Buenos Aires, 26/07/2017

Recorrido por algunos hitos históricos de Vicente López

Íconos como la parroquia Jesús en el Huerto de los Olivos, o el Cine Teatro York y su coqueta marquesina, impulsan a darle la cara a sus memorias.

Por Judith Savloff

(PBA) El río traza una línea en el horizonte que separa el celeste del cielo del agua “color león” y pinta así un cuadro abstracto.

Cómo no acordarse entonces de las flores de hormigón gigantes del Monumento del Fin del Milenio realizado en 1999/2000 para Amancio Williams (1913-89), figura de la arquitectura moderna argentina, también allí, en la costa de Vicente López (en este caso, el río y Melo).

Difícil no recordar esas formas puras en las que es posible evocar pétalos y que son, en realidad, ejemplos de las “bóvedas cáscaras” que Williams creó. Sólo requieren una columna para sostenerse. Una columna hueca, que funciona como desagüe. Por eso, en vez de flores, otros las identificaron con paraguas.

Como sea, esas flores de cemento se pueden ver como metáfora de una actitud: la de una ciudad, con casonas antiguas y torres modernas, polémicas y autos –muchos–, que dio vuelta la cara para mirar el río.
“En 2011 el paseo costero de Vicente López estaba abandonado. Hubo que hacer obras que incluyeron desde pavimento hasta plazas. Y algo clave: para seguridad, se pusieron cámaras y un destacamento. Por eso, ahora, podemos organizar actividades recreativas también gratuitas”, dice Javier Buenahora, director de eventos del municipio.

Hoy el paseo recibe 20 mil personas por fin de semana, estima. Está prohibido bañarse así que van, sobre todo, a caminar, tomar sol, hacer ejercicios. Andar en rollers o bicicleta. “A disfrutar”, resume.

El río encandila. Sin embargo, algunos hitos históricos del barrio de Olivos, como la parroquia Jesús en el Huerto de los Olivos (que empezaron a construir en 1895), con su fachada cubierta de enredaderas, o el Cine Teatro York (inaugurado en 1910) y su coqueta marquesina, impulsan a volver a darle la cara a la ciudad, a sus memorias.

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El camino es entonces de ida y vuelta: de la ciudad al río y del río a la ciudad. Y quizás así la mejor foto de este paseo se acerque un poco al ideal de Williams: una ciudad “más humana”, que devuelva algo de “la luz, el aire, el espacio y el tiempo” que, decía, ella misma nos va quitando.

1) Al río. El paseo costero de Vicente López nace en Laprida (al 200 de Avenida del Libertador) y llega hasta Hipólito Yrigoyen, siguiendo el contorno del río. Es decir, mide cerca de 20 cuadras. Ofrece juegos, espacios para practicar deportes (fútbol, tenis, ping-pong y básquet) y correr o andar en rollers y bicicleta. Hay baños y duchas. Y un escenario para bandas, entre otras propuestas. También, miradores, para contemplar el río. El ingreso es gratuito. Ojo: está prohibido bañarse.. Dos datos:

-A mitad de mes, anunciarán el plan de actividades de verano: desde beach voley hasta clases de baile y shows.

-Para el 22 planean realizar Iluminate, show de fuegos artificiales para despedir el año al que van -estiman-unos 10 mil vecinos.

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2) El Gran Escenario. Así, con mayúsculas, en Olivos, es el Cine Teatro York. La sede fue inaugurada en esta casona en 1910 por la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos, que había empezado a impulsar actividades culturales unos seis años antes. Su primer nombre fue Cine Select. Cobijó recitales. Fiestas barriales. Y luego decayó. En 2000 la Municipalidad lo compró y lo puso en valor. Isabel Sarli, Fabio Zerpa, Jairo, Pimpinela, Los Tucu Tucu son algunas figuras populares que actuaron allí. Y el Teatro Colón tuvo una noche de gala (la trasmisión satelital de Erwartung y Hagith, óperas vanguardistas) en 2012. Para consultar su programación, ver la web del Municipio o sus redes sociales. No se vaya sin observar la marquesina del York, custodiada por faroles: es preciosa. En Alberdi 895.

En la plazoleta ubicada justo frente a su entrada hay un busto del cómico Juan Carlos Altavista, “Minguito”, quien fue vecino de la zona.

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3) De cuento. La primera piedra de la parroquia Jesús en el Huerto de los Olivos fue colocada en 1895. “El 6 de enero del 1897 -recuerdan allí- se inauguró la capilla, en terrenos donados por el administrador del ex Ferrocarril Buenos Aires-Rosario, Hernán Wineberg. Con el tiempo, se convertiría en la catedral del municipio y Jesús en el Huerto de los Olivos, en su patrono”. Esta sede de aires neogóticos (por eso, parece querer tocar el cielo) es de 1939. El frente, con dos torres, cubierto de enredaderas, la hace única. Cubrirla de vegetación fue idea del padre Jorge Garralda, ingeniero civil, quien llegó en 1967 y, en vez de revocar, eligió sembrar.
Vale la pena volver en otoño y primavera. Las hojas cambian de color con las estaciones del año. Y entre: guarda vitrales. En Salta 2620.

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4) Armenia. El Jachkar o cruz de piedra es un símbolo milenario de la fe y la identidad de los armenios. Esta pieza fue traída de, justamente, Armenia -país del Cáucaso sur, que limita con Turquía, Irán, Azerbaiján y Georgia- en el marco del centenario del genocidio de ese pueblo a manos turcas y emplazado el 10 de octubre del año pasado en Hipólito Yrigoyen y Bartolomé Cruz. “El Jachkar es un monumento monolítico tallado con ornamentos típicos armenios, realizado en las piedras ‘duf’ y basalto. (…) Desde el siglo V, tuvo distintos usos y por lo general se lo emplazaba en los valles montañosos y en cementerios”, explicaron entonces desde el municipio. La Unesco declaró al Jachkar Patrimonio de la Humanidad.

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5) Top y relajado.Nos gusta disfrutar. De la comida, del momento en que comemos, del lugar. Nos gusta lo simple y lo natural. Pero también nos gustan las mezclas de texturas, colores y sabores. Nos gusta lo clásico y nos gusta también lo nuevo. Nos gustan los detalles. Nos gusta el olor de la comida recién hecha. Nos gustan los caprichos. Nos gustan los momentos mínimos. Y sobre todo, nos gusta compartirlos”. Así dice el “manifiesto” de Naná, el restaurante que las hermanas Paula y Sofía Reynal abrieron en abril de 2012 en Hipólito Yrigoyen 499 – y que ya tiene un “hermano” en Libertador 3887, arco 9, pegado al Rosedal de Palermo-.

El chef es Hernán Gipponi -su restó HG, que estaba en Fierro Hotel, fue elegido entre los 50 mejores de Latinoamérica por la revista inglesa Restaurant- y la pastelera Johanna Romero.

De día, arranque con las croquetas de panceta, hongos y espinaca con alioli de limón ($82) o vaya directo al sándwich de pollo crispy (con chutney de tomates, salsa golf casera ahumada y ensalada fresca de rabanitos, a $140). De noche, crece la oferta de “tapeo” y la ternera braseada con gnochi de semóla, tomate y vegetales salteados ($250) se planta como uno de los platos imperdibles. El cheesecake de maracuyá ($80) y la limonada con jengibre ($50) alegran y refrescan siempre. El local de Vicente López, “industrial, chic y cálido”, como define Paula Reynal, abre de lunes a jueves de 8.30 a 00 y viernes y sábados hasta las 0.30. Más información en la página web y el Facebook del local. NR

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Fuente: Clarín

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