Buenos Aires, 22/09/2017, edición Nº 1773

Reeditan “La muerte del Pibe Oscar”, la primera novela escrita en lunfardo

La obra de Luis C. Villamayor estuvo perdida durante años, pero el ensayista Oscar Conde investigó y logró publicar esta pieza clave de las letras argentinas.

(CABA) Las palabras mugrientos (pesos), marroco (pan); o las frases “dengue pichivirro” (dedo meñique), o “curda marca yin” (borrachera de ginebra) son algunas entre el centenar de voces y expresiones que se encuentran en esta, que es la historia de un pibe marginal, considerada la primera novela lunfarda jamás escrita. Los primeros capítulos de La muerte del Pibe Oscar (célebre escrushiante) de Luis C. Villamayor (1876-1961) fueron publicados por entregas entre 1913 y 1914, en una curiosa revista de policiales que se llamó Sherlock Holmes. El libro luego estuvo por décadas perdido y era desconocido incluso por los especialistas. Cuando el autor pudo publicarlo, en 1926, la primera tirada se quemó casi por completo y es por esto que ni siquiera había originales en la Biblioteca Nacional ni en la del Congreso. El académico y ensayista Oscar Conde hizo una búsqueda exhaustiva hasta dar con un ejemplar que fue la materia prima de su trabajo de rescate no sólo de este texto, sino también de su autor y del contexto en que aparece esta historia -que se enmarca en la producción de las letras argentinas de la década de 1920- con el telón de fondo de los grupos de Florida y Boedo. Luego de una investigación que duró unos tres años, la editorial de la Universidad Pedagógica, Unipe, en su Colección Boris Spivacow, vuelve a publicar este texto de gran importancia documental.
Conde es ensayista y profesor universitario. Hace más de tres décadas que estudia el argot rioplatense y es miembro de la Academia Porteña del Lunfardo desde 2002. Publicó el Diccionario etimológico del lunfardo en 2004 y el libro Lunfardo en 2011.
En este curioso texto, del que se sospecha es una historia real, Conde se encontró con palabras y frases que él mismo, especialista en el lenguaje de los bajos fondos, desconocía.

