Las perlitas que se pierden en el bullicio de la peatonal Florida

La fachada barroca de la Galería Mitre; ventanales neogóticos; o la joya de la galería Güemes (1915), ícono art nouveau.

Escribe Judith Savloff

(CABA) Se impone alto y rígido. Hecho de piedra y de rectas, se ve apenas suavizado por el esbozo de una sonrisa y la alegoría que representa el voto obligatorio y secreto para los hombres, su gran legado.
Sin embargo, parece que el monumento al ex presidente Roque Sáenz Peña no puede dar una bienvenida del todo fiel a la peatonal Florida. Que esa mole no llegará a anticipar la vorágine y la mixtura que la caracterizan.

Es temprano y la arteria comercial porteña remolonea. Pronto abrirán los negocios y llegará la multitud: los oficinistas, los que pasean, los que mendigan, los “arbolitos”, algún punga y los turistas. Y entonces la postal típica estará completa.

Pero esta calma permite mirar mejor y redescubrir perlitas que en el bullicio se pierden. La fachada barroca, inspirada en el arte de los jesuitas, de la Galería Mitre y los ventanales neogóticos del ex palacio de la esquina de Florida y Corrientes.

O, renacida, una joya preciosa que logra imponerse a cualquier estímulo: la galería Güemes (1915), ícono art nouveau, rascacielos pionero.

art deco2

Quedan ésos y otros edificios. A veces, sólo fragmentos, detalles, que igual son capaces de maravillarnos. Y también quedan, como otras perlitas, historias.

Julio Cortázar escribió el cuento El otro cielo (publicado en Todos los fuegos el fuego, 1966) situado, en parte, en la Galería Güemes. “Era la caverna del tesoro en que deliciosamente se mezclaban la entrevisión del pecado y las pastillas de menta”.

Algo parecido a lo que el autor de Rayuela describió podría decirse del café “de las 4 p”, llamado así porque era frecuentado por poetas, periodistas, políticos y proxenetas, que funcionó en lo que había sido aquel palacio neogótico.

El homenaje a Sáenz Peña no da cuenta del vértigo y la diversidad. Quizá sea imposible hacerlo y quizá sí sugiera la convivencia de la Biblia y el calefón, de lo sublime y la bajeza. Seguro, por sus rasgos art decó y su alusión a la reforma electoral de 1912, puede verse como el anuncio de un paso hacia la modernidad, otro de los rasgos que Florida conserva.

Posible recorrido:
1) Art decó para Sáenz Peña. A este homenaje al ex presidente Roque Sáenz Peña (1851-1914) lo esculpió, en París, el argentino José Fioravanti (1896-1977), el mismo que creó el Monumento a la Bandera en Rosario -junto con Alfredo Bigatti- y el Lobo Marino de la rambla de Mar del Plata. Fue inaugurado en 1936. Por sus formas geometrizadas, se lo considera estilo art decó. La figura masculina lleva una espada y una tabla de la ley, que alude al voto obligatorio y secreto para los hombres que se sancionó en 1912, durante su gobierno. La mujer con el chico haría referencia a América como faro y refugio. Está en Florida y Roque Sáenz Peña.

roque saen peña

2) Joya art nouveau. La Galería Güemes fue encargada por los salteños Emilio San Miguel y David Ovejero al italiano Francisco Gianotti e inaugurada en 1915 (un año después el mismo arquitecto trabajaría en la Confitería del Molino). Conecta Florida al 165 con San Martín y tiene 87 metros de alto que la hicieron rascacielos pionero en la Ciudad. No sólo la visitó Cortázar y escribió sobre ella en “El otro cielo”. En el subsuelo cantó Gardel en 1917 y entre 1929-31, en el piso 6°, vivió Antoine Saint Exupéry, autor de “El Principito”. Los negocios tienen que esmerarse en las vidrieras: hay competencia. La cúpula encandila, igual que los vitraux y los farolitos. La decoración de los ascensores también vale la pena. Y, con atención, se pueden ver, asomando en las paredes, relieves que representan ejemplares que podrían integrar un magnífico bestiario.

Luego de tres décadas, en 2010, reabrió el mirador de la Güemes. Las panorámicas son casi tan lindas como la galería. Se puede visitar de lunes a viernes de 9.20 a 12 y de 15 a 17.40. Más información en su página web.

galeria guemes3

3) El modernismo de las grandes tiendas top. El santiagueño Lorenzo Chaves y el inglés Alfredo Gath trabajaban en la Casa Burgos en 1873, cuando decidieron fundar su local, Gath y Chaves, con ropa para caballeros importada de Londres, en San Martín al 500. La firma creció, se diversificó y le encargaron al arquitecto francés Francisque Fleury Tronquoy una nueva sede, que abrió en 1914 en Florida y Perón. Se fusionó con Harrod’s. Abrió un anexo, justo enfrente. Y en los 70 cerró. El edificio de 7 pisos estaba recubierto con mármol de Carrara y un gran hall central sobre el que colgaba una araña lujosa. Hoy deslumbra el techo de la entrada, de aires art nouveau. En la cúpula, aún se lee el nombre de la antigua tienda.

gath

4) Barroco y jesuita. No sólo el mascarón tiene aires indígenas. También hay figuras, con faldas que parecen hechas de hojas, dispuestas como para bailar una danza ritual. La parte superior de la fachada de Florida 343 desborda de elementos decorativos y fantasía. Es neocolonial, dicen expertos. Un barroco con inspiración en el arte que los aborígenes creaban desde el siglo XVI en las misiones jesuíticas, apuntan otros. El edificio fue diseñado por Estanislao Pirovano para el diario La Nación en 1930. Algunos recordarán que era común pararse allí a leer las noticias que se difundían en pizarras. También vale la pena mirar con atención la herrería. Hoy alberga una mega tienda.

debode

5) Misterio neogótico. El palacio conocido como Alvear Elortondo fue construido entre 1870 -80, por lo que se considera uno de los primeros de la Ciudad. No se sabe con certeza quién lo hizo. Algunos especialistas señalan al ingeniero y arquitecto inglés Edward Taylor, aunque otros consideran que no encaja con su estilo, más austero. Y además Taylor murió en la década de 1860. Lo seguro es que fue, es, uno de los pocos ejemplos de arquitectura neogótica en Capital, junto con la sede de la Facultad de Ingeniería de la UBA (en Las Heras al 2200), considerada “la catedral” local de esa corriente.

El palacio estuvo en el terreno que Juan de Garay le cedió a la única expedicionaria que llegó con él, Ana Díaz. Hubo una pulpería. Y los Alvear Elortondo vendieron el lugar a fines del siglo XIX. En la década de 1920 funcionó el café “de las cuatro p” (políticos, periodistas, poetas y proxenetas), que habría sido uno de los primeros donde se difundió el jazz entre los porteños. Luego abrieron otros negocios. El lugar fue reformado. Y ahora, desde afuera, se ven las ventanas. Huellas. Dato: al atardecer, con las luces interiores ya encendidas, se pueden pispear las paredes de un par de pisos arriba, decoradas. Está en Florida y Corrientes. NR

neogotico
Fuente: Clarín