Buenos Aires, 24/05/2017

Reabren el Zoo porteño con mejoras e importantes cambios

Convertido en un ecoparque, será reabierto mañana; mejoras edilicias y uso de tecnología, entre las novedades.

(CABA) El Zoológico de Buenos Aires reabrirá mañana con importantes cambios: los chicos ya no podrán darle de comer a los animales y algunos recintos, como el de los monos, estarán cerrados al público. De esta manera el Gobierno porteño comenzó a implementar las primeras medidas para reconvertir a este tradicional paseo –concebido a fines del 1800 con un concepto victoriano de exhibición de las especies– en un ecoparque. Paulatinamente, los animales serán enviados a santuarios, donde puedan vivir mejor; otros incluso podrían ser liberados. Sin embargo, algunos permanecerán en el zoo, quizá hasta su muerte, como Raúl, un camello muy viejito, y Sandra, la famosa orangutana.

Otro cambio radical será la cantidad de personas que podrán ingresar: solo 2.000 por día, de miércoles a domingos, entre las 10 y las 17 (a las 16 se cierran las boleterías). “Queremos que se genere un cambio de paradigma, que las visitas sean conscientes. Por eso nos parece importante limitar el ingreso de personas. Por otro lado, queremos que los vecinos puedan presenciar esta etapa embrionaria de lo que es este proyecto de ecoparque”, dijo ayer ante los medios Andy Freire, ministro de Modernización y a cargo de la administración y la puesta en valor del predio, con 18 hectáreas y 1.500 animales.

Ayer cientos de personas trabajaban a contrarreloj para avanzar con los trabajos. Entre otras obras, se hidrolavaron algunos de los edificios que tienen protección patrimonial, como el que aloja a los camellos, de estilo mesopotámico: “Originalmente fue pensado para los hipopótamos. Junto con el de los elefantes y la jaula de los cóndores, es uno de los recintos más bellos”, dijo Leontina Etchelecu, doctora en historia, a cargo del patrimonio del ministerio de Modernización. Bajo su supervisión se restauraron las fuentes: una de ellas, la Anchorena, donada en 1911 por el entonces intendente de la Ciudad, Joaquín de Anchorena. La fuente es en rigor el soporte de Diana la Cazadora, y el agua discurre por la boca de un león, con lengua de bronce. No funcionaba y se recibió en “malísimas condiciones”, aseguró Etchelecu.

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Quizá uno de los cambios más fuertes para los habitué al Zoo es que ya no se podrá alimentar a los animales. Antes los chicos les daban unas galletitas que se vendían en el lugar: a través de un “puente” se arrojaban a las llamas, camellos, monos y chivos, entre otros. A los “bambis” (ciervos axis) incluso se les daba de comer en la boca. “Si los chicos les dan de comer es imposible controlar la alimentación. Además queremos evitar los patrones culturales de domesticación”, contó ayer uno de los cuidadores del Zoo. Los empleados de la ex concesionaria trabajan para el Gobierno porteño. El 23 de junio el Ejecutivo rescindió el contrato a la empresa Jardín Zoológico de Buenos Aires y anunció la transformación del paseo en un ecoparque de educación ambiental.

Además de la lavada de cara de algunas de sus construcciones, se mejoraron los pisos del recinto de las jirafas, que tenían riesgo de tropezar y caer. Ayer, una retroexcavadora trabajaba para dejar listo el sitio; también mejoraban el recinto de los rinocerontes, que estaba en estado casi de abandono.

Además se podaron árboles y se arreglaron los caminos, que tenían muchas ondulaciones y quiebres debido a las raíces. “Podamos un eucalipto de 90 años que estaba abandonado. Hacía años que no se intervenía en las copas de los árboles. Fue una tarea compleja, como casi todo el trabajo que hicimos. Para no invadir con ruidos a los animales tuvimos que trabajar casi sin maquinaria, se hicieron tareas quirúrgicas”, explicó Ezequiel Capelli, del ministerio de Ambiente y Espacio Público porteño. En el paseo hay 1.000 árboles y 5.000 m2 de caminos; el 30% de la superficie del zoológico son espacios verdes. Además se destaparon 60 sumideros y se limpiaron los lagos, explicó.

Algunas ONG tendrán stands con información; Gino Tubaro mostrará prótesis realizadas en impresión 3D y habrá también juegos de realidad virtual.

Mañana, cuando el Zoo reabra, los vecinos tendrán que formar fila frente a la boletería. Freire aseguró que entrarán 2.000 ($ 190 y gratis los chicos menores de 12 años, jubilados y discapacitados) y que trabajarán junto a veedores para controlar que no se les dé comida a los animales. Además, buscarán que la gente modere los ruidos, para generar un paseo más contemplativo. NR

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