Buenos Aires, 19/11/2017, edición Nº 1831

Roberto Quattromano, el principal referente de Cristian Ritondo

El dirigente de la corriente nacional Propuesta Peronista y Legislador del PRO en la Ciudad de Buenos Aires, brindó una entrevista en donde cuenta su carrera política junto a Cristian Ritondo y sus futuras propuestas.

(CABA) Los que lo conocen desde hace años coinciden en que en su juventud, Roberto era un exquisito de la redonda. Lo definen como un talentoso media punta con poder de definición, una rara mezcla de esas que no abundan en el fútbol actual. Roberto es Roberto Quattromano, que desde la mesa del bar de Ramón Falcón y Basualdo –esa en la que mantiene más reuniones que en su despacho legislativo- se limita a aseverar esos dichos con una sonrisa cómplice. Su foja de servicios futbolísticos indica que jugaba de 9 y de 10 y que, en divisiones inferiores, vistió las camisetas de Nueva Chicago, Deportivo Español y San Lorenzo. En Chicago, incluso, llegó a entrenar con la Primera, y cuando en 1986 hubo una huelga de jugadores, hasta se dio el gusto de disputar dos partidos en la máxima categoría. “Para jugar al fútbol hay que tener paciencia y conducta. Pero a mí me gustaba la política y me gustaba salir, y eso no era compatible. Así y todo tuve la suerte de jugar al lado de grandes futbolistas, como Roberto Vega y Alejandro Mancuso”, dice el legislador del Pro, a punto de cumplir 49 años.
Por aquellos años, su relación con el actual ministro de Seguridad bonaerense y directivo de Independiente, Cristian Ritondo, era tan estrecha como ahora. Y entonces la política pudo más. “Lo conocí cuando yo tenía 9 años y él 11. Empezamos a jugar campeonatos de fútbol juntos”, recuerda.

– ¿Cristian Ritondo era un rústico con la pelota?

– Bueno de 2 sí era un rústico, pero cuando se animaba a jugar de 9 era un gran goleador, aunque bastante egoísta. El fútbol lo apasionó desde siempre.
El paisaje sepia del Mataderos de aquellos años, dista bastante del actual. “Tengo los mejores recuerdos de mi infancia y mi adolescencia. La puerta de mi casa estaba siempre abierta. Me pasaba horas en la plaza Monito jugando a la pelota, desde las cuatro de la tarde hasta casi las ocho, cuando me venía a buscar mi Vieja. Era otra vida. Con decirte que no había teléfono. Cuando teníamos que hacer una llamada nos íbamos a la casa de Javier Misischia. Mi Viejo era policía y muy amigo del comisario Juan Ángel Pirker. Pero hoy es distinto y la inseguridad nos cambió la vida. Nuestros chicos ya no pueden disfrutar de la calle como lo hacíamos nosotros”, asegura quien hoy es padre de dos varones y una nena, y cuenta que jamás se fue de Liniers y Mataderos. “Acá viví toda mi vida. Nací en Pola al 200 y al poco tiempo nos mudamos con mi familia al Barrio Naón, a Fragata Céfiro entre Pizarro y Zelada, donde todavía sigue viviendo mi Vieja. Actualmente estoy en Liniers”.

Sus años de estudiante transcurrieron en el colegio San Cosme y San Damián, donde comenzó a desandar el camino de la política, de la mano de su amigo Ritondo. “Mi mentor y líder político, ya desde el centro de estudiantes del colegio, siempre fue Cristian. Jamás milité en otro espacio que no sea el ritondismo”, reconoce.

Cuando retornó la democracia Quattromano tenía 15 años y aquel hecho fue un mojón en su vida. “Aprendí mucho de las charlas que tuve con el viejo Alfredo Romero, un mártir del peronismo que nos pasaba diarios de la época. Nos hablaba de Perón, de Evita, de la resistencia. Así nos fuimos empapando y fuimos entendiendo que lo mejor que le puede pasar a un país, a pesar de que todavía es perfectible, es vivir en democracia y que podamos elegir a quienes nos gobiernan. Por eso –subraya- siendo peronista valoro y reivindico la figura de Raúl Alfonsín, un demócrata con todas las letras”.

Un año más tarde, en el 84, comenzó su militancia activa cuando con su amigo Ritondo conoció a Carlos Grosso en el Sindicato del Seguro, de la mano de Miguel Ángel Toma. Para entonces, después de la derrota electoral, el peronismo estaba devastado. “Aquella tarde el discurso de Grosso terminó con una ovación –recuerda- y al otro día los medios decían que se venía el peronismo de saco y corbata. Así se empezó a armar la renovación peronista, donde además de Grosso estaban Antonio Cafiero y Carlos Menem. Después hubo un acto grande en Once en el que hablaron los tres, y ahí nosotros, casi en paralelo, abrimos con Cristian nuestro primer local político”.

– ¿Qué tipo de relación habían tenido con Menem?

