Buenos Aires, 23/09/2017, edición Nº 1774

Recuperan una joya de la arquitectura para Casa FOA en Retiro

En Basavilbaso al 1200, es una casona de 100 años que refleja la vida aristocrática de principios del siglo XX.

(CABA) ¿Cómo eran por dentro las casas que habitaban las familias aristocráticas de principio del siglo XIX? Pisos de roble de Eslavonia, mármoles en escaleras y baños, paredes con boiserie, techos en doble altura, molduras y arañas con caireles.

Entre el 23 de octubre y el 30 de noviembre los vecinos porteños tendrán la oportunidad de recorrer por dentro una de estas residencias –ubicada en Basavilbaso al 1200, Retiro–, cuando se lleve a cabo una nueva edición de la muestra de interiorismo Casa FOA.

Se trata de una construcción de 1906 que conserva toda la impronta de la enorme influencia que tuvo la arquitectura francesa en muchos barrios de la Ciudad y especialmente en éste.

La casona, de dos plantas, está a metros del Palacio San Martín, en donde funciona la sede ceremonial de la Cancillería. Para muchos se trata de una construcción desconocida. Pero en rigor forma parte de un conjunto de edificios que se construyeron entre fines del siglo XIX y principios del XX.

En pocos metros a la redonda se encuentran otros tres palacios, además del San Martín: el Estrugamou –en Juncal 747, que aún funciona como un edificio de viviendas–, el Palacio Paz –en Santa Fe 750, que mandó a construir José C. Paz y en su momento fue la residencia más grande de la Ciudad– y el Palacio Haedo, en Marcelo T. de Alvear 665; hoy funciona como sede de la Administración de Parques Nacionales y es la más antigua de las construcciones (circa 1870).

Casa FOA Retiro

A todo este conjunto arquitectónico espectacular, se suman los dos edificios Bencich sobre calle Arroyo; y cruzando la 9 de Julio, otros dos palacios transformados en sedes diplomáticas, el Ortiz Basualdo (Embajada de Francia) y el Palacio Pereda (Embajada de Brasil).
Si bien muchos de estos edificios mencionados pueden visitarse, no es el caso de esta residencia, que es privada. Estuvo cerrada durante muchos años, al cuidado de un casero, y pertenece a varias familias, entre ellas los Estrugamou.

Aunque la residencia que alojará la muestra de interiorismo no es monumento histórico, no puede ser demolida: como todas las construcciones anteriores al 1941, posee una protección edilicia. Y en su jardín delantero tiene una fuente decorativa que en 2007 fue declarada como Bien de Interés Cultural de la Ciudad.

La casa fue diseñada con una gran influencia del Beaux Arts: tiene un espacio central y habitaciones a su alrededor y un ingreso similar al de los patios palaciegos, con un camino de carruajes. Tiene 2.200 m2, distribuidos en dos plantas: abajo los usos sociales, sala de música, de estar, billar y comedor. Y en el primer piso, las habitaciones privadas con sus baños y balcones. En la vereda, aún se pueden ver las grandes placas de granito que se usaban como revestimiento en aquellos años.

La última gran epidemia de fiebre amarilla, en 1871, obligó a muchas familias aristocráticas y hacendadas a dejar sus casas en el Sur y mudarse al Norte de la Ciudad. Esas familias aprovecharon para encargar la construcción de estas residencias y palacios que en su gran mayoría están catalogadas como monumentos históricos. Así comenzó una etapa que duró varias décadas y que le puso a Buenos Aires el mote de “París de Sudamérica”. Una oleada de arquitectos e ingenieros europeos –como Alejandro Christophersen y Francisco Gianotti, entre muchísimos otros– diseñaron y construyeron muchos de los edificios que le dan carácter a Buenos Aires. Y claro, el francés Carlos Thays, sumó su genio para trazar una ciudad con boulevares, paseos, parques y plazas.

Sobre la casa de Basavilbaso al 1200, en FOA explicaron que “su maravillosa arquitectura con reminiscencias francesas e influencia de las Beaux Arts albergará 40 espacios con espíritu contemporáneo, innovación, buen uso de los metros y aplicación responsable de los materiales”.

Es tradición de Casa FOA recuperar lugares con historia. Este año la muestra cumple 30 ediciones: en 2014, la muestra intervino La Abadía de San Benito, en Belgrano. Y a lo largo de todo este tiempo, cientos de arquitectos, ingenieros, artistas plásticos, paisajistas y diseñadores, trabajaron en edificios de todo tipo: ex fábricas de galletitas, textiles, el Hotel de Inmigrantes, los diques de Puerto Madero, el casco de una estancia y un monasterio, entre muchos otros.

Fuente: Silvia Gómez en Clarín.

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