Buenos Aires, 22/09/2017, edición Nº 1773

Practican hóckey sobre patines en Palermo y los vecinos se quejan

Dicen que tienen derecho porque hace una década que juegan en ese lugar.

Son deportistas de ambos sexos que pueblan los fines de semana el palermitano Parque Tres de Febrero, para practicar un deporte “extremo, tan extremo que ya rompieron las caderas de tres ancianos”, aseguran los vecinos, que por temor a represalias, ya se verá por qué, prefieren evitar ser nombrados. Juegan al hóckey sobre patines, sobre esos patines de plástico, coloridos y caros. Y se ubican en las calles internas del parque, yendo para los bordes de la esquina entre las avenidas Sarmiento y Libertador, pero arremeten hasta los extremos mismos del lago, allí donde la gente camina, trota, anda en bici. “Hace 20 años que venimos acá, flaco, y nosotros tenemos nuestros derechos”, le dijeron a Tiempo los muchachos en grupo. “¿Un nombre de alguno de ustedes para citarlos?”, pregunta el cronista. “José Ciu-da-da-no”, contestó uno, el más grandote, calvo y delgado.
“Yo no sé si son agresivos los muchachos”, dice el hombre que atiende el kiosco ambulante de espaldas al lago, desde hace décadas, frente a la cancha improvisada que arman los jóvenes, con dos arquitos de juguete, “lo que sí es que hay partidos que se ponen calientes, y por ahí sí, llega la pelotita hasta acá y no paran la jugada, y ahí no miden si pasan criaturas o gente mayor”.
El Parque es usado por miles de personas durante los fines de semana. Es un jolgorio de esparcimiento, de deporte amateur, “y debiera ser de convivencia, sobre todas las cosas”, dice Lucio Ariel Cayena, jubilado ahora, pero de vasta experiencia en el trabajo editorial. “Yo vengo los sábados, a caminar o andar en bici, siempre por la mañana. Una vez me crucé con ellos, y les dije que por qué no se corrían un poco. Una semana después, andando en bici de pronto me derriban estos chicos, con sus palos y sus patines. Dicen que fue sin querer. Casi me rompo el fémur”, explica. “Todos los sábados y domingos hay gente que sale golpeada, o asustada ante una jugada de estos brutos. Yo la tomo como algo personal, y hablé con los cuidadores, que me dicen que no pueden hacer nada. Me dieron el nombre de quien está encargado del parque, un tal Alejandro Pérez. Me dice que no puede hacer nada”, añade.
Tiempo habló con Pérez, que  prometió enviar al diario su impresión de lo que ocurre. Hasta el momento no lo ha hecho.
Los que alquilan las bicicletas-colectivos, esas que vienen con bancos y muchos pedales, pero también los que alquilan patines y las parrillitas ambulantes no quieren decir mucho al respecto, menos que se los nombren. Unos coinciden con la denuncia de Cayena, otros dicen no saber nada. “No tengo nada en contra de este parque, ni en contra de las autoridades. Es más, me encanta cómo están las cosas, con baños químicos, con arreglos, todo bien cuidado. Pero si hay un problema, al menos que se trate de encontrar una solución”, dice Cayena.
“Nooo, pero si son todos muchachos de bien. Acá hay médicos, odontólogos, empresarios. Yo vengo acá hace 40 años y te puedo asegurar que son pibes bárbaros, nunca una pelea”, dice otro hombre, ya mayor, con gorro y bermudas rotas, que tampoco quiere decir su nombre.
Los jóvenes del hóckey se renuevan durante todo el fin de semana, desde bien temprano, ambos días, hasta el anochecer. Hay partidos de diez contra diez, de 15 contra 15, y afuera otros tantos que aguardan su turno.
“Yo sé que en un momento hubo unos chicos que jugaban a la bici polo, es decir al polo, pero en bicicleta”, dice Mariano Jara, otro vecino que practica running todas las mañanas en el parque. “Y a esos chicos, les ofrecieron un predio para evitar los roces bruscos con los que caminan o pasean, y los muchachos lo entendieron, y ahora juegan tranquilos, contentos y en paz”, cierra Jara.  «

 

Una práctica rápida y
muy violenta

 

No juegan al hóckey tradicional, sino a una versión mixta. Se trata del hóckey sobre patines en línea o hóckey línea, al estilo norteamericano o canadiense: por eso no usan los patines de cuatro ruedas paralelas sino en línea y por eso alcanzan velocidades muy altas. El palo tampoco es del hóckey sobre patines, sino el que usan esos osos grandotes y barbudos del Norte del Continente: un stick o palo con el que golpean no el disco, sino una pelotita roja y dura. Dicen que esto nació de la idea de seguir practicando el hóckey hielo en verano, debido a la falta de hielo en otras estaciones, así que guarda algunas similitudes con ese deporte. Se caracteriza por ser mucho más rápido que el hóckey tradicional, de mucho contacto entre los jugadores, y ese palo, que, según las quejas, favorece los accidentes de los paseantes. Ellos no cuentan con la protección de los jugadores.

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