Buenos Aires, 18/10/2017, edición Nº 1799

Prueban que la música causa tanto placer como el sexo y el dinero

Analizaron con tomografías y resonadores magnéticos la actividad cerebral al escuchar música placentera.  Hallaron que activa las zonas del sistema de recompensa y libera dopaminas, la hormona de la felicidad. (CABA) Cuando una persona escucha una música placentera, buena parte de su cerebro se inunda con dopamina, un neurotransmisor, y la hormona involucrada en la sensación de recompensa al comer, la misma que se libera tras consumir ciertas drogas (la...

Analizaron con tomografías y resonadores magnéticos la actividad cerebral al escuchar música placentera.  Hallaron que activa las zonas del sistema de recompensa y libera dopaminas, la hormona de la felicidad.

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(CABA) Cuando una persona escucha una música placentera, buena parte de su cerebro se inunda con dopamina, un neurotransmisor, y la hormona involucrada en la sensación de recompensa al comer, la misma que se libera tras consumir ciertas drogas (la cocaína, el éxtasis y las anfetaminas).
Robert Zatorre, neurofisiólogo argentino, radicado hace más de 30 años en Canadá como investigador en el Instituto Neurológico de Montreal, de la Universidad McGill, es uno de los pocos expertos del mundo dedicado al estudio de la interacción entre la música y el cerebro. Llegó a la Argentina para exponer detalles de su investigación y participó del simposio “Cerebro, mente y emociones“, organizado por el Instituto de Neurología Cognitiva (INECO).
Descubrimos que cuando una persona siente escalofríos al escuchar una melodía, las zonas del cerebro que se excitan son parecidas a las que están asociadas a lo que los psicólogos llaman el sistema de recompensa. O sea, ciertos núcleos que también están involucrados en otras sensaciones apacibles, como ser la comida y el sexo“, contó el experto en su presentación.

La música placentera activa los núcleos de placer del sistema de recompensa distribuidos en el tronco cerebral, ganglios basales, corteza frontal mediana, corteza orbito frontal, entre otras zonas. En todos los casos se creía que dicho sistema sólo respondía a estímulos biológicos, como la comida (placer por alimentarse y seguir con vida) el del dinero (placer por lo que se puede conseguir con él) y el sexo (placer físico, y la satisfacción de la necesidad de procreación). Sin embargo, la música difiere con el patrón que sujeta al estímulo con la supervivencia biológica, por eso Zatorre asegura que posee un valor intrínseco.
Al activarse las zonas del placer, se libera la dopamina, una de las llamadas hormonas de la felicidad. La mayoría de sus funciones se desarrollan en el cerebro, manejando actividades importantes como el comportamiento, cognición, actividad motora, motivaciones, regulación de la producción de leche, el sueño, el humor, aspectos de la atención, y el aprendizaje. Incluso el consumo de drogas como la cocaína, el opio, la heroína, el tabaco y el alcohol también libera esta hormona.

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