– Te diría que tuvimos una relación de amor-odio. De hecho perdimos de una forma poco clara en una interna en la que el Turco bancaba a Scioli y nosotros íbamos con Toma. No obstante, al poco tiempo, Menem lo nombra a Toma secretario de Seguridad Interior, y Cristian pasó a ser jefe de gabinete de Toma. Por eso estuvimos el último año y medio con el menemismo, pero en realidad, en la interna fuimos con Cafiero y siempre estuvimos afuera de lo que fue la estructura menemista.

– ¿Y cómo se alían luego con el macrismo?

– Es simpática la forma en que lo hicimos. Un día Cristian me dice “Roberto, vamos a tener que empezar de nuevo, volver a las raíces, volver a Perón”. Retomando aquel título de un libro muy famoso de Pavón. Y allá por septiembre de 2002 hicimos un encuentro de peronistas jóvenes, en el que Diego Santilli nos cuenta que tenía una relación con Mauricio Macri y que quería empezar en la política. Así que al poco tiempo Cristian tuvo una reunión con Mauricio de la que participaron Santilli y Juan Pablo Schiavi, que era el que en aquel entonces le estaba armando el espacio a Macri. Mauricio no era el que es hoy, era muy reticente a un montón de cosas del peronismo. Pero después de otras tantas reuniones nos pareció interesante la propuesta porque entendimos que era lo nuevo en la Ciudad. Acordate que por aquel entonces gobernaba Ibarra. Hoy hace quince años que somos parte del PRO, donde convergemos con distintos espacios políticos, y junto a Santilli somos la pata peronista del macrismo. Nos sentimos cómodos y Cristian fue teniendo un protagonismo importante que fue aumentando año a año. Hoy estamos muy bien posicionados, Cristian es ministro de Seguridad de la Provincia, Daniel de Sol y yo legisladores de la Ciudad, y manejamos cuatro comunas porteñas: la 8, la 9, la 10 y la 11.

– Desde que sos legislador, ¿Cuántas veces te hicieron chistes con tu apellido?

– Desde chiquitito que me joden por mi apellido, pero yo siempre lo tomé bien y entiendo que en la política mi apellido es compuesto, por eso de “robar a cuatro manos”. Me acuerdo que una vez me hizo una nota Andy Kusnetzoff y me dijo “la verdad que si llegaste con ese apellido, algo bueno debés tener…”. Ya lo tengo asumido y me lo tomo con humor. De hecho en la Legislatura tenemos al delegado gremial del Sutecba, que es Andrés Seisdedos, y yo lo cargo siempre, le digo “vos tendrás seis dedos pero yo tengo veinte…”.

Roberto Quattromano accedió a su banca legislativa a comienzos de diciembre de 2011, luego de que Carolina Stanley –hasta entonces legisladora- fuera designada como ministra de Desarrollo Social de la Ciudad (hoy ocupa el mismo cargo en Nación). Además, desde 1989 forma parte del armado del gremio de los municipales y en 2015 se transformó en delegado gremial de la Legislatura porteña.

Por tu estilo desacantonado, por tu labor gremial y hasta por tu forma de vestir ¿Te consideran un bicho raro en la Legislatura?

– Y sí, puede ser… En mi primer discurso como legislador porteño le dije al resto de mis colegas que jamás iba a traicionarme a mí mismo. Yo soy un tipo de barrio y tengo una manera de ser que no voy a cambiar, porque lo que uno no puede perder es la esencia. Creo igual que hay una serie de comportamientos y convenciones en distintos ámbitos que uno debe respetar. La Legislatura es la casa de la democracia en la Ciudad, es donde nosotros debatimos y aprobamos las leyes, por eso lo importante es honrar el cargo que ocupo en representación de los vecinos y no hacer un culto de las apariencias. Tener puesta una remera o una camisa no cambia nada y no significa faltarle el respeto a nadie. Me crié en un barrio y tengo un estilo mucho más sencillo que varios de mis colegas, ni mejor ni peor, pero soy así. Igual Cristian siempre me dice, “Gordo, ponete una camisa”, pero me queda más cómoda la chomba y cuanta más panza tengo más chombas tengo que usar…

En diciembre próximo, Quattromano concluirá su mandato legislativo, tras seis años de labor. Si se le pide un balance de su gestión, la definirá como positiva y se apurará a emparentarla con lo hecho por el macrismo. “En 2007 cuando Mauricio asumió como jefe de gobierno, Buenos Aires era una ciudad sin obras y con inundaciones constantes. Pero la cosa cambió y hoy muchos de esos problemas pudieron revertirse. En lo que respecta a la Comuna 9 hubo muchos avances en infraestructura, y en ese marco la avenida Emilio Castro cambió para bien radicalmente. En lo que es espacio público ha habido grandes avances en tareas de poda, pavimentación y arreglo de veredas. Además, casi el 80% de las plazas de la Comuna fueron recuperadas a nuevo. Y en el Parque Avellaneda pudimos recuperar el trencito, donde me llevaba mi tía Teté cuando era chico. Por otra parte, en zonas que estaban pasando necesidades se lograron muchos avances en temas hidráulicos y edilicios para alcanzar su puesta en valor, como el barrio Los Perales”, argumenta.

– ¿Qué obras pendientes quisieras que se concretaran en la zona?

– A mí me gustaría que se reinaugurara el anfiteatro del Parque Alberdi –de Lisandro de la Torre y Directorio- cosa que se va a lograr en poco tiempo. No te olvides que fue el lugar que eligió Mauricio para cerrar su campaña presidencial en 2015. La idea es volver a montar ahí espectáculos gratuitos y de categoría para los vecinos. Esa obra está aprobada y Espacio Público nos prometió que se iniciaría este año. Además, con Analía Palacios, Liliana Lestanquet y Stellita Martellotta estamos trabajando para lograr que se retomen las obras en el cine El Plata, para que los vecinos puedan tener el centro cultural que se merecen. Lo hablé personalmente con Diego Santilli, le expliqué la importancia que tiene esa sala para Mataderos y que no era un dineral lo que falta invertir, y se comprometió a agilizarlo. El otro tema que me preocupa es el de la inseguridad. Ahí creo que es importante el acuerdo que se firmó con Provincia para colocar garitas nuevas con personal especializado en todos los cruces de General Paz, sumado al control de patentes que permite verificar al instante si un auto tiene pedido de captura.

– ¿Y el caos que existe en el centro comercial de Liniers qué opinión te merece?

– En Liniers hay que tomar una decisión drástica y conjunta entre Espacio Público y el Ministerio de Seguridad, escuchando la opinión de los vecinos, para lograr volver a tener el barrio que todos queremos. Ese Liniers colorido y atractivo al que mi mamá me llevaba a la calesita de la Galería Crédito Liniers. Yo soy vecino del barrio y sé que hoy Liniers es un mercado persa. A mí me gustaría decirle a mi hijo mayor andá hasta el shopping y divertite, pero no lo hago porque no me quedo tranquilo. Por eso digo que tiene que tomarse una decisión drástica como la que se tomó en Once o en la avenida Avellaneda. Yo me pongo a disposición de los vecinos como nexo para generar las reuniones que hagan falta con los funcionarios correspondientes. Liniers tiene que volver a ser el que fue, y no lo digo como legislador sino como vecino.

– ¿Qué precisiones tenés del posible traslado del Mercado de Hacienda?

– Al tema del Mercado hay que darle un corte definitivo, porque no puede ser que siga estando donde está. El traslado es inminente. Ya lo hablé con Cristian, con Horacio (por Rodríguez Larreta), con Santilli y con Arancedo (el titular de Mercado de Hacienda s.a.). La decisión de Horacio es trasladarlo. El propio Arancedo está en contacto permanente con Bruno Screnci, que es el ministro de gobierno, para concretar el traslado del Mercado a un predio ubicado detrás del Mercado Central. Allí hay un convenio tripartito entre Ciudad, Nación y Provincia. Lo que remarcó Arancedo como condición para mudarse es ir a un predio que tenga una mejor infraestructura, y este de Tapiales la tiene. Además subrayó que la mudanza no significará la pérdida de ninguna fuente de trabajo. Si el traslado no se concreta a fin de año, a lo sumo será en marzo próximo. Ahora, una vez que se vaya el Mercado será clave cuidar el predio y tomar los recaudos necesarios para evitar intrusiones, como pasó en el Indoamericano.

Está circulando una versión que habla de un contacto de Rodríguez Larreta con el Grupo Irsa para construir un shopping en el predio del Mercado ¿sabés algo?

– Jamás me llegó esa versión, pero lo voy a chequear. No obstante no creo que esa sea la intención de Horacio, porque en ese predio está también proyectado el Polo Educativo, que es una promesa del ministro Esteban Bullrich cuando estaba a cargo de Educación en la Ciudad. Horacio se comprometió a que en su gestión se iba a concretar el Polo Educativo, por eso espero que este año estén colocados los primeros ladrillos.

– Llama la atención tu apoyo al traslado del Mercado, cuando vos y Cristian siempre votaron la prórroga de la Ley 622 para que siguiera funcionando en Mataderos…

– No, nosotros siempre votamos la prórroga, es cierto, pero no te olvides que la hemos votado en concordancia con, por ejemplo, Juan Manuel Olmos, que era del Frente para la Victoria. Ocurre que en aquel momento apoyábamos la continuidad porque nos preocupaba la pérdida de fuentes de trabajo, además ellos pedían un tiempo para hacer el traslado en forma correcta. Pensá que no es fácil trasladar un mercado de esas características. Pero hoy el contexto es otro y las condiciones cambiaron, por eso está todo dado para que se libere el predio y se lo destine a usos comunitarios.

Y antes de detener el grabador, es el propio entrevistado el que pide agregar algo más. “Dejame agradecerles a los vecinos de la Comuna 9 el apoyo de todos estos años y decirles que sus reclamos no me molestan, al contrario, me ayudan a hacer bien mi trabajo”.

– O sea que quienes quieran acercarte algún reclamo pueden ir a verte a la Legislatura…

– No ¿para qué? Que vengan acá, al bar. Estamos más cómodos y en el barrio. Además los invito con el café.

MG

FUENTE: COSAS DE BARRIO

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