San Lorenzo nutre su historia con el ansiado regreso a Boedo

San Lorenzo nutre su historia con el ansiado regreso a Boedo

(CABA) Días antes de la demolición del Gasómetro, el estadio que hoy es leyenda, unos muchachos seguían jugando al básquetbol en el salón San Martín, bajo el mural del prócer de la Nación. Fue el último deporte grande que se fue de avenida La Plata. Y hoy, como campeón vigente de la Liga Nacional, el primero que vuelve a Boedo, donde a las 21 recibirá a Bahía Basket en el Polideportivo Roberto Pando.

Bajo las tribunas del Gasómetro había, además de magia, tableros de básquetbol. Los socios mostraban el carné y obtenían una pelota. El resto era esperar a los amigos. Había también una cancha de polvo de ladrillo, que en 1942 vio salir campeón metropolitano a Armando Bó, ya famoso, pues había participado de 14 películas. En San Lorenzo, el actor y director de cine jugó al lado de José Biggi, el primer crack del básquetbol nacional.

En 1946, cuando Armando Farro, René Pontoni y Rinaldo Martino descollaban en el fútbol, Alberto Trama, Salvador Capecce y Alfredo Belli maravillaban en el rectángulo. Y San Lorenzo ganó los campeonatos metropolitanos de 1946, 1949, 1950, 1954 y 1956 (invicto). Era un espectáculo, tanto que en 1951, en el Luna Park, el equipo fue el partenaire de los Harlem Globetrotters, que habían sido recibidos por el presidente Juan Domingo Perón.

La sintonía con el fútbol se repitió en el título de 1959 y en la época dorada de 1967 a 1973, cuando San Lorenzo construyó el mejor equipo de su historia, bautizado “La Catedral”. Ese quinteto inicial con Dante Massolini, Carlos Perales, Oscar Visciglia, Carlos Vasino y Carlos Perroni brillaba en el piso entarimado de madera de caldén del salón San Martín, que estaba pegado al Gasómetro.

Pero no eran sólo los trofeos, sino el latido social que este deporte le agregaba al club. Por año, 1.500 mujeres iban a la Escuela de Damas, 9.200 hombres a la Escuela de Caballeros y 16.500 chicos, hasta los más petisitos, cumplían el sueño de encestar, junto a 6.000 socios que simplemente jugaban para divertirse.

Entre la decadencia institucional posterior y la presión de la dictadura por barrer un sentimiento barrial, el básquetbol fue otra víctima. Sin Gasómetro, con el amor desterrado, la disciplina dejó de existir entre 1986 y 1992. Por eso esta noche hay mucho para festejar.

S.C.