Buenos Aires, 26/05/2017

Ricardo Kirschbaum: “El Coliseo es un formidable vehículo de cultura popular y clásica”

El reconocido editor de Clarín analiza el efecto de la remodelación de un teatro incónico, como lo es el Coliseo, en medio de una situación política agitada

(CABA) Entre tanta tensión política, destape de un mecanismo de corrupción arropado con ideología “emancipadora”, ajuste económico e inflación, la reinauguración de un espacio cultural como es un teatro constituye un acontecimiento que no puede quedar ocultado por ese áspero paisaje.

El teatro Coliseo, de él se trata, no tiene la imponencia del Colón ni tampoco su fama mundial. Tampoco es una especie de hermano menor porque en todo caso es anterior y no tiene nada de teatro menor. Estas comparaciones, que son fáciles, son engañosas: el Coliseo y el Colón son dos grandes teatros que se han complementado y se complementan todavía más ahora, con la revitalización que se le ha realizado a la sala de plaza Libertad.

Tampoco tiene la espectacularidad de un metrobus aunque la historia del Coliseo, que viene desde los tiempos de la colonia, fue y es un formidable vehículo de cultura popular y clásica. Eso, que no necesita de más elogios, en lo cultural. En lo político, entendiendo la política como servicio, merece un reconocimiento. Detrás de ese teatro está el gobierno de Italia y de su notable puesta a punto una ley porteña poco conocida: la de mecenazgo cultural. El nombre del sistema es Régimen simplificado del impuesto sobre los Ingresos Brutos. En sencillo: consiste en que una parte de ese impuesto no se pague y en cambio se destine a proyectos culturales o patrimoniales. Un consejo aprueba el proyecto, un privado lo ejecuta y el Gobierno porteño supervisa. El Coliseo, hoy, tiene un equipamiento escenotécnico que lo pone a la vanguardia mundial. Y de verdad impresiona.

Se invirtieron $ 44 millones y aún faltan etapas para ejecutar. La puesta en valor del Coliseo refuerza el equipamiento cultural porteño y se enlaza con la revitalización del Colón y la Usina del Arte, dos ejemplos que no son frecuentes: se proyectaron e iniciaron durante una gestión y se terminaron en otra, de distinto signo político. El Teatro San Martín, otro lugar de excelencia, está en remodelación: su actividad se hará provisoriamente en varias sedes.

El apoyo a la cultura tiene mucha declamación pero no abunda. Y cuando lo hay, casi se disimula. Este no es el caso. Es al revés: cuando alguno pregunta dónde está el Coliseo, lo más fácil es decirle es el teatro de Les Luthiers. Es injusto: fue y es un teatro por donde pasan los mejores artistas del mundo. Hoy el Coliseo es una muestra de un mecanismo eficaz entre gobiernos y particulares para una actividad cultural de la que no siempre se alcanza a apreciar bien su importancia en la vida de todos los días. La limitación de esa importancia también es una injusticia. NT

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