicimos para losinrocks.com, Sebastián dijo que se complementan muy bien porque “Julieta no se hace ni la boluda, ni la trola, ni la atorranta”. ¿Cómo hacés para evitar los lugares comunes de las mujeres en la tevé?

J. P.: La boluda, un poco (risas). Debo caer en alguno seguro. Intento que no, pero la televisión es otro medio. Hay otros tiempos para mostrarse, eso es lo más jodido. En la radio tenemos años juntos y tres horas diarias. Lo que no te gusta tiene revancha permanente, y usamos el error como algo positivo. En televisión, y más en un programa que dura media hora, todo es más pensado. Abrís la boca siete veces y listo. Dentro de eso, trato de mantener la mayor espontaneidad posible, pero con él supongo que sale natural.
S.W.: Hay algo que fluye, es cierto. En la radio nos largamos a hablar en la apertura y no sabemos con qué va a salir el otro. En la tele no tenemos nada estrictamente guionado pero decimos “che, hablemos de estos temas” porque hay un tiempo más acotado.
J.P.: Si a este programa me lo hubiesen propuesto con otro conductor, no sé si se hubiese dado, porque hubiera tenido que construir un vínculo de cero. Quizás hacés veinte programas y recién empezás a encontrar la onda que tenés con el pibe al final. Acá había un camino allanado y me mandé…
S.W.: Ahí tenés el título de la nota. Es como cuando te casás con uno porque ya lo conocés.

Fuente consultada: losinrocks

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