Buenos Aires, 25/05/2017

Renace el ex Paseo de la Infanta en Palermo

El predio estuvo abandonado por más de diez años y recién a fin de 2015, con la apertura de locales gastronómicos, comenzó a recuperar su esplendor

(CABA) Hay pocos espacios tan privilegiados en Capital como el ex Paseo de la Infanta, hoy llamado Marcela Brenda Iglesias, en homenaje a la nena que murió al caer una escultura en 1996. Sin embargo, el predio estuvo abandonado por más de diez años y recién a fin de 2015, con la apertura de locales gastronómicos, comenzó a recuperar su esplendor.

El primero en asentarse fue McDonald’s, que eligió los arcos cerca de Liberador y luego, en 2012, Starbucks hizo lo mismo en los que se ubican en el otro extremo. Desde entonces, la zona se repuebla.

Catalina Echagüe, quien acaba de correr unos 4 kilómetros y enfrenta el calor con una limonada, dice: “Antes, si quería tomar algo tenía que pagar una fortuna por un agua en uno de los quioscos que hay cerca del lago. Ahora me compro un jugo en uno de los bares y gasto casi lo mismo”. Marcela Urondo y su marido también apuestan al combo actividad física y gastronomía. “Una de las mañanas del fin de semana nos levantamos, vamos a dar unas vueltas al lago y después hacemos un brunch”, cuenta.

Si bien los deportistas son habitués, también están aquellos que buscan un buen lugar para comer, en una ubicación inmejorable e incluso sin necesidad de producirse. Eso es lo que más le gusta a Mariano Abelardi. “Me aburrí de lugares donde te tenés que vestir para salir a cenar. Acá venís en ojotas y no desentonás”, explica.

La pizzería Coronita es fiel exponente de esa estética playera. En sus parlantes sólo reproduce reggae y los mozos visten camisas hawaianas. La comida informal y una barra estilo tiki emplazada en medio del salón redondean el ambiente casual.

El polo gastronómico se completa con helados de Lucca, cocina sana y contemporánea de Möoi y crepes de Santa Crepa. Pero el próximo mes se agrandará la familia, Naná, un restorán clásico de la zona Norte, abrirá su primera sucursal.

También debajo de los arcos se emplaza el box de crossfit. “En menos de un año, sumamos 300 socios”, señala satisfecho uno de los encargados y cuenta que el entorno natural se aprovecha: “Salimos a correr por el Rosedal”.

Una parte pequeña de los arcos pertenece al espacio público. Al cruzarlos se desemboca en el Paseo de los Justos, inaugurado el 27 de enero en homenaje a quienes arriesgaron su vida para salvar a los perseguidos por el nazismo. Desde ahí se divisa el verde de la Plaza de la Shoá y reina el silencio.

Claro que esa calma podría tener los días contados, ya que cada vez más personas redescubren la zona y quedan flechadas por el verde y la oferta gastronómica. NT

 

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