Buenos Aires, 21/08/2017, edición Nº 2080

Reato desafía a 678 y demuele a Anguita

El periodista, que acaba de publicar el libro Disposición Final, en el que entrevista al genocida Joge Rafael Videla, se sintió atacado por el pasquín televisivo 678 y desafió a su producción a que lo invite a debatir en el programa. También arremetió contra Eduardo Anguita, a quien acusó de estar siempre alineado con el “oficialismo de turno”. Su columna en el Blog de Perfil.com: En el programa 6.7.8 continúan...

El periodista, que acaba de publicar el libro Disposición Final, en el que entrevista al genocida Joge Rafael Videla, se sintió atacado por el pasquín televisivo 678 y desafió a su producción a que lo invite a debatir en el programa. También arremetió contra Eduardo Anguita, a quien acusó de estar siempre alineado con el “oficialismo de turno”.

Su columna en el Blog de Perfil.com:

En el programa 6.7.8 continúan hablando, mal, de mí y de mi libro Disposición Final al tiempo que eluden convenientemente mi oferta de participar en ese programa como invitado con un mínimo de condiciones que permitan un debate civilizado. Un modo de gastar dinero público sin arriesgarse a un intercambio de ideas, una actitud que oculta el evidente temor de no estar a la altura de las exigencias de sus mandantes.

Anoche fue el turno de Eduardo Anguita, un simpático y ubicuo colega que desde los noventa se las ingenia para figurar en el presupuesto público, con Menem (glosando sus discursos para la agencia Telam), De la Rúa (todo un “sushi” de recordado paso en el Canal 7), Néstor Kirchner y ahora, Cristina Kirchner. Siempre con la dedicación y el fervor del converso.

Anguita expresa bien ese mito de la superioridad moral que caracteriza a la izquierda autoritaria: considera que está unos cuantos centímetros por encima del resto de los mortales y que eso le da derecho a impugnar con argumentos de todo tipo a los periodistas que no estamos alineados con el oficialismo de turno.

Esos argumentos incluyen un uso selectivo del pasado de la víctima del momento al que transforma en un sujeto sospechoso, ligado a oscuros intereses. Como si Anguita no tuviera un pasado del cual hacerse cargo. Ya que insiste, y sólo porque él ha elegido este registro, veamos ese pasado. El 6 de septiembre de 1973, en plena democracia constitucional, gobierno peronista y a pocos días de que el general Juan Perón ganara las elecciones presidenciales de una manera casi plebiscitaria, Anguita formó parte de un grupo del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) que intentó copar el Comando de Sanidad del Ejército, en esta ciudad. Todo esto es información pública que aparece en su libro La Voluntad, tomo 3, páginas 269 a 277. El ataque terminó con Anguita y sus camaradas presos y condenados a prisión (¿considerará que fue un preso político?), donde fue muerto un militar, el teniente coronel Raúl Duarte Ardoy (casado, dos hijos).

En esos momentos, el jefe del Ejército, general Jorge Carcagno, presentaba en Caracas en la Conferencia de Ejércitos Americanos una teoría novedosa: las Fuerzas Armadas del continente debían dejar de ser “guardias pretorianas” de un orden impuesto por el imperialismo norteamericano y las oligarquías locales. Y que la verdadera solución no pasaba por reprimir a los revolucionarios sino por terminar con las injusticias sociales y con la pobreza. Carcagno siempre recordaría que al día siguiente del ataque, a la hora del desayuno, los generales de otros países lo cargaban destacando el “favor” que le había hecho a su tesis la guerrilla del ERP.

El ERP no tenía ningún aprecio por la democracia ni por el peronismo y consideraba que debía seguir en la lucha armada para lograr la revolución socialista y la liberación nacional. Tampoco le interesaban los derechos humanos ni las libertades individuales.

Claro que el tiempo pasó y Anguita combina ahora el mito de la superioridad moral con una notable habilidad para adecuarse a los nuevos tiempos políticos.Un oportunismo que en estos momentos lo ubica como una de las espadas mediáticas del cristinismo. Ya estoy ansioso por ver con qué nuevos ropajes se vestirá cuando deba abrazar nuevas lealtades.

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