Buenos Aires, 23/09/2017, edición Nº 1774

Qué hacer ante el dolor cervical

Cómo prevenirlo, cómo aliviarlo y todo lo que tenés que saber sobre el dolor de cuello.

(CABA) Es súper molesto cuando querés girar la cabeza y parece que tuvieras una piedra que te hace peso en el cuello. Paciencia. Por acá te entendemos. Puede que seas del equipo de las que trabajamos varias horas frente a la computadora o de las que se pasan el día diseñando, cocinando o investigando en un laboratorio con un microscopio. Tu mirada y tu cabeza, fijas en una misma posición durante horas, y así van pasando las semanas, los meses, hasta que un día te aparece un repentino dolor que no tenés idea de dónde sale, pero lo que sí sabes es que en un instante te cambian el humor y todos los planes que tenías. No importa lo que hagas o a lo que te dediques, las cervicales, en nuestra época, suelen ser un blanco fácil. Y es difícil que no conozcas la sensación, considerando que el 70% de las personas adultas sufren dolor cervical en algún momento de sus vidas. Llamalo como quieras: dolor de cuello, tortícolis, contractura en la nuca o, en términos médicos, cervicalgia, esa molestia -con distintos nombres según quién la diagnostique- que de pronto se instala y te recuerda -sí, de un modo poco amigable- que allí están, ellas son: las benditas (¡a veces malditas!) cervicales.

¿Por qué se contracturan?
Las cervicales son un conjunto de siete vértebras, ubicadas en la parte alta del esqueleto, la zona de la nuca, que forman la columna cervical. Ellas tienen la función de contener y proteger la delicada médula espinal, sostener nuestra cabeza y dar movilidad al cuello.

Su maravillosa ingeniería permite a la parte superior de la columna desarrollar una flexibilidad enorme, pero también la vuelve más vulnerable a heridas, tensiones y dolores. Las causas de la aparición de los dolores pueden ser de lo más variadas: malas posturas, algún movimiento brusco del cuello, levantar cosas pesadas, hacer una torsión inadecuada de las vértebras cervicales o alguna contractura muscular de otra parte del cuerpo que se extiende a esa zona. También hay algunas enfermedades que la tienen entre sus síntomas, como la artritis, la artrosis y la obesidad, e incluso -aunque te cueste creerlo- pueden dolerte si tenés la dentadura en mal estado. Y quizá lo más común es que los dolores aparezcan frente a las tensiones y el estrés emocional al que nos sometemos en nuestra realidad cotidiana.

¿Qué hacer ante el dolor?
El dolor se ubica en el cuello, a veces limitando su movimiento y otras irradiándose hacia los hombros o a la parte superior de la espalda. Para prevenirlo, es importante prestar atención a tus hábitos y modificarlos.

posicion cervical

 

¿Qué cosas hay que evitar?
– Dormir en una posición incómoda o con una almohada muy alta o muy baja, que distiende los músculos del cuello.
– Cargar con un bolso pesado o cartera (o incluso un bebé) en un solo lado del cuerpo.
– Deportes bruscos y que requieran girar la cabeza con movimientos rápidos.
– Adoptar malas posturas frente al monitor de la computadora.
– El estrés y las preocupaciones constantes.
– Posiciones antinaturales, como sostener el teléfono entre el cuello y el hombro.

Pero si ya te atacó, lo que tenés que hacer es tratarlo hasta que desaparezca. El tratamiento indicado consiste en aliviar los síntomas, con hielo, calor, medicamentos antiinflamatorios, analgésicos y a veces un collarín para inmovilizar la zona. Siempre es importante no automedicarse y consultar al especialista para descartar cualquier tipo de enfermedad. Como regla general, es aconsejable buscar atención médica si los síntomas no disminuyen después de una semana. Y es importante consultar de inmediato si la rigidez de nuca se empieza a notar después de sufrir un golpe fuerte o si el dolor está acompañado por otros síntomas preocupantes, como vértigo, mareos, hormigueo en los brazos o fiebre alta.

Atención a tus emociones
Quizás un simple dolor de cuello también te esté dando señales de que hay ciertos patrones energéticos que revisar. Según algunos autores, las cervicales corresponden al centro laríngeo que tiene una función de “peaje” de las energías de los centros altos con los del resto del cuerpo. Por el cuello pasan las energías que suben desde los centros bajos del cuerpo hacia la cabeza (instintos, emoción y afectos) y las que bajan de la cabeza hacia el cuerpo (intelecto, mente superior y espíritu). A nivel psicológico, este centro regula el intelecto, el control y la técnica. Cuando el fluir de la energía está obstruido por una coraza energética -como puede ser el dolor de cuello-, esto evita que la cabeza se entere de lo que siente el cuerpo y que el cuerpo sepa de nuestra conexión con el espíritu. Las corazas más comunes son el nudo en la garganta para frenar el llanto y los dolores en el cuello que aparecen por soportar algo que no nos gusta. Quizás esa sea la pregunta que tengas que hacerte: “¿qué estoy soportando que me duele?” o “¿qué cosas estoy controlando de más?”. Si disolvemos las rigideces del cuello, la garganta, la boca y la cara, podremos disminuir el exceso de control que nos tensa y permitir que esa zona pueda cumplir su función natural, que es ordenar la conducta, transmitir la cultura y desarrollar la comunicación.

Para sentirte mejor
– Trabajá la tonicidad de los músculos de los brazos y la espalda, para que tu cuello se libere.
– Mové la cara, reíte mucho, no aprietes los dientes y, como dice Gurdieff, “liberate de la máscara” para relajar los músculos del cuello, que son los que también movilizan nuestro rostro.
– Tomá conciencia de que tanto la cabeza como la cola (la zona del sacro, donde termina la espalda) son partes de la columna vertebral y tienen que estar alineadas, manteniendo la curvatura natural. Esto no significa que estés como un robot, sino que la cabeza debe estar en la misma línea de la columna vertebral (para comprobarlo, trazá un eje imaginario que una la cabeza, las costillas y la pelvis).

Relax exprés: automasaje con pelotita

¿No hay tiempo para ir a un masajista? Una pelotita de tenis te hace de “manos mágicas”…

masaje cervical

1. Acostate en el piso de costado o también podés hacerlo cuando estés en tu cama (siempre y cuando tengas un colchón de los firmes).
2. Colocá la pelotita en los lugares donde sientas tensión y aflojá el peso de tu cuerpo sobre ella.
3. Masajeá la base de la cabeza, lentamente, evitando hacer mucha presión sobre las vértebras cervicales. Hacelo durante unos 5 minutos.
4. Deslizá la pelotita por la zona cercana a los omóplatos. Luego, girá el cuerpo hacia cada uno de tus costados y conducila al camino que hay entre los hombros y las orejas.

Fuente: Ohlala

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