-Arranquemos por el principio, ¿qué significa escrushiante?
-Es un tipo de ladrón que actúa violando alguno de los accesos al lugar que va a robar sin reparar en los métodos. A diferencia del espiantador, por ejemplo, que es el ladrón que roba por sorpresa y huye.
-¿Cómo fue que finalmente encontró un ejemplar de La muerte del Pibe Oscar?
-Durante años busqué sin éxito en bibliotecas públicas y privadas algún ejemplar de la novela. Había hasta un desconocimiento casi total de su existencia por parte de los especialistas. La explicación de esto la dio Enrique del Valle cuando cuenta que la única edición de esta obra, financiada por el mismo autor, fue destruida casi totalmente por un incendio producido en los talleres en los que fue compuesta. Y esta circunstancia dramática tanto para la novela como para Villamayor ocurrió en 1926 y es el motivo por el cual sobreviven poquísimos ejemplares. El escritor la publica originalmente por entregas con el seudónimo de Canero Viejo, que también es una locución en lunfardo que sirve para referirse a un preso que lleva varios años encerrado. Acá alude con humor a su condición de penitenciario. Porque Villamayor era un guardiacárcel.
Finalmente fue José Gobello, fundador de la Academia Porteña del Lunfardo, quien ante mi pedido mandó a buscar y encontró un ejemplar entre unos libros suyos caídos atrás de un estante. Me lo prestó y luego cedió.
-¿Encontró palabras nuevas?
-Muchas. Me encontré incluso con frases que desconocía como “encolársele al misifú” que significaba insolentarse ante el agente de policía. Y otras que no aluden a la cárcel y que me sorprendieron por su osadía en la época. Por ejemplo, las referidas a prácticas sexuales como “champagne a la cascada” que consistía en derramar champagne sobre los genitales de una mujer.
-¿Quién era el autor de esta novela?
-Luis Contreras Villamayor nació en Lobos, en 1876. Fue autodidacta, tropero en su primera juventud y por este motivo sus amigos lo llamaban el Gaucho Villamayor. Fue miembro del cuerpo de Guardiacárceles de la Nación alcanzando el grado de teniente. Estuvo tanto en la cárcel de Encausados (conocida luego como Caseros Vieja) y en la Penitenciaría Nacional, conocida como Las Heras, por la calle en la que estaba. También estuvo un tiempo en el Penal de Ushuaia y cuando se jubila es el director de la revista ferroviaria Pullman.
-Es probable entonces que la historia del pibe Oscar fuera real o basada en alguien que conoció.
-Sí, es lo que creo aunque esto no lo pude documentar. Es la tremenda historia de un chico de once años que es apresado por robar dos quesos por lo que le dieron unos meses dentro del correccional de menores. Aunque por rebeldía y por mala conducta termina quedándose hasta los 18 años. Pero cuando sale de la cárcel ya está convertido en un ladrón profesional. Es una muy vigente crítica de Villamayor al sistema carcelario argentino.
-Hay mucha presencia de lunfardo en teatro o poesía, no así en novelas.
-Las novelas en estilo lunfardesco no han sido demasiadas. Pueden citarse algunas que son muy posteriores a la de Villamayor como El deschave, publicada en el 65 por Arturo Cerratani, o El vaciadero, del 71, de Julián Centeya. O Jeringa, de Jorge Montes. La naturaleza de La muerte del Pibe Oscar hace además que el texto tenga un especial interés lingüístico. Por su temática, que es la vida de un delincuente y por la curiosa adscripción profesional de Villamayor -que por un lado era teniente de guardiacárceles y por otro autor de El lenguaje del bajo fondo- la novela contiene además de muchos lunfardismos y algunos argentinismos de uso general de su tiempo, una porción de vocablos del mundo delictivo y carcelario. Aparecen unos cuántos términos pertenecientes al tecnolecto ladronil como apuntador (soplón), balurdo (envoltorio que simula gran cantidad de dinero) o lágrima (un brillante). También frases o vocablos carcelarios como asador (autoridad policial encargada de hacer los sumarios de los detenidos) o gavilán blanco (empleado que hace compras ocultamente para los detenidos). Sin embargo, las voces usadas en la novela siguen siendo más que las que solo se circunscriben al campo semántico del delito.
-Se manifiesta el lunfardo como algo más que el lenguaje críptico de la cárcel.
-Claramente. En un comienzo, la posición clásica, presenta al lunfardo como una jerga ladronil, circunscrita al ambiente delictivo y al de la cárcel. Era la posición de Lugones, Dellepiane, incluso del mismo Villamayor: todos ellos criminalistas o policías quienes convivieron con ese vocabulario como patrimonio exclusivo del hampa y carcelero. A partir de los estudios de José Gobello y Mario Teruggi se ha demostrado que el lunfardo fue en sus orígenes mucho más que esto. No solo por los campos semánticos que abarcan hasta las letras de tango sino también por el nivel de difusión que tuvo en las clases humildes primero y en el resto de la sociedad porteña después. Es un repertorio léxico popular, un vocabulario cuyo origen puede ubicarse en la cuenca del Plata, semejante a un argot, creado al margen de la lengua general. El lunfardo es un fenómeno lingüístico original: aunque muchos lunfardismos son relexemantizaciones de voces españolas un alto porcentaje de este léxico está constituido por préstamos. Hay cientos de italianismos pero también galicismos, anglicismos, lusismos, brasileñismos, africanismos. A estos se sumaron voces de las lenguas originarias americanas especialmente del quichua pero también del guaraní y el araucano. Es el lenguaje característico también de las letras de tango y, al mismo tiempo, también tuvo un uso generalizado en el teatro argentino, sobre todo en el sainete, en el costumbrismo y en el periodismo popular de la primera mitad del siglo pasado.

Fuente: texto de Natalia Páez en Tiempo Argentino.

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