Buenos Aires, 24/11/2017, edición Nº 1836

Reubicarán a más de 3000 manteros de Once y Flores en predios cerrados

Buscan liberar las avenidas Avellaneda, Pueyrredón y Corrientes. El plan también prevé realizar un registro de los vendedores y su posterior empadronamiento.

(CABA) El gobierno porteño prepara un plan para reubicar a los manteros de Once y de Flores y así liberar calles y veredas por las que hoy apenas se logra circular. Casi 3300 vendedores serán trasladados a predios situados a escasos metros de donde los vendedores trabajan actualmente. La iniciativa, que abarcaría a los ambulantes de las avenidas Pueyrredón, Corrientes y Avellaneda, también prevé crear un registro para regular la actividad.

Algunos manteros están de acuerdo con el proyecto, pero otros expresaron su disconformidad. Durante una recorrida, LA NACION dialogó con vendedores que dijeron que aceptarían la “mudanza”, mientras que otros, los más combativos, la rechazaron porque “el comercio está en la calle, donde pasa la gente”.

La recuperación del espacio público es un anhelo de larga data de los vecinos de ambas zonas y un fuerte reclamo de los comerciantes establecidos, que ven en la venta ambulante una competencia desleal.

El mes pasado, sumaban 1694 los vendedores que exhibían su mercadería en improvisados estantes y “mostradores” callejeros por la zona de Once, según el registro realizado por la Federación de Comercio e Industria de la Ciudad de Buenos Aires (Fecoba). Estos manteros serían trasladados a galpones contiguos a las vías de la línea Sarmiento, sobre la mano izquierda de la calle Perón, indicaron fuentes oficiales. Se trata de terrenos de propiedad nacional que deberán transferirse a la Ciudad, algo que -según aclaró el jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, a LA NACION- “está en marcha”.

En el barrio de Flores, en tanto, serán 1602 los comerciantes callejeros que deberán reubicarse en el predio elegido por el gobierno, que funcionaría a pocas cuadras de la intersección de Nazca y Avellaneda. Hoy, las inmediaciones de ese cruce se encuentran abarrotadas de manteros que ocupan las estrechas veredas y parte de la acera. Hay tramos de la avenida Avellaneda en los que un par de carriles quedaron inutilizados para los rodados, ya que fueron ocupados por los vendedores. Ciertas ochavas, como a la altura de las calles Argerich y Cuenca, están parcialmente cubiertas por mercadería en exhibición y cajas.

“¡Noooooo! Si nos mandan a galpones pasamos a vegetar. La venta está en la calle”, aseguró Daniel, un puestero instalado a escasos metros de la entrada de la terminal de Once. No es la primera vez que el hombre escucha que los quieren reubicar, pero “nunca lo aceptaría“. Gladis, que desde hace 15 años vende sobre la avenida Pueyrredón, casi esquina Perón, fue más flexible: “Hay que analizar qué ofrecen. En mi familia somos cinco y vivimos de esto. Lo cierto es que la venta está acá, al paso de la gente”.

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Con la Superintendencia de Seguridad Metropolitana de la Policía Federal transferida a su órbita, el Ejecutivo porteño cuenta ahora con un respaldo de seguridad que siempre alegaba no tener para resguardar los puntos conflictivos una vez que las veredas fueran despejadas. “Son los dos polos más comprometidos de la ciudad. Mejoraremos esa situación, pero también tenemos que dar una alternativa a la gente que trabaja en la calle. Esa opción es reubicándolos en predios que hoy están inutilizados, cerca de los lugares donde venden mercaderías, para que puedan continuar con su fuente laboral”, dijo a LA NACION Rodríguez Larreta.

“En pocos días, funcionarios porteños comenzarán una negociación con los vendedores ambulantes, que, se prevé, no será sencilla”, agregó. Es que la disputa por liberar las veredas lleva varios años. Durante el verano de 2014, hubo tensas jornadas de protestas y cortes de calle en Once luego de que la fiscalía que investiga la existencia de organizaciones detrás de la venta ilegal en la vía pública ordenó el decomiso de productos y allanamientos en viviendas donde se acopiaban los artículos. Entonces, los manteros afirmaron que no se irían de la zona.

En Flores, Rodolfo Torres ratificó su descontento. “No quiero irme. Nosotros vendemos porque la gente nos ve“, dijo ayer a LA NACION mientras acomodaba la vestimenta que comercializa. Roxana, otra puestera, coincidió: “Vamos a estar todos juntos. Ya no va a ser lo mismo”. La mujer no descarta empezar a dedicarse a otra actividad.

Antes de la mudanza, el plan oficial prevé realizar un registro de los vendedores y su posterior empadronamiento. Además, una vez que las veredas queden despejadas, se dispondrán policías para custodiar los espacios y que no se vuelvan a ocupar, como se logró en Constitución.

Clara Muzzio, subsecretaria de Uso del Espacio Público, detalló: “No todos los manteros se podrán reubicar. Por eso estamos primero haciendo un relevamiento para detectar las problemáticas en particular antes de iniciar alguna medida u operativo”.

“Ya no hay excusas. Es hora de erradicar este problema. No sólo por lo que significa para el barrio, sino también porque detrás hay narcotráfico y trata de personas“, enfatizó Gloria Ortiz, de la entidad Buenos Vecinos Once. “El proyecto es bueno, pero no creo que sea tan fácil lograr que acepten irse”, dijo Ricardo Martínez, de la Asociación de Comerciantes Mayoristas de la avenida Avellaneda. NR